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Corazones Mágicos

“Para que el mal prospere, sólo requiere quelos hombres buenos no hagan nada”.Simon Wiesenthal

Cuando una madre, como Irinea Buendía Cortés, se niega a aceptar el silencio, cambia el rumbo de la historia. Ella nos ha enseñado que la justicia no se implora, se construye; que el amor por una hija puede transformarse en una lucha por todas. Su camino es la prueba viva de que del dolor puede surgir un legado de esperanza.

En Corazones Mágicos entendemos esa lección todos los días. Porque nuestra labor nace de un dolor colectivo: el de niñas y niños que han sido heridos en su esencia por la violencia sexual, y que sin embargo son capaces de sanar. Desde hace más de trece años hemos acompañado a más de 2 mil 100 niñas, niños y adolescentes (NNA), convencidos de que sanar una infancia es construir un país en paz. Esa convicción es lo que la UAQ reconoce con la Presea Irineas: un homenaje que honra a quienes no se resignan ante la violencia y que nos invita a seguir transformando la indignación en acción.

La lucha contra la violencia sexual infantil (VSI) es una de las más arduas que existen, porque implica trabajar con el dolor humano causado por la maldad humana. Quienes nos dedicamos a ello enfrentamos un desgaste emocional constante: acompañamos historias que estremecen, convivimos con la injusticia y, además, debemos luchar contra el encubrimiento, la calumnia y la indiferencia social frente a un tema que muchos prefieren callar. Sin embargo, la verdad y la justicia son posibles cuando una voz se niega a callar.

Inspirados por esa convicción, en Corazones Mágicos implementamos cuatro líneas de acción que nos permiten hacer frente a la VSI con profundidad y compromiso: la prevención, para que las infancias desarrollen herramientas que las protejan; la rehabilitación de NNA víctimas de violencia sexual; la capacitación a profesionistas que tienen bajo su cuidado a la niñez; y la incidencia en políticas públicas, porque el cambio profundo se logra cuando se transforma también la ley y la conciencia colectiva.

En un país donde el acceso a la salud mental sigue siendo un privilegio, en Corazones Mágicos, cada mes, brindamos servicios psicológicos a más de 200 NNA presuntamente víctimas de VSI. En México, sólo una fracción de la población infantil puede recibir atención psicológica, y en los contextos de mayor vulnerabilidad, la terapia se vuelve un lujo. Por eso, cada diagnóstico, cada terapia y cada sonrisa recuperada representan un acto de justicia social. Detrás de cada intervención hay un esfuerzo por devolver la confianza, porque la vida vuelva a sentirse segura. Hemos aprendido que la indiferencia mata y que no hay acto más revolucionario que sanar a nuestras infancias.

Irinea desafió a un sistema entero, y su tenacidad abrió caminos que hoy recorremos muchas. Corazones Mágicos comparte con ella esa rebeldía del bien, esa obstinación por reparar lo que otros prefieren no mirar. A veces nos preguntan de dónde nace la fuerza, nace del deber de no ser cómplices del silencio, del deseo de dejar el mundo un poco mejor que como lo recibimos, y de la certeza de que la paz no se decreta: se teje con acciones y empatía.

Mientras existan niñas y niños con miedo, mientras la justicia tarde en llegar, mientras la salud mental siga siendo un lujo y no un derecho, seguiremos aquí, sosteniendo la esperanza. Que el legado de Corazones Mágicos siga marcando el mismo camino: el de quienes creen que una infancia protegida y con buena salud mental, es la raíz más profunda de la paz”.

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