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Salud de quinta

“En tres años tendremos…un servicio de salud igual que el de los países nórdicos”

Andrés Manuel

Cuando estas líneas sean publicadas, seguramente será un acontecimiento casi olvidado. Así es el ciclo de las noticias virales: estremecen, indignan y terminan siendo un lejano recuerdo. Me refiero, a las imágenes e información que dieron cuenta de la precariedad que se vive en el hospital del ISSSTE de la ciudad de Querétaro.

Esta situación, fue una foto que ejemplifica el drama de la salud pública en Querétaro y en México: carencias en infraestructura y personal. Un problema, que hunde sus raíces desde hace décadas y al cual se le ha permitido crecer. Esta fragilidad, ahora se magnifica por las políticas públicas implementadas desde hace 6 meses por el gobierno federal. Enarbolando las banderas de la lucha contra la corrupción y de la austeridad, se ha entorpecido la distribución de recursos, de medicamentos, se ha despedido personal y se han sobrecargado los recursos en salud. En otras palabras, estamos ante una situación estructural agravada por las pésimas decisiones del momento.

Las dos instituciones con más derechohabientes enfrentan severos problemas económicos. La carta de renuncia de Germán Martínez, dejó al descubierto la precariedad del IMSS, la insensibilidad de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda, en definitiva, mostró que entre las prioridades de la 4T no está la salud. Si volteamos al ISSSTE la situación no es mejor, debe 20 mil millones de pesos a diversos proveedores y servicios que tiene subrogados. Hay quienes sostienen que tan solo esta institución tiene un déficit de 2000 médicos.

El ahora secretario de salud federal, antes de tomar posesión insistía que el presupuesto en salud debería de ser del 6 por ciento del PIB, casi el doble de lo que se le destinó en el 2018. Sin embargo, lejos de aumentar los recursos para estas instituciones, el nuevo gobierno les exige férreos recortes, retrasa licitaciones para medicamentos, les aplaza la liberación de recursos, aplica una austeridad mal sana que termina dañando a los enfermos y sus familias. De seguir estas políticas fallidas, no sería de sorprender que en el 2021 enfrentémos una crisis mayor de los servicios de salud, mostrando la falsedad de la promesa presidencial de tener en 3 años un sistema sanitario de país desarrollado.

Con estos desabastos y carencias, al dolor de la enfermedad, se suma la angustia de los pacientes por no ser atendidos, por falta de medicinas tan necesarias o por recibir una atención sin dignidad y decoro. Quienes más lo padecen, como suele suceder, son los grupos menos privilegiados, pues quienes pueden recurren a la atención privada. Así que ese lema de “primero los pobres” es una falacia al menos en términos de salud.

Una de las enseñanzas que nos deja este drama, es que no existen soluciones fáciles, y quien así lo piense vive desconectado de la realidad nacional. Como en otras esferas de la administración pública, es necesario un cambio en las acciones hasta ahora implementadas. El sistema de salud necesita una profunda mejora y esto pasa, por dotarlo de los recursos financieros suficientes. Si esto no se hace en los siguientes ejercicios fiscales, la cuarta transformación nos llevara a servicios de salud no de cuarta, sino de quinta.

 

twitter: @Luz_Azul

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