Opinión

Conductas de riesgo en adolescentes sanjuanenses

Por: Agustín Otero Trejo

En los últimos años el crecimiento demográfico en mi ciudad natal, San Juan del Río, ha ido en incremento, lo cual trae consigo numerosos cambios sociales tanto positivos como negativos. Hay que tomar en cuenta que nuestra sociedad es dinámica y compleja, por lo que no podemos descartar la aparición de nuevas tendencias mórbidas que afectan directamente a nuestro modus vivendi.

Una de las situaciones más indeseadas en nuestra comunidad son las que están atravesando actualmente nuestros adolescentes sanjuanenses: adicciones, conductas antisociales, depresión, inactividad escolar y laboral por citar algunas. Dicha realidad repercute no sólo a los jóvenes, sino también a la esfera familiar; plataforma esencial de la sociedad y por tanto esto constituye un escenario que nos concierne a todos.

Delimitando el punto medular del presente trabajo: la adolescencia, algunos autores argumentan que “la adolescencia es algunas veces descrita como una crisis implícita a través de la cual debe pasar la personalidad en proceso de maduración” (Bellak Leopold, Small Leonard. “Psicoterapia Breve y de Emergencia”. 1970.), otros la visualizan como un estado, un vaivén, una crisis de identidad (Tamayo, Luis. “Crisis de Identidad del Adolescente”. Revista Psicología y Sociedad. UAQ Julio 2005) y si a esto le agregamos factores externos que afectan la situación personal y emocional del joven, el resultado será aún más desfavorable.

Ahora bien, una de las conductas de riesgo más recurrentes en adolescentes de San Juan del Rio, se encuentra íntimamente ligado a las conductas delictivas y comportamiento antisocial. (Cabe señalar que tuve oportunidad de intervenir directamente en dichas problemáticas de octubre de 2011 a enero de 2012, dentro del H. Juzgado Cívico Municipal de San Juan del Río, Qro.)

Si bien es cierto, cuando se habla de dichas directrices suele ser complejo dar solución a la problemática, no obstante, uno de los retos más importantes de nuestro entorno radica en integrar satisfactoriamente a los jóvenes a la sociedad.

Es sabido que el H. Juzgado Cívico Municipal de San Juan del Río tiene como objetivo abordar tal cuestión sancionando a infractores y manteniendo el orden del municipio (incluyendo menores), evitando riñas callejeras, el consumo de alcohol o sustancias ilegales en vía pública, etcétera, sin embargo, muchas veces se ha dejado de lado que algunos de los ingresados a la cárcel municipal son adolescentes menores de edad que incluso han cometido alguna falta por primera vez y el shock emocional que esto les ocasiona puede ser enorme.

La cárcel municipal funge como un regulador de estas conductas antisociales en jóvenes y adultos pero no busca el mejoramiento o rehabilitación de las personas que han cometido alguna falta.

Es importante señalar que tan sólo en el mes de septiembre de 2011, el índice de menores infractores rebasó la cantidad de 60 adolescentes, por lo que dicho dato es alarmante, a su vez indicador de deficiencias en el contexto social. (Fuente: Juzgado Cívico del municipio de San Juan del Río, Qro.)

Por tal motivo el apoyo de un Departamento de Psicología articulado al H. Juzgado Cívico Municipal podría ser una estrategia viable desde la mirada de la clínica para trabajar tal condición, ya que la praxis sustentada en la materia (Teoría psicodinámica), posibilita una intervención real con la problemática, escucharla, enfrentarla y darle un soporte válido en tiempos de la postmodernidad.

Cabe señalar que lo jóvenes infractores son puestos a disposición de la autoridad sancionándolos con horas de arresto y/o multa, sin embargo, pareciera que la infracción se limita únicamente al castigo, provocando la posterior reincidencia de los adolescentes en alguna conducta antisocial o de riesgo y que repercuten directamente a la comunidad.

En este orden de ideas, considero que muchos de los adolescentes que incurren en una conducta antisocial necesitan un espacio donde puedan expresarse y al mismo tiempo puedan ser orientados, ya que por lo general no tienen un referente que los guíe y quizás sea justo esto lo que buscan.

Nos hemos olvidado de escuchar el síntoma vuelto en acto del adolescente, de guiarlos, de “educarlos” en conjunto, de devolverles esa imagen especular tal como nos lo ofrece Lacan, nos hemos olvidado de que son entes dotados de capacidades, destrezas y anhelos, que si bien es cierto han llegado golpeados o en estado de intoxicación a la cárcel, no dejan de ser personas, muchos de ellos con cuadros clínicos severos, por ejemplo: estados de ansiedad, depresión, exaltación, brotes psicóticos inducidos por sustancias, intentos de suicidio, entre otros.

Aún quedan muchas incógnitas al aire y por resolver, sin embargo, valdría la pena detenernos un momento a analizar dicha problemática, en un tema del que poco se quiere saber y que por tanto aquellos jóvenes “ingobernables” quedan en el olvido, recayendo tarde o temprano en alguna infracción o delito mucho mayor y que sin duda alguna no sólo afecta la integridad física y emocional del propio adolescente sino también el de la sociedad en general.

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