Opinión

Con motivo de la muerte del Comandante Hugo Chávez

Por: Luis David Cruz González

Con motivo de la muerte de Hugo Chávez fue sorprendente la cantidad de escritos acerca de su aporte en la historia latinoamericana, mismos que se publicaron y seguirán publicando en los diferentes medios de comunicación existentes; mi sorpresa mayor fue encontrarme que en este digno espacio universitario aparecieran columnas sobre el tema. Sorprende, porque luego de la tercera reelección celebrada en octubre del año pasado nadie escribió nota alguna sobre la renovación y triunfo del proyecto de la Revolución Bolivariana; y ahora resulta que después de la muerte todos somos importantes, pues se desplegaron artículos, unos más completos que otros sobre el chavismo, dando vestigios de una sólida crítica de un tema que anteriormente a nadie le importó. No obstante, ninguno hace referencia a cuestiones de estudio político relevantes como son la construcción de la democracia o la falta de ella en el Estado venezolano, sobre el Estado de derecho, los mecanismos y funcionamiento de la participación ciudadana, del fortalecimiento o debilitamiento de las instituciones políticas, o acerca de la situación que guardan los organismos encargados de la unificación latinoamericana propuestos y fomentados por el desaparecido Presidente, tomando en cuenta que estos temas son relevantes para la construcción crítica de los asuntos políticos internacionales –que son de suma importancia para una publicación editada por una Facultad de Ciencias Políticas y Sociales–.

Me sorprende que en los artículos de Tribuna publicados en el número 667 se lean adjetivos de dictador para un Presidente que se presentó tres veces a elecciones y a un referéndum presidencial revocatorio; de gobernante populista, aun cuando se construyeron en Venezuela puentes de participación y apoyos sociales con base en derechos exigibles por el ciudadano y no expresados en un mecanismo de altruismo, mercantilismo o caridad estatal como en países como el nuestro. Se pone en duda el término Revolución Bolivariana; no obstante, hubo cambios sustanciales en las estructuras gubernamentales de ese país, comenzando con una Asamblea Constituyente y la posterior promulgación de la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999.

Sobre la polarización señalada en los artículos, responde correctamente el escrito que presentaron acerca de los comentarios realizados por Eduardo Galeano sobre la élite venezolana; quien, en primer término, no toleró –la élite, no Galeano– que un militar de origen humilde gobernara un país rico en petróleo, cerrándose a colaborar con el gobierno como oposición crítica y responsable.

Igualmente se presenta a un país con carencias alimentarias y energéticas que no responden al país que conoció en el 2001 quien aquí escribe; pero tal vez sería importante, si esto en verdad sucede, conocer las raíces de este problema; no olvidar el paro-sabotaje patronal (posterior al fallido golpe de Estado de 48 horas en abril del 2002) de carácter nacional que vivió Venezuela de diciembre de 2002 a febrero de 2003, como medida de presión al gobierno que intentaba forzar la renuncia del Ejecutivo, liderado por las élites petroleras de aquel entonces, donde se paralizó fuertemente la economía, escaseando los productos y encareciendo los precios.

Sobre la inseguridad que aqueja a ese país, ésta no se construyó durante el gobierno chavista, pero es cierto que no se ha logrado controlar, aun con los programas de inserción al empleo y programas de pobreza que puso en marcha ese gobierno; no obstante, los estudios más serios que se han realizado del tema muestran que la vinculan a operadores del narcotráfico y lavado de dinero, no es privativo de aquel país –de sobra existen ejemplos en México, que durante el sexenio pasado tuvo más de cien mil asesinatos según lo reportó el INEGI–, lo cual no se expone como justificación o consuelo.

Del tema de la devaluación del bolívar de 4.30 a 6.30 en últimas fechas, el caso puede obedecer a muchas razones, desde las que sugiere la oposición quien acusa al gobierno de estarse quedando sin dinero y la cual profetiza una espiral de “devaluación-inflación”, a los argumentos que supone el gobierno, que explican que la devaluación se efectuó con el fin de obtener más moneda nacional (bolívares) por cada dólar de ingresos petroleros, sin tener que recurrir a la emisión de moneda y aumentar inflación. Además, una devaluación podría ayudar a fomentar la producción nacional, incrementar el costo de fuga de capitales y mantener más moneda norteamericana en el país si las estrategias del gobierno se guían por ese camino. Sobre el caso puede leerse el artículo de Mark Weisbrot en el periódico británico The Guardian.

Presento este breve ejercicio crítico, esperando logre inquietar a los gustosos de los estudios latinoamericanos; y con el propósito de realizar una construcción más detallada y crítica del tema Bolivariano, alejada de halagos o de prejuicios, pues dicho sea de paso, es tema que guía mi proyecto de investigación en la Maestría en Ciencias Sociales en esta honorable casa de estudios –la Universidad Autónoma de Querétaro–, razón por la que consideré importante realizar con ustedes esta pequeña reflexión.

Espero en fechas próximas y con motivo de mis estudios sobre el caso venezolano efectuados durante la presente maestría, realizar un aporte en esta publicación acerca de las cuestiones de estudio político como la democracia, el Estado de derecho, instituciones políticas, participación ciudadana, organismos internacionales, etc., que se nombraron al inicio del artículo.

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