Opinión

CRISIS EN LOS RITUALES CÍVICOS

EL JICOTE

Por: Edmundo González Llaca

Las transformaciones políticas que ha vivido el país han repercutido en el contenido de los rituales cívicos practicados en el pasado, el más claro ejemplo es el Día del Trabajo. Antes el movimiento obrero organizado era un sector más del PRI y el Primero de Mayo se reducía a un desfile en el que los líderes charros ratificaban con el gobierno el pacto de control del movimiento obrero. Los tiempos han cambiado, los trabajadores ciertamente no tienen nada que agradecer a Francisco Domínguez, pero el Día del Trabajo no puede convertirse en la gran oportunidad para insultar y lanzar objetos al Gobernador. Debe ser el día del diálogo, en el que trabajadores, empresarios y gobierno hagan públicamente un diagnóstico y una evaluación de las condiciones del trabajo con las propuestas de cambio respectivas. No el día de: “Vamos a insultar, a tirar y a correr”.

CRISIS. LAS CLASES MEDIAS

Aunque Carlos Marx atribuía únicamente al proletariado la función del cambio de la historia, lo cierto es que son las clases medias las que fijan los valores de la sociedad y las que promueven su transformación; de su dinamismo depende la evolución de las instituciones. La sociedad, dice el presidente Peña Nieto, está de mal humor. El presidente se queda corto, las clases medias están en… furecidas. No es para menos, sus anhelos: el buen coche, el viaje a Disneylandia, el baile de quince años, el título profesional, son cada vez más inaccesibles. El desempleo, las licenciaturas que ya no valen, los salarios bajos las han empobrecido. ¿Qué pasará con su participación política? ¿Su aspiración a un mayor nivel de vida las hará más indiferentes, individualistas y oportunistas? ¿Su pérdida de oportunidades de ascenso económico y educativo las hará más participativas y comprometidas con los más pobres? Las clases medias están angustiadas, frustradas y en crisis.

LA CRISIS DE LAS FORMAS POLÍTICAS

No hay duda que en México desde que consolidó su vida institucional, hasta el día de hoy ha padecido la corrupción, la prepotencia y la arbitrariedad de algunos miembros de su clase política. Creo observar una diferencia. Antes todas las violaciones al Estado de Derecho, las raterías y la desviación de recursos públicos para fines personales del político procuraban encubrirse: sea con el artículo de alguna ley; con la respuesta a una solicitud de la gente o con los también supuestos beneficios sociales. Eso ya ni siquiera se considera necesario, las explicaciones son una vacilada. La Casa Blanca, la de Malinaco, las carreteras con provecho exclusivo a los ranchos de un gobernador o a la casa de un ex presidente. Hay indolencia, desprecio a la inteligencia de la opinión pública y/o cinismo por parte de los abusivos. Se ha perdido el pudor de las formas políticas. Se apuesta simplemente al olvido de la sociedad.

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