Sólo para nostálgicos

Relojes icónicos

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha tenido la necesidad de saber la hora.

Las primeras mediciones del tiempo se hicieron a partir de observaciones astronómicas y el cielo era el instrumento principal de esta medición. Hubo aparatos como las clepsidras que eran unas vasijas egipcias que contenían agua y en la parte inferior un orificio por el que salía el líquido y servía para medir el tiempo; también los famosos relojes de arena.

En 1092, el chino Su Song inventó la Torre de reloj, consistente un sistema hidráulico que hacía sonar la hora; en una invasión en el año 1127 fue destruido.

En 1505, el herrero alemán Peter Heinlen, inventó un reloj de bolsillo; para honrar su memoria hay una estatua en la ciudad de Nürenberg.

El reloj de péndulo fue inventado en 1656 por el científico neerlandés Christiaan Huygens.

El 8 de junio de 1810, la reina de Nápoles, Caroline Murat, encargó al empresario relojero suizo, Abraham Louis Breguet, la elaboración de un reloj de pulso, el primero de ese estilo; hasta la fecha existe la empresa relojera conocida como Breguet.

Existen relojes en varias ciudades del mundo que son famosos, entre ellos se puede citar el Big Ben de Londres. La construcción del edificio se terminó en 1858 y el reloj comenzó a funcionar el 7 de septiembre de 1859.

Madrid tiene un emblemático reloj, el de la Puerta del Sol, obra del relojero leonés José Rodríguez Losada, que donó la maquinaria al Ayuntamiento de Madrid; fue inaugurado por la Reina Isabel II el 19 de noviembre de 1866 con motivo de su cumpleaños.

Praga tiene un reloj astronómico que data de 1410 y hay una leyenda que narra que al constructor, el relojero Haus, lo cegaron después de construir el reloj. Cada vez que marca una hora en punto, las figuras autómatas de los doce apóstoles desfilan por sus ventanas.

No menos famoso es el reloj de la Plaza Square en Nueva York, la cual tiene un gran reloj mecánico fabricado en 1895 por el escultor Antonin Carlès. Conocido como «monumento a James Gordon Bennett», se caracteriza por una escultura de Minerva, la diosa de la sabiduría, con búhos frente a la campana, flanqueada por dos campaneros colocados sobre un pedestal de granito. La campana repica cada hora en punto. Los dos obreros de bronce, de dos metros de altura, apodados Stuff y Guff, dan la impresión de tocar la campana con sus mazos.

Y en México también existen relojes que identifican a sus ciudades: el de Pachuca, inaugurado en 1910 con motivo del primer centenario de la Independencia. Mide 40 metros de alto, cada una de sus cuatro caras de 12.94 m de largo y apunta a los puntos cardinales. Esta torre está compuesta por cuatro niveles.

En el centro de la Ciudad de México, esquina Bolívar y Venustiano Carranza, está el reloj otomano que conmemora la amistad de México con el Imperio Otomano y tiene por nombre Reloj Otomano, obsequiado a México en 1910.

Y no menos conocido es el Reloj Chino, en la calle de Bucareli, ubicado en una glorieta frente a la secretaría de Gobernación en la Ciudad de México, obsequiado a México en 1910 por colecta popular entre ciudadanos chinos radicados en México. En febrero de 1913 durante la Decena Trágica fue derribado y reinaugurado el 27 de septiembre de 1921 con motivo de la celebración de la Independencia de México en 1821.

Y uno de los relojes más antiguos de la Ciudad de México es el de la Catedral Metropolitana, que se encuentra en la parte superior de la entrada principal de la Catedral, justo sobre el águila imperial que majestuosa extiende sus alas.

Y los nostálgicos todavía usan reloj de pulso y los jóvenes ven la hora en el celular; cuestión de generaciones.

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