Tigres de Papel

La UNAM en su laberinto

La Universidad (…) su función es algo más que enseñar un oficio (…) es un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma.

José Saramago

Ahora que el avispero fue reventado por las recientes declaraciones del presidente López Obrador, en torno al papel que juega actualmente nuestra máxima casa de estudios del país, la revuelta ha iniciado y el tema se convierte en pasto para las llamas de una oposición incendiaria e intolerante como suele ser la ultraderecha en México. De igual modo, los medios de comunicación han desatado una verdadera carnicería mediática en contra del gobierno federal por atreverse a descalificar a la UNAM, al grado de que, incluso el periodista Ricardo Rocha tituló a su columna en El Universal como “un matricidio”, lo expresado por el primer mandatario.

Debo destacar lo siguiente: ¡bienvenido el debate! Un debate urgente y necesario, largamente postergado, y que por fin estalla en mil pedazos. ¿Cuál es el derrotero educativo, democrático, económico, administrativo que debe seguir, no sólo la UNAM, sino todas las universidades públicas del país? Esta es la gran pregunta que exige una respuesta por parte de los universitarios, quienes son los que, principalmente, deben abrir el debate y ser sensibles a la crítica, no sólo a la que ejerce el poder político, sino a la que hace y puede hacer, en su momento, el conjunto de la sociedad entera, a la cual se deben nuestras universidades.

Tal y como lo señalan especialistas en el tema, como Tatiana Coll, Hugo Aboites e Imanol Ordorica, la transformación de la universidad debe venir desde adentro, desde sus propias entrañas y, de esta manera, hacer un ejercicio pleno de su autonomía, no como un escudo protector que favorece la impunidad y la poca transparencia en muchas de las universidades públicas, sino como un derecho obtenido a sangre y fuego, y que es absolutamente legítimo. Ese es el gran reto: que las reformas surjan de adentro, pero con los oídos abiertos y una total receptividad a las voces del pueblo de México, que también exigen esa transformación.

Lamento mucho el bochornoso papel que están jugando los medios de comunicación, que se han convertido en un triste receptáculo de las proclamas de la derecha opositora y se han vuelto voceros incondicionales de un discurso retrógrada en todos aspectos, envuelto en el falso ropaje de la crítica hacia el poder que, en realidad, se trata de un golpeteo político incesante, sin argumentación de fondo y sin propuesta válida. Patadas de ahogado lacrimógenas, patéticas.

El debate sobre la UNAM, que ya comenzó, tiene que ser de altura, sereno, fundamentado y propositivo. Los autores que mencioné líneas arriba, están en ese tenor y lo mejor es escucharlos y atender sus valiosas propuestas. Tatiana Coll, nos pide mirarnos al espejo, cuando nos dice que “la defensa a ultranza y melancólica de nuestra Alma Mater nos lleva a validar lo que han hecho los burócratas modernizadores que han enturbiado y depredado nuestro quehacer, el de las comunidades de estudiantes, maestros y administrativos que hemos dado numerosas luchas por cambiar la esencia de la universidad pública”. (La jornada 26/10/21).

Por su parte, Hugo Aboites titula atinadamente a su artículo “Alborotar el gallinero…” (“…pero dejar adentro al coyote”), metáfora muy eficaz para referirse a la polémica desatada por el presidente de México -¿el coyote será AMLO?-, en donde apunta, atinadamente, que “después de 100 años de educación centralizada y autoritaria, de tres decenios de excesos y abusos neoliberales, hay lecciones históricas que podrían servir de base a una transformación estructural de la educación” (La Jornada 23/10/21).

He allí la clave, todo este “alboroto”, tiene que generar un proceso de transformación real de las universidades pública que les aleje del esquema neoliberal en el que se mueven casi todas y que han impregnado a la mayoría de sus procesos e, incluso, el manejo de un lenguaje tecnócrata que da espanto: indicadores, evaluaciones cuantitativas, recategorizaciones, perfiles PRODEP, programa de estímulos, procedimientos de admisión controlados por una entidad privada, el Ceneval, y los esquemas de mayor individualismo: el Sistema Nacional de Investigadores (SIN) que, dicho sea de paso, debe desaparecer. Todo lo anterior (y lo que me faltó), apunta a un salvaje capitalismo académico que no podemos seguir engendrando al interior de nuestras universidades públicas, las cuales deben sacudirse la modorra, acentuada por la contingencia sanitaria de la pandemia, y volver a la movilización política y social, reactivar los movimientos estudiantiles y sindicales universitarios que siguen durmiendo el sueño de los justos. En una palabra: recuperar a nuestra entrañable UNAM … ¡Goya! ¡Goya! … ¡Universidad!

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