Tigres de Papel

Pancho, Marcos, Peña ¿y la comunicación política qué?

Ni Marcos, ni Pancho, ni Peña ejercen los principios de una verdadera comunicación política que reivindique sus mandatos. Han optado por la condena postrera y habrán de someterse al juicio implacable de la historia.

Yo puedo estar equivocado y tú puedes tener la razón

Karl Popper

Resulta desastroso dar cuenta de la cantidad de daño que provoca a la población el final de un ciclo gubernamental. Fue muy frustrante saber que Marcos Aguilar Vega (MAV) nos deja un saldo funesto de su administración y para muestra sólo unos cuantos botoncitos de muestra (de lo contario, se nos acaba el espacio): las paradas estilo Dubai, siguen paradas -valga- y en total abandono, dejando al sistema de transporte público peor que antes; solicita licencia de su cargo para contender por una diputación federal, lo consigue y regresa a su puesto para terminar de destruir lo que le faltaba; finge despedir injustamente a diez de sus colaboradores más cercanos y los liquida con la friolera de casi medio millón de pesos para cada uno; inaugura cinco estatuas del ícono religioso de la fundación de Querétaro, Santiago Apóstol, en sendos puntos de acceso a la capital; finalmente, coloca la gran maqueta del Centro Histórico afuera de la Alameda, inconclusa, mal hecha y con un costo exorbitante de 9 millones de pesos. La maqueta se inunda con las lluvias (¡igual que la ciudad, por eso es perfecta!) y resulta ser la triste gran metáfora de su mandato: hizo agua por todos lados.

¿Qué hace Marcos Aguilar Vega para tratar de justificar lo injustificable? Decide hacer una intensa y aparatosa campaña mediática de promoción para su tercer y último informe de gobierno, bajo el lema de: “Amor por Querétaro”. Y, en vez de reconocer un mínimo fallo en su administración, se lanza a atacar a todos aquellos que osaron criticarlo durante su gestión y les espeta a voz de cuello: “Pagué el costo político y aún así, lo volvería a hacer”.

De este modo, corroboramos que el discurso político de MAV es de una gran soberbia y no tiene la menor sensibilidad social en la autovaloración de su propio mandato. Además, el Informe fue a puerta cerrada y ante un auditorio reducido y retacado de incondicionales del cabildo municipal.

Lo más grave de todo, fue constatar que el aparato de comunicación social de su gobierno no pudo contrarrestar ninguna de las aberraciones de la administración de Aguilar Vega, porque ya no se trataba sólo de paliar mediáticamente lo duro, sino lo tupido. Comunicación política errónea y totalmente desvirtuada.

Lo mismo podemos apreciar en el caso del gobernador, Francisco Domínguez Servién, quien en el último zafarrancho que protagonizó, se dedica a defender a uno de los más fieles discípulos de su gabinete, por las declaraciones del periodista Miguel Ángel Álvarez en el sentido de que se le obsequió una fiesta de despedida de soltero en su última gira de trabajo por Europa pagada con recursos públicos. Craso error: en vez de hacer la aclaratoria pertinente, reconocer el error y ofrecer una disculpa, opta por retar al periodista, acusarlo de difamación de honor y calumnias, por si esto fuera poco, lo amenaza personalmente de apoyar a su amigazo en la demanda que va a entablar en su contra.

Lo anterior, lo sustenta con una afirmación inverosímil: “Voy a apoyar la demanda, no como gobernador de Querétaro, sino como Pancho Domínguez”. Entonces uno se pregunta consternado, cómo le va hacer para separar lo que de suyo es indivisible por antonomasia. Es decir, uno no se separa del cargo sólo con decirlo; uno no decide en qué momento y circunstancia decide dejar de ser una persona pública y asumir la vida privada para realizar una acción determinada.

¿Quién asesora al Sr. gobernador en materia de comunicación política? Lo que podemos advertir, es lo que yo denomino la impunidad verbal del gobernante. Dicen lo que quieren, gritan, amenazan, sentencian, agreden y no hay manera de evitar semejante política de intimidación de los hombres del poder en contra de sus gobernados.

Para terminar, lo más vergonzante: la graciosa huída al final de su sexenio de Enrique Peña Nieto (EPN) y que quiere enlodarse a más no poder con un VI Informe de Gobierno realmente insultante y patético. ¿No le bastó haber causado tanto daño al pueblo que tuvo que soportar una de las peores crisis en la historia política reciente de este país y todavía tratar de restregarnos en la cara algo imposible de creer?

La spotización que desató previo a su Informe, en donde trató de argumentar que su gobierno había hecho las cosas bien y todavía se aplaude a sí mismo (“Ya sé que no aplauden”, dixit Peña) por las reformas emprendidas, en particular la reforma educativa (¡ya sabemos por qué!) y una retahíla de cifras inverosímiles que sólo mueven a la pena (¿o Peña?) al darnos cuenta que EPN no aprendió absolutamente nada en seis años de mandato.

El colmo fue el spot sobre la inseguridad pública en el país, en el cual aborda el espinoso tema de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que, dicho sea de paso, se convirtió en el emblema trágico de toda su gestión gubernamental. En términos de la comunicación política auténtica y si apelamos al enunciado popperiano que se cita en el epígrafe de este texto, Peña Nieto pudo haberse salvado si reconoce que se equivocó en torno al caso de los 43. En vez de eso, ratifica la Verdad histórica de su colaborador Murillo Karam (“Ya me cansé”) y echa por la borda cualquier atisbo de honestidad y autocrítica en su fallido gobierno.

Ni Marcos, ni Pancho, ni Peña quisieron ejercer los principios de una verdadera comunicación política que reivindicara su mandato. Han optado por la condena postrera y habrán de someterse al juicio implacable de la historia.

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