Sólo para nostálgicos

Los eclipses

A lo largo de la existencia del hombre los eclipses han despertado toda clase de supersticiones, presagio de calamidades, castigo divino, guerras, etc.

Las grandes civilizaciones han incluido a la astronomía entre sus actividades culturales.

Fueron los babilonios los primeros en dar a conocer estos fenómenos que señalaron que existe una ley de la naturaleza que rige los eclipses. Encontraron que las posiciones de la Tierra y la Luna respecto al Sol se repiten cada 18 años, 11 días y 7 horas, o bien, 223 lunaciones. A este lapso le llamaron Ciclo Saros, palabra que significa repetición.

A partir del año 1600, el holandés Hans Lippershey inventó el primer telescopio; su invento cambió el rumbo de la astronomía.

En 1610, Galileo construyó su telescopio y con sus investigaciones publicó su libro El mensajero de las estrellas.

Hay dos tipos principales de eclipses que involucran a la Tierra, la Luna y el Sol: los eclipses solares y los eclipses lunares.

Eclipse solar: ocurre cuando la Luna se posiciona entre la Tierra y el Sol, bloqueando total o parcialmente la luz solar y proyectando una sombra sobre la superficie terrestre. Hay tres tipos de eclipses solares:

Eclipse solar total: La Luna cubre completamente el disco solar, y solo se puede observar la corona del Sol. Este fenómeno solo es visible desde una estrecha franja de la Tierra.
Eclipse solar parcial: La Luna solo cubre una parte del Sol, y el efecto visual es que el Sol parece tener un ‘mordisco’.

Eclipse solar anular: La Luna se encuentra más lejos de la Tierra en su órbita, por lo que su tamaño aparente es menor que el del Sol. Durante este tipo de eclipse, la Luna no cubre completamente el Sol, dejando un anillo brillante de luz solar visible alrededor de su borde.

Eclipse lunar: Se produce cuando la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol, proyectando su sombra sobre la superficie lunar. También hay dos tipos de eclipses lunares:
Eclipse lunar total: La Luna pasa completamente por la sombra de la Tierra, adquiriendo un tono rojizo debido a la dispersión de la luz en la atmósfera terrestre. Este fenómeno también se conoce como ‘Luna de sangre’.

Eclipse lunar parcial: Solo una parte de la Luna atraviesa la sombra de la Tierra, lo que provoca que una sección de la superficie lunar se oscurezca.

El 3 de agosto de 1691, se observó un eclipse en México y el científico Carlos de Sigüenza y Góngora lo describió así: “a las ocho y tres cuartos de la mañana nos quedamos no a buenas, sino a malas noches, tinieblas de casi medio cuarto de hora; aullaban los perros, las aves caían, las mujeres gritaban y trataban de entrar a la catedral, otros se hincaban, otros lloraban y los más pedían clemencia al cielo”.

El 24 de junio de 1778, se produjo un eclipse total de Sol y el astrónomo mexicano, Antonio de León y Gama, determinó la longitud geográfica de México.

Y los eclipses no podían faltar en la literatura, Augusto Monterroso, en su libro Obras completas y otros cuentos, escribe lo siguiente: “cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva, se sentó y durmió con tranquilidad a esperar la muerte. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de Sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. -Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el Sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado en salvar su vida”.

Y los nostálgicos recuerdan a Pedro Ferriz Santacruz, al narrar desde Oaxaca el eclipse total de Sol el 11 de julio de 1991, y expresó: no sabemos si ponernos a llorar, reír o rezar.

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