Tigres de Papel

Tigres de papel

Fidel, Oda al tirano

Por: José Luis Álvarez Hidalgo

PARA DESTACAR: Razones no coincido con el señalamiento de tiranía a la vida y obra de Fidel Castro. Tiranos pululan por el mundo y ni se les menciona; en México, todos han quedado impunes y hasta monumentos de triste memoria se han erigido en su honor.

“(…) y la orfandad en que nos dejas, Fidel, seguramente pronto el sinsentido de un mundo que no aprende de su historia, nos devorará nuevamente”.

José Mújica

La muerte de Fidel ha sido uno de los acontecimientos mediáticos más trascendentes en los últimos tiempos, hay mucha tinta derramada sobre la memoria histórica del máximo héroe de la Revolución cubana, la cual es, a su vez, una de las revoluciones libertarias de mayor relevancia en la historia de América Latina. Mucho han escrito sus apologistas y más bien poco sus detractores, pues bien se sabe que la extrema derecha se sabe con pocos argumentos y elementos de análisis para redactar una crítica bien fundamentada que no surja solamente del resentimiento personal, el agravio sufrido en carne propia o la visceralidad de quien no comparte la misma visión del mundo.

Respeto y comparto la crítica que se le hace a Fidel castro desde la izquierda pensante y que resulta casi como una especie de autocrítica en la revisión honesta de los iconos que le dieron sentido a nuestro propio arropamiento ideológico y que luego, nos vimos obligados a desacralizarlos para darles un nuevo sentido que nos libre de la orfandad en que nos encontramos.

De allí que las críticas de gente como Ricardo Pascoe Pierce, Pablo Gómez, Octavio Rodríguez Araujo, Guillermo Almeyra  y activistas y pensadores de esa talla, nos permitan más luces que sombras en el juicio honesto sobre la idealización de una de las figuras más emblemáticas del socialismo real latinoamericano: Fidel Castro.

Me disgusta sobremanera que se celebre la muerte de alguien, de quien sea, trátese de un violador, secuestrador o criminal de guerra, incluso de un tirano que haya violentado durante décadas a una nación entera. Es por ello que las manifestaciones de júbilo de los exiliados cubanos en Miami donde bailaban y celebraban “la muerte del tirano Fidel”, me llenaron de indignación.

Recuerdo que la misma molestia tuve cuando un amigo me invitó a tomar una copa para festejar la muerte, en ese famoso accidente aéreo, del entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. No se festeja la muerte, solo la vida merece ser vitoreada.

Tampoco estoy de acuerdo con la apología desmesurada en abstracto de un personaje como Fidel Castro. Si bien damos cuenta del valor incuestionable de su heroica lucha por la libertad de su pueblo y los logros constatables, hoy en día de la Revolución, sobre todo en las áreas de la salud y la educación pública, debo señalar que lo que en realidad se magnifica es la imagen simbólica que, al igual que ocurre con el icono de Ernesto ‘el Che’ Guevara, se ha mantenido incólume en el imaginario colectivo de los pueblos como las grandes idealizaciones de la libertad y la lucha por el socialismo en América Latina y en el mundo entero.

Lo mismo ha sucedido con la imagen de Marx, Lenin e incluso Engels, como estandartes del comunismo internacional. Rememoro que en las marchas a las que asistíamos en contra del fraude electoral contra Cárdenas y López Obrador, siempre aparecía una manta gigantesca con la imagen de los personajes arriba mencionados, pero haciéndose acompañar… ¡de la efigie de Stalin!

Y eso me provocaba mucho desasosiego intelectual e ideológico ¿Por qué la efigie de Stalin en tiempos de la Perestroika a la mexicana? Eso sí representaba el ensalzamiento de la imagen del tirano, sí del tirano de este lado del espectro ideológico, pero tirano al fin.

Por tales razones no coincido con el señalamiento de tiranía a la vida y obra de Fidel Castro. Tiranos pululan por el mundo y ni se les menciona; en México, todos han quedado impunes y hasta monumentos de triste memoria se han erigido en su honor. Muchos pequeños tiranos siguen vivitos y coleando y dando de qué hablar: allí están Luis Echeverría, Carlos Salinas de Gortari, Omar Chaparro y genocidas de esa estirpe.

Fidel Castro seguirá vivo en la memoria de los pueblos, está su obra revolucionaria ejemplar y también los claroscuros de una existencia compleja y controvertida que dará mucho de qué hablar hasta la caída del último de los ídolos. Debo anticiparme y sentenciar que la historia ya lo absolvió. Lo demás, es retórica, nostalgia pura. ¡Patria o muerte!

 

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