Se dice en el barrio

Toña y el sol

Un miércoles de septiembre, regresaba yo de la escuela. Al cerrar la puerta detrás de mí, oí la voz de mi mamá, que llegaba desde la cocina: “¿Ya llegaste, Mónica?”. Todavía no le respondía, y ella añadió: “Estoy aquí. Ven, por favor, que quiero presentarte a Toña”. Al entrar a la cocina –que siempre huele rico por el sazón de mi mamá y las hierbas que usa en sus menjunjes, aunque parezcan simples–, una mujer delgada batía una masa que terminaba de mezclar. La mujer, aunque distinguida y con donaire, estaba atareada, espolvoreando con harina el molde en que se cocería lo que preparaba mi mamá.

Toña, la amiga de mi mamá, tomó la palabra para presentarse a sí misma: “Hace 20 años, tu mamá y yo éramos inseparables. Éramos un grupo compacto, siempre juntas, con María Luisa, Alejandra y Bety. Las cinco éramos las mejores amigas; juntas para todos lados, los fines de semana nos reuníamos en la nevería del centro. Pero, como es natural, cada una fue haciendo su propia vida, y tuvimos que separarnos. Yo me fui a Zacatecas, porque de allá es Víctor, mi marido y, cuando nos casamos, pues tuve que vivir allá. Él quería un negocio de refacciones eléctricas, y lo puso. Hoy nos va muy bien”.

Aunque yo estaba bien despierta, oía como entre sueños a Toña. Me tenía apantallada con su elegancia y finos modos. Fue cuando ella dijo dos cosas que me gustaron. Una fue que yo le podía decir tía o, simplemente, Toña, por el amor que le tiene a mi . La segunda fue el motivo de su visita: la pareja no ha podido tener hijos.

Me conoció cuando yo estaba recién nacida; dice que le encanté y hasta se le antojó adoptarme: le pidió a mi que me regalara con ella; pero ¿cómo creen que ella me iba a dar? Hoy -que ya tengo 15 años- piensa que me conviene aprender un oficio, y Toña está dispuesta a enseñármelo. Le pide a mi que me deje ir con ella, para que aprenda los secretos de la energía solar. Prometió que me quedaría a su lado máximo 8 meses, en lo que aprendo lo indispensable de la empresa y la instalación de plantas. Se comprometió a traerme ella misma de regreso y me dará un apoyo (en dinero y en montajes) para poner aquí, en el barrio, una sucursal; en Zacatecas seguirá la matriz, y desde allá me guiará.

Me gustó su propuesta, pues no se trata de que yo me vaya con ella como trabajadora o a su servicio, sino como socia para abrir una sucursal en otra parte del país (¡y en mi propio barrio!). Lo mejor es que es un negocio en que se tiene que invertir fuerte, pero sólo por una única vez; en adelante, es muy barato -por no decir regalado-: los clientes pagan el alumbrado de su casa o su negocio con paneles solares. Además, voy a conocer a fondo todo lo relativo al negocio de la electricidad.

Al principio, el trabajo va a ser medio difícil, dijo Toña medio seria y medio en chanza, pues en muchas partes del país y del mundo se ha puesto de moda, con eso del cuidado ambiental y de lo costoso que es poner plantas de energía eléctrica donde haya grandes caídas de agua y, de ahí, tender postes y cableado hasta donde se quiera poner la nueva instalación.

A veces se tiene que trabajar en lugares muy alejados y, sobre todo, difíciles, incomunicados. Lo peor es la competencia. Fabián, un amigo mío de hace años, se metió a la CFE; durante meses dejaba yo de verlo y, de repente, se me aparecía. ¡“Ora tú”! -le decía-. “¿ónde te metistes? Yo hasta creía que ya te habías muerto”. Con la sonrisa en la boca, me decía, medio en chanza: “No friegues, comadre. Andaba aquí, entre el Estado de México y Guerrero, instalando luz eléctrica en toda la zona. No tienes idea de lo bien que nos atendía la gente, sobre todo cuando inauguraban las obras eléctricas que les poníamos. ¡Ésos sí eran fiestononones!

Duraban varios días, hacían grandes banquetes y tenían a la banda todo el día, con un ambiente de alegría que salía del alma. Era cuando me hacían valorar, de verdad, qué es tener energía eléctrica en tu pueblo”. Fue cuando apareció en Europa, los EEUU y Asia el sistema de energía solar, sobre todo en lugares muy aislados de la civilización.

Pero, una vez que ya tienes energía solar, a todas horas del día la puedes disfrutar, y hasta poner tus aparatos eléctricos (refrigerador, horno de microondas, televisor, aparato de sonido, radio y todo lo que se te antoje). Realmente, aprovechar la energía solar para tener aparatos o iluminación es una de las mejores cosas que nos han podido pasar en este fin de siglo y principios del nuevo. No sé cómo le hicieron nuestros papás o, más, los abuelos, para vivir todo el tiempo en la oscuridad.

Acabo de regresar de un lugar, aquí cerca, donde están trabajando unos paleontólogos de la universidad. Dicen que aquella gente vivía en cavernas y se alumbraban con antorchas, o en la noche permanecían quietos, porque no veían nada o se aprendían los espacios y andaban a tientas todo el tiempo.

Los seres humanos de hoy somos realmente muy afortunados. Con la iluminación nocturna, tenemos todas las ventajas del mundo.

Noviembre de 2025
Huimilpan, Qro.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba