Tigres de Papel

La cabrona portada de ‘Proceso’

La portada de este último número de la revista ‘Proceso’ me parece muy cabrona; en primera porque se trata de un recurso publicitario muy eficaz para vender a granel, la fórmula que les ha funcionado en numerosas ocasiones: portadas sensacionalistas.

La revista Proceso se ha caracterizado históricamente por publicar portadas muy provocadoras, significativas e incluso agresivas, periodísticamente hablando y que, sin chistar, han desatado una polémica a nivel nacional en más de una ocasión. Recuerdo, por ejemplo, aquella portada con una fotografía en toda la plana y a todo color, en la que veíamos a un Julio Scherer García, entonces director de la revista, abrazado con el capo conocido como el Mayo Zambada, cual si fueran un par de alegres compadres. En aquel entonces, cuestioné el hecho de que un periodista que entrevista a una fuente importante y que, además, es sumamente controversial, trátese de un funcionario de alto rango o de un representante del crimen organizado (como es el caso), debe mantener una distancia crítica frente al poder, esto es, ante cualquier tipo de poder.

En el más reciente número de la revista (No. 2192), y conmemorando sus 42 años de existencia, Proceso publica una portada que ha causado furor a nivel nacional e incluso internacional: la imagen de un López Obrador con gesto preocupado y severo, acompañado de un par de enunciados que son los auténticos responsables del escándalo periodístico: “AMLO se aísla”, y enseguida: “El fantasma del fracaso”. La opinión pública se dividió en dos bandos: los que opinaron que se trataba de un viraje muy brusco en la línea editorial del medio y que traicionaba sus más sagrados principios periodísticos de corte progresista, es decir, de izquierda; por otro lado, quienes justificaban los encabezados de la portada al argumentar que la línea de ‘Proceso’ tendría que seguir siendo crítica frente al poder, esto es, ante cualquier tipo de poder.

La portada de este último número de la revista Proceso me parece muy cabrona; en primera porque se trata de un recurso publicitario muy eficaz para vender a granel, con la fórmula que les ha funcionado en numerosas ocasiones: las portadas sensacionalistas. Por otro lado, se trata de una bravía provocación al presidente electo bajo el sólido argumento de que se trata de confrontar al poder político, en esto estamos de acuerdo; por último, el criterio es estrictamente de ética periodística y es aquí donde está el quid de la cuestión: lo que se plasma en los titulares de la portada no se corresponde estrictamente con lo que declara el propio Diego Valadés, en la entrevista de marras. Y una más, tal y como ha sido señalado por varios periodistas: si tan sólo se hubiese enunciado el nombre del autor de dichas declaraciones al final del encabezado, nos hubiéramos ahorrado gran parte de esta polémica, pues pareciese entonces que los titulares fueron una decisión editorial de la revista y no una cita textual de la susodicha entrevista.

Y si nos metemos de lleno en la cosa periodística, el autor de la misma, Álvaro Delgado, no sale muy bien librado que digamos. Ahí les va: las preguntas del entrevistador llevan jiribilla (como dicen en mi pueblo), es decir, son tendenciosas y pretenden sesgar la respuesta de Valadés. Las menciono una por una: 1. ¿Prevé que López Obrador gobierne a capricho? 2. ¿Estaría condenado al fracaso? 3. ¿Aprecia usted rasgos autoritarios en López Obrador? Son todas las preguntas que se publican textualmente, pero en las cuales podemos advertir cierta propensión a obtener una respuesta esperada, lo que nos muestra una intencionalidad hacia la descalificación que me parece poco ética.

Tampoco el entrevistado sale muy bien librado que digamos, dado que algunas de sus respuestas apuntan directamente a tratar de enturbiar la imagen de AMLO, y sobre todo de sus colaboradores y equipo más cercano de un modo bastante ostensible al señalar, con muy pocos fundamentos, que “unos quieren acabar con el poder judicial federal, otros quieren acabar con la burocracia. Y si todos quieren acabar con algo, el problema es que lo pueden conseguir.” Diego Valadés se opone a que también se reduzcan los sueldos de los altos funcionarios, en especial de los jueces y magistrados federales (cargos que varias veces ostentó), por lo cual dicha medida le parece altamente regresiva y muy desconcertante.

No obstante, el entrevistado no es el problema, se advierte que es un conocedor de la materia y nos da valiosas explicaciones desde el ámbito jurídico de lo que, a su consideración, son graves errores en la toma de decisiones del presidente electo. Muy respetable, pero volvemos al origen del problema: una decisión de carácter editorial en el ámbito de la lingüística y la comunicación política del medio que me parece desacertada. Incluso, la palabra “fantasma”, no aparece citada en ningún momento por parte de Valadés y Proceso la incluye en su portada de un modo bastante arbitrario, injusto y, por lo tanto, muy cuestionable en términos del rigor periodístico, la ética y la responsabilidad social que debe asumir un medio tan trascendente como lo es la multicitada revista.

Y esto último, es el centro del debate: ¿cómo es posible que una decisión editorial de esta magnitud ponga en riesgo toda una era de gran periodismo que recién cumple 42 años de existencia y 1292 números de hacer un periodismo de investigación crítico, propositivo y libertario de muy alta calidad? Por lo pronto, los periodistas estamos en el debate y este incidente debe enriquecer el panorama de nuestro propio ejercicio ahora que se avecina una nueva era para el país. ¿Cuál es el nuevo periodismo que vamos a hacer? ¿Un periodismo cabrón o muy encabronado?

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