Opinión

Corrupción y futbol

Por: Daniel Muñoz Vega

Nuestra ciudad enloqueció con el fenómeno de los Gallos; la tierra más sufrida del futbol mexicano, tendrá por primera vez en su historia, una final de futbol. Se acabaron los años de penurias, de descensos, de desafiliaciones, de dueños ficticios o dueños estafadores. El Grupo Imagen, nuevo dueño de la franquicia, trajo una bomba llamada Ronaldinho, todo como estrategia para posicionarse fuerte en la búsqueda de la concesión de un canal de televisión abierta. El futbol es un extraño negocio, y es el trampolín con el que se hacen otros negocios.

El futbol es parte fundamental de la mitología del ocio. Yo respeto mucho a los que creen en Dios; por ejemplo, a mi me gusta el futbol, y para darle morfina a la existencia, futbol y religión sirven para lo mismo.  Este fenómeno de masas me parece fantástico desde diferentes perspectivas: esa capacidad de enajenar a las sociedades del mundo es única, la ebullición social dentro de los estadio, la forma como afecta los estado de ánimo de las personas y las lamentables manifestaciones de violencia, todo, me parece digno de la ciencia social. No sé por qué los intelectuales desprecian tanto al futbol, quizá por no comprender las triviales pasiones humanas o por desmarcarse de lo que consideran vulgar. El futbol es tema de todos, hasta de la comunidad intelectual, donde toca nervios sensibles. Los intelectuales pueden destrozarse discutiendo sobre su visión del mundo (sobre las cosas que podrían tener alguna importancia) y a la vez, pueden radicalizar posturas cuando se habla sobre futbol. Parece un pecado mortal que los hombres de letras hablen sobre sus pasiones futbolísticas; de aquí surgen las más encontradas divergencias; el futbol y la responsabilidad del intelectual, si es que hay tal, para muchos, son incompatibles.  Se piensa que toda la enajenación que conlleva el futbol debería ser un blanco de crítica para los intelectuales. Para otros, toda esta enajenación tiene que tener una explicación y una connotación política y social, de la cual, los intelectuales deberían ocuparse. Creo yo, que el papel de intelectual está sobrevalorado y a veces, es ocioso; sin embargo, pienso que en el mundo de las ideas, el futbol también es un tema: el más importante de lo menos importante, como diría Valdano.

El futbol  tiene si duda un lado oscuro y es el que encaja desde la perspectiva del capital; es una voraz industria, deforme y desproporcionada en todas formas. Capaz de hacer ganar a un futbolista 30 ó 40 millones de Euros en un año cuando las marcas patrocinadoras explotan a sus trabajadores en países asiáticos en aras de la producción. Por un lado queda el fenómeno social que lleva al capital, y el capital lleva a la corrupción. Es decir, el ocio, lleva a pagar una entrada al estadio, y todo lo que rodea a la industria, lleva a la subasta de derechos y beneficios, más todo el consumo que se cuelga en el fenómeno. Desde la venta informal de mercancía de imitación hasta los millonarios contratos de transmisión. En un mundo invadido por la corrupción, sería absurdo pensar que el máximo organismo regulador de este deporte, la FIFA, con más países afiliados que la misma ONU, este limpio de sobornos y escándalos. El poder es poder hasta en la FIFA, y hoy vemos a un Joseph Blatter queriéndose postergar un periodo más en la presidencia del organismo, cuando este, se pudre en corrupción.

Exactamente en esta semana, en que miles de queretanos están acampando a fuera del estadio Corregidora por un boleto para la final de futbol, la policía suiza detuvo a 15 altos directivos de la FIFA acusados de corrupción en Estados Unidos, se les imputa sobornos por la contratación de transmisiones televisivas y la elección de sedes mundialistas. Siete de los detenidos son latinoamericanos. A partir de ahora, la asignación de Qatar para el 2022 se vuelve insostenible.  Hay que recordar que México fue sancionado en el año de 1988 por el caso de los cachirules, fue suspendido de cualquier competición mundial.

La corrupción es un mal mundial que lo invade todo. Muchos vieron en Joseph Blatter un talento a la hora de hacer negocios, hizo de la FIFA una máquina de hace dinero, convirtió al organismo en un negocio redondo; es ahí donde todo se pudrió al interior; cuando un mundial de futbol tiene que ser transmitido por televisión de paga, pierde todo sentido la misión de la FIFA que es edificar un futuro mejor mediante el poder del futbol. Fracaso.

Lo lamentable de todo esto, es que la solución al problema de la corrupción en el futbol está en la mano de los espectadores. Sí, es el dinero que genera el consumo de los fanáticos con lo que se pagan los sobornos, el negocio es lo que hace elitista a un deporte tan noble, es por lo que sale en televisión privada, es por lo que las empresas lo corrompieron; así que, no hay mucho que hacer mientras sigamos pegados al televisor, empezando por hoy, cuando iremos a ver el partido de ida de la final entre Santos y Gallos en Torreón, Coahuila.

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