Fragilidad y riesgo
Nos vuelven a mostrar dos de nuestras debilidades como país: tener un socio comercial mayoritario y carecer de un mercado interno fuerte que aminore los efectos de los vaivenes internacionales.
Horas antes había júbilo, pues el proceso de la aprobación del T-MEC por parte del poder legislativo canadiense y mexicano iba viento en popa, solo había algunos nubarrones del lado estadounidense. Pero el optimismo se convirtió en profunda preocupación, esto tras conocerse que Trump propuso aumentar gradualmente los aranceles a las exportaciones mexicanas hacia su país, pese al consejo de algunos de sus asesores.
La noticia no podía haberse dado a en peor momento. De enero a marzo del 2019, México creció a menor ritmo que en el mismo periodo del 2018, todo apunta a que de abril a junio del 2019 se crecerá al 1%, hay un aumento en los porcentajes del desempleo. Todos ellos datos críticos en una nación como la nuestra. Especialistas sostienen que técnicamente estamos en una recesión económica.
En este contexto, un aumento de aranceles a las exportaciones, incrementa la fragilidad económica de nuestro país y multiplica los riesgos en la economía queretana. De los 450 mil millones de dólares que México vendió al mundo en el 2018, el 80 % lo hizo con EUA. Las 3 mercancías que sufrirían un mayor embate son: vehículos, computadoras y equipos digitales y tractores. Para el caso de Querétaro más de la mitad de sus exportaciones se dan en estos rubros, y gran parte de estos productos tienen como destino EUA. Esto significa que miles de empleos podrán verse seriamente comprometidos.
Esta realidad nos vuelve a mostrar dos de nuestras debilidades como país: tener un socio comercial mayoritario y carecer de un mercado interno fuerte que aminore los efectos de los vaivenes internacionales. Problemas que no datan de dos o tres sexenios, sino que han sido la tónica de nuestra nación a lo largo de su historia. Y he ahí lo grave. Ningún proyecto de país le ha dado mayor importancia a estas fragilidades estructurales.
La respuesta natural de México sería poner aranceles a las importaciones de EUA, dando paso a una guerra comercial, situación sostenible en el corto plazo, pero que en el largo encarecería muchos productos, generaría que cuantiosa inversión extranjera abandonara el país y quizás nos llevaría a una crisis como la del 2009.
Por otro lado, es verdad, que esta presión a las exportaciones mexicanas se da en un contexto electoral estadounidense. Trump quiere presentarse como el presidente que protege a su país de los inmigrantes que, desde su discurso, quitan empleos a los estadounidenses y amenazan su seguridad interna. No ha podido obtener recursos para construir su muro, ahora le apuesta a las presiones comerciales, para que México detenga el flujo de migrantes centroamericanos y caribeños. Estamos ante un presidente acostumbrado a negociar presionando, y está última jugada nos pone la bota en el cuello.
A nadie le conviene una guerra comercial, solo queda esperar que los negociadores mexicanos y norteamericanos logren acuerdos y que puedan controlar la irracionalidad económica de Trump. Los ingresos de millones de familias en EUA y México están en riesgo. En esta batalla, la peor parte la recibiría nuestro país. Y sin duda, uno de los estados más afectados sería Querétaro, generando una crisis social aun difícil de calcular y sobre todo, de contener.
@_Azul



