Sólo para nostálgicos

Páginas del ayer

Sucesos que recuerdan que en México hubo una época que expresar un punto de vista en contra del régimen era “Disolución social”.

Hoy en día, la mayoría de las personas viven en la inmediatez; es decir, lo importante es lo de hoy, lo de ayer es pasado, y no se diga en sucesos políticos nacionales, eso no les interesa, no es de importancia; pero son episodios sirvieron para transformar al país, sus actores, conocidos algunos, otros anónimos, fueron parte fundamental para los cambios que hoy tenemos.

En 1941, el mundo se encontraba inmerso en la Segunda Guerra Mundial, México era país neutral, pero eso no era obstáculo para que hubiera espías alemanes y estadounidenses, motivo por lo que el presidente (1940-1946) Manuel Ávila Camacho envió el 18 de septiembre de 1941 al Congreso reformas al Código Penal del Distrito Federal y Territorios Federales, creando el delito de disolución social. El artículo 145 bis del Código Penal establecía: “Comete el delito de disolución social, el extranjero o nacional mexicano, que en forma hablada o escrita, o por medio de símbolos o cualquiera otra forma, realice propaganda política entre extranjeros o entre nacionales mexicanos, difundiendo ideas, programas o normas de acción, de cualquier gobierno extranjero, que afecten el reposo público o la soberanía del Estado mexicano y se aplicará prisión de dos a seis años a quien lo cometa. Fue promulgado el 14 de noviembre de 1941. En teoría este artículo prevenía la soberanía nacional, por el conflicto bélico mundial.

Terminó la Segunda Guerra Mundial, y este artículo siguió en vigencia y sirvió para reprimir y encarcelar a los disidentes políticos al régimen, fue utilizado en contra del Movimiento Revolucionario Magisterial lidereado por Othón Salazar que exigía democracia sindical, víctimas de este artículo fueron Valentín Campa y Demetrio Vallejo lideres ferrocarrileros que solicitaban incremento salarial y democracia sindical en su gremio, ambos movimientos en 1959.

Demetrio Vallejo fue detenido en abril del 1959 y pasó once años en Lecumberri.

El artículo de disolución social se aplicó sin tasa ni medida contra todo opositor al régimen, lo mismo para campesinos que exigían sus derechos, que estudiantes e intelectuales críticos al gobierno, entre ellos el muralista David Alfaro Siqueiros, a quien el 9 agosto de 1960, después de intensa persecución en la que hay disparos de por medio, se refugia en la casa de Carrillo Gil donde lo detienen los policías con una orden de presentación. Los cargos que le imputan son: portar arma prohibida, promover la resistencia de particulares, proferir injurias y disolución social, éste último cargo, no le permite libertad bajo fianza.

Lo ocurrido se debió a la participación de Siqueiros en la organización de las manifestaciones del 4 y 9 de agosto para apoyar la lucha por la depuración sindical que realizan los dirigentes de la sección IX del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

En 1968, José Revueltas quien apoyaba el movimiento estudiantil fue detenido y condenado a 17 años de prisión en Lecumberri, en 1970 obtuvo su libertad por la presión ejercida en contra del gobierno, Pablo Neruda escribió una carta a Díaz Ordaz exigiendo la libertad del novelista, quien escribió en 1969 El apando, donde narra la cruda realidad del Palacio Negro de Lecumberri.

De esas detenciones y condenas, en su tiempo, no hubo voz de periodistas o comentaristas que las sancionaran, por el contrario las aplaudían, “son comunistas”  era la consigna.

En 1970, en el gobierno de Luis Echeverria, se derogó el delito de disolución social.

Y los nostálgicos recuerdan que en México hubo una época que expresar un punto de vista en contra del régimen era “Disolución social”.

 

rangel_salvador@hotmail.com

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