Punto y Seguido

No son ocurrencias

En México la Constitución prohíbe la reelección del presidente.

La no reelección ha sido lema de todos los gobiernos desde hace más de cien años, y todos lo han cumplido.

López Obrador va para cuatro meses en el cargo y firma un compromiso, solemne y estrambótico a un tiempo, en el que compromete no reelegirse.

“…mis adversarios políticos, los conservadores que creen que soy como ellos, porque su verdadera doctrina es la hipocresía, vociferan que la propuesta de someterme a la revocación del mandato encubre la intención de reelegirme en el 2024. Sepan pues, con todo respeto, señores conservadores, que abandonaré la presidencia en el día preciso que marca la máxima ley, la ley suprema; y que en el 2024 me iré allá, por Palenque. Pero también les digo, con sinceridad y en buena lid, que deseo de todo corazón y con toda mi alma que lo logrado para entonces sea muy difícil de revertir, y que el país no retroceda a los inmundos y tristes tiempos en que dominaba la mafia del poder”.

Un presidente enojado, impaciente, regañón, surreal.

Con un “protesté cumplir y hacer cumplir la Constitución…, etc., etc.” hubiese sido más que suficiente, pero… Aquí hay tema para la psicología del poder.

El fin del neoliberalismo

“Declaramos formalmente, desde Palacio Nacional, el fin de la política neoliberal, aparejada esa política neoliberal con su política económica de pillaje, antipopular y entreguista, quedan abolidas las dos cosas, el modelo neoliberal y su política de pillaje, antipopular y entreguista”.

(Cuatro días después el presidente ejecutivo de Televisa, Bernardo Gómez, organizó una cena en su casa. Llevó a Jared Kushner, yerno de Donal Trump, con el presidente López Obrador y el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard “Se discutió agenda diplomática de alto nivel y se evaluó la relación bilateral” en casa privada.)

Dice Enrique Quintana

La declaración de AMLO se monta, ciertamente, en un cambio de paradigma que ha corrido por todo el mundo, tal vez solo equiparable a lo que sucedió en la década de los 80 del siglo pasado, cuando vivimos la ‘revolución liberal’ que propició una oleada de apertura y liberalización en todo el orbe y que dio el tiro de gracia a las economías centralmente planificadas y al sistema político soviético.

La visión de que el libre mercado conducirá a la optimización del bienestar y al uso más eficiente de los recursos hay que archivarla en la historia de las teorías económicas.

El tema de fondo es la muy vieja consideración de que los mercados necesitan ser regulados y gobernados por el Estado. Ni se puede perder el efecto benéfico de la ley de la oferta y la demanda, pero tampoco permitir que ésta se convierta en la ley fundamental. Es un tema de civilización.

Sin embargo, si nos atenemos a algunas de las grandes medidas de política pública que se tomaron a partir de 1994, hay varias que van a resistir la declaratoria de López Obrador.

Tres ejemplos:

1.- La disciplina de las finanzas públicas como objetivo. Uno de los cambios fundamentales de la política económica a partir de 1988 respecto a los 70 y la primera parte de los 80, fue contener y reducir al mínimo el déficit público, objetivo que comparte explícitamente el gobierno de AMLO.

2.- La autonomía del Banco de México. Uno de los instrumentos usados para la indisciplina fiscal fue el financiamiento del Banco Central al gobierno. A partir de abril de 1994, el Banco de México obtuvo autonomía constitucional que impide que el gobierno le ordene la política monetaria a seguir. Objetivo que explícitamente ha sido asumido por el gobierno de López Obrador.

3.- La vigencia de los tratados de libre comercio que abrieron el mercado a la competencia internacional. El gobierno de AMLO respaldó la renegociación del TLCAN y cooperó con el equipo del gobierno anterior para llegar a un acuerdo con el gobierno de Trump, con el nuevo T-MEC. Así que, también en materia comercial, nos quedaremos con lo que el ‘neoliberalismo’ estableció.

Tal vez es demasiado pronto, pero sin una idea más clara, tal vez tengamos políticas públicas construidas de retazos y no una visión integradora. Otra historia de la humanidad es la historia de la lucha entre ideas y ocurrencias.

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