Opinión

Crónica marihuanera

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

 

A los gringos les gusta la marihuana verde, nomás la verde, no la negra ni la pelirroja, las que aquí, en México, tienen fama de poner más y mejor

Humberto Padgett León y Dalia Martínez Delgado obtuvieron el Premio Nacional de Periodismo 2011 en la categoría de crónica.

Hoy, cuando se evade la discusión pública sobre las drogas y su complejísima trama sociocultural o se realiza inoculada de prejuicios o truculencias, conviene retomar descripciones como ésta:

 

Uno

Los habitantes de la República Marihuanera son hombres y mujeres de piel oscura, cejas juntas, lengua rápida y temperamento caliente.

Un “comprador” de marihuana… armado y con dos escoltas, fue a comprar marihuana y, cuando la vio, no le gustó. “¡Esta es una chingadera!”, le gritó al campesino y a los campesinos no se les habla así, porque es su trabajo y el de su familia lo que se insulta. El comprador pateó el costal que, como estaba lleno y redondo, rodó. Y rodó a la mierda de un marrano. El campesino sacó una retrocarga y se la puso en la cabeza antes de que los escoltas reaccionaran. “¡No sea usted hijo de su chingada madre y aprenda a tratar a la gente! Si no le gusta mi mercancía, nomás no la compre”, dijo. Los sicarios apuntaron al hombre, pero con el grito salió su familia y vecinos y encañonaron a los guardias. “Se la compro, se la compro toda”, pidió el intermediario. “No sea usted pendejo, si no le gusta, no me compre nada, pero enséñese a hablarle a la gente”.

Dos

Es difícil sacarle la vida al maíz.

“Los campesinos cuentan con el apoyo de mil cien pesos por hectárea a través del Promaf, un programa del Gobierno Federal de apoyo al cultivo de maíz y frijol”. Pero eso no sirve de mucho. Ni lo que la bolsa de semilla mejorada cuesta: un bulto de grano Pioneer, por ejemplo, de 20 kilos, con alrededor de 60 mil semillas, cuesta mil 200 pesos y sirve para cultivar una hectárea con un producto resistente al calor y la sequía.

El precio de garantía del maíz es de dos mil 600 pesos y el costo de producción por hectárea de unos ocho mil 200 pesos, considerando sólo insumos, sin incluir el trabajo de los campesinos. La tierra con mediano potencial en la región ofrece hasta seis toneladas por hectárea y la de bajo rendimiento, poco más de la mitad.

Las cuentas salen sólo si se obtienen más de cuatro toneladas, una suerte que sólo marca a una minoría porque grandes porciones del ejido se encuentran en laderas a donde ni la yunta de bueyes puede entrar, así que aún usan la lanza para agujerar la tierra y dejar caer las semillas. Y al menos una parte de la siembra no se vende, sino que se embodega, a veces en trojes redondas de adobe, para el consumo familiar del año. La mayor parte de los sembradíos en la Tierra Caliente son de temporal, así que se levanta una cosecha al año. Los pocos ejidatarios beneficiarios de un sistema de riego lo pueden hacer hasta dos veces.

 

Tres

Un solo hombre de esta Tierra Caliente llega a sembrar, en diferentes áreas de la sierra, hasta cinco mil plantas (de marihuana). Ninguno trabaja solo. En la labor participan su mujer y sus hijos, incluidos los niños, tal como él mismo fue enseñado por sus padres.

El costo de producción de mil plantas de marihuana es de unos 20 mil pesos, repartidos en semillas, herbicidas, pesticidas y fertilizantes. Con frecuencia, los ejidatarios de la región obtienen de Los Caballeros Templarios el préstamo para adquirir los insumos. Es el crédito a la palabra.

De las mil matas, el sembrador espera obtener entre 300 y 500 kilos, lo que, de acuerdo con la calidad obtenida y al precio negociado con el acaparador, reditúa entre 90 mil y 150 mil pesos por temporada.

Cuatro

Los hombres viejos y de mediana edad mantienen en uso el pantalón flojo y la camisa blanca desfajada y desabotonada, con frecuencia hasta el ombligo, y los huaraches de dos correas de cuero.

El aumento de la rudeza de las autoridades migratorias en Estados Unidos incidió también en el engrosamiento de las filas de la narcoeconomía de la Tierra Caliente: cada deportado sin trabajo en la región se convierte en campesino, halcón o sicario.

Los jóvenes usan cada vez más pantalones de varias tallas más grandes que la requerida por su cintura, playeras holgadas y gorras de lado. Algunos ya traen tatuado en el cuerpo el paso por una pandilla de Los Ángeles o Chicago.

Cinco

Si se atiende a todos los criterios vigentes, la República Marihuanera está integrada por 24 municipios michoacanos. De Guerrero se incluye a nueve más y un municipio adicional del Estado de México, con la misma inclinación a la siembra de marihuana que sus vecinos.

Y Seis

Nosotros no fumamos ni tabaco, no tomamos alcohol. Hacemos las cosas en nuestros cinco sentidos, porque en el decálogo de Los Caballeros Templarios la adicción está proscrita y castigada.

(El texto completo se puede leer en http://www.periodismo.org.mx/Ganadores/2011/3_Cronica/Cronica_PNP2011.pdf)

rivonrl@gmail.com


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