Opinión

Consumación del retroceso

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Han quedado conformados los nuevos órganos responsables de la conducción del proceso electoral para elegir al relevo del gobernador José Calzada, renovar la Legislatura del Estado y los 18 ayuntamientos. Se trata del Instituto Electoral del Estado de Querétaro, responsable de la organización de las elecciones, y del Tribunal Electoral del Estado, que resolverá en el plano local las impugnaciones que se presenten en la materia. Sustituyen al IEQ y a la Sala Electoral del Tribunal Superior de Justicia del Estado.

Ambos órganos son materialización de la reciente reforma constitucional y encarnan la derrota del federalismo, la vuelta al centralismo y el fin del ciclo “ciudadano” que en Querétaro marcó el período 1996-2014. Nunca supimos en realidad en qué fallaron las instituciones extinguidas y sólo escuchamos argumentos políticos coyunturales. Se repite la tragedia de nuestra democracia: siempre empezando de nuevo, siempre creando el mundo, la impaciencia que no permite madurar procesos que, de suyo, son de largo aliento.

En el caso del IEEQ, se desnaturalizó la figura del consejero como una figura ciudadana en el sentido más amplio, representativa de la sociedad, ajena a la dinámica de los contendientes y vigilante de que las elecciones sean algo más que una rutina y se inscribieran dentro de una concepción más general del proceso democrático. Para su integración se adoptó un procedimiento muy meticuloso y público, pero con zonas oscuras que preservaron el control partidista de forma encubierta.

No percibo más legitimidad ni garantía de que el nuevo órgano se ocupará del tema toral, que es la democracia, y sí, en cambio, está claro que la función del consejero ha quedado reducida a su dimensión técnica, operativa, instrumental. No importó la interlocución con la sociedad, pues no se valoró el vínculo de los designados con los procesos de transformación ni con las organizaciones que activan la energía social. Partiendo de los postulados constitucionales y atendiendo al proceso democrático, si algo se reforma es porque ya no responde a su tiempo, y si este tiempo exige ampliación de espacios de autonomía y participación, aquí se actuó en sentido contrario.

Guardadas las proporciones, y sin afán de ofender a nadie, equivale a que al frente de RedQ o de la Cámara del Transporte se colocara a los choferes, bajo el argumento de que son los que conocen las rutas y los atajos, saben lidiar con el tráfico en horas pico y hasta de mecánica conocen por si se apaga el camión. Pero no sólo eso, en el caso local se actuó de forma extraña, pues a la cabeza de consejeros que formaban parte ya de la burocracia electoral fue colocada la persona con más carencias técnicas, sin vínculo alguno con la materia y entre los de más baja puntuación. Por ello, el presidente, vinculado al Centro Patronal, estará literalmente secuestrado. Si por su conducto se le otorgó al PAN la representación formal del órgano, lo cierto es que la afinidad priista de la mayoría lo nulificará. La sesión de instalación, el 1 de octubre, es un anticipo de la precaria deliberación que nos espera.

En cuanto al Tribunal Electoral del Estado, los tres magistrados provienen de ámbitos complementarios: Gabriela Nieto Castillo proviene de la academia; Cecilia Pérez Zepeda, de la autoridad electoral administrativa, y Sergio Arturo Guerrero Olvera, del órgano jurisdiccional federal. Si bien esto será una virtud, lo cierto es que nunca supimos en qué falló la Sala Electoral del Tribunal Superior de Justicia como para decidir su disolución y crear un nuevo aparato. De nuevo esa perniciosa tentación del subdesarrollo, que consiste en estar empezando siempre de nuevo, como si lo nuevo sólo por ser nuevo fuera garantía de nuevas prácticas o valores.

El pecado original de ambos órganos radica en que su integración fue atraída por el centro. Los consejeros fueron nombrados por el Instituto Nacional Electoral, en tanto que los magistrados por el Senado de la República, desde la Ciudad de México. Si estas figuras se encontraban de por sí alejadas de los ciudadanos, esto los aparta aún más. Con todo y los vicios que pudiera esto significar, pienso que es mejor que los factores reales de poder de la localidad influyan a que la decisión la tome un senador bajacaliforniano o un consejero campechano radicados en la metrópoli y que conocen nuestra provincia sólo en calidad de turistas.

Por otro lado, la autonomía de ambas instituciones ha quedado sensiblemente erosionada, pues uno de los flancos más sensibles, como lo es el presupuesto, seguirá siendo una decisión unilateral del gobernador y de la Legislatura del Estado. Y no sólo eso, las fuerzas políticas se han arrogado decisiones que, en rigor, corresponderían a los respectivos plenos: en el caso del IEEQ, además de que su presidente fue nombrado en la Ciudad de México, el titular de su Contraloría será designado por las fuerzas políticas representadas en la Legislatura. En el caso del Tribunal, su Oficial Mayor, que tendrá el control administrativo y financiero, también será nombrado por las fuerzas políticas. Su nombramiento, en estos días, será la consumación de la recuperación del control por parte de las fuerzas políticas en general, y de los poderes locales en particular. Cedieron en lo escenográfico pero metieron las manos y el cuerpo entero por la cocina.

Se ha consumado el retroceso.

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