Opinión

Cuidar nuestro dinero: ¿asunto sólo de educación financiera?

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Hace décadas me sorprendió un chico de ocho años que puso en el mostrador de una papelería un montoncito de monedas y preguntó a la dependiente: “¿para qué me alcanza?”. La empleada, extrañada, propuso al niño algo inusual: “Ve y piensa primero lo que quieres comprar y cuando ya lo sepas, regresas”. Lo que se esperaría de la vendedora es simplemente que le ofreciera al chavo cualquier objeto, aprovechando su descuido.

La propuesta “piensa primero qué quieres comprar” implica una acción de educación financiera, que difícilmente será ejercida, en el sistema capitalista, por los vendedores y mucho menos por los empresarios. En tal sistema, el principal afán es obtener las mayores ganancias invirtiendo lo menos posible. Dar un buen servicio pasa a segundo plano. Tampoco importan mucho las nefastas consecuencias de esa forma de proceder, para la población o para la naturaleza.

Por eso resulta urgente que, no sólo los potenciales compradores, también los micro, pequeños y medianos empresarios y vendedores, críticos del capitalismo, hagamos algo para saber más sobre el tema y cuidar lo poco que tenemos, en este sistema neoliberal en el que dizque “cada individuo tiene el derecho de enriquecerse sin límites” (claro, sólo si tiene el poder y no le importa transar al resto).

No estoy segura de que cargarles la mano nuevamente a los maestros con esa otra asignatura transversal (“Educación financiera”), prevista en la Reforma integral de la educación básica, resuelva el problema. La educación financiera trasciende con mucho el ámbito escolar y debieran ejercerla con mayor empeño organismos como la CONDUSEF (Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de las Instituciones Financieras) y a la PROFECO (Procuraduría Federal del Consumidor), mediante fuertes y sistemáticas campañas en todos los medios masivos. La información que recibe el público de dichas instituciones es harto limitada, considerando el enorme embate del mercado, empeñado en conseguir a toda costa que la gente gaste su dinero en lo que sea.

Las campañas de educación financiera son mucho más importantes que todos esos promocionales anodinos de gobierno, que invitan a los mexicanos a sentirse orgullosos de serlo. Sin embargo, esto no basta. Se requieren múltiples acciones de regulación empresarial que nuestros gobiernos neoliberales simplemente no están dispuestos a emprender.

El quiebre de la caja “30 de Agosto” es un ejemplo de la vulnerabilidad de gran parte de la población mexicana. Sus usuarios, recriminados “por su ignorancia financiera”, adquieren sentimientos de culpa individual, “por no fijarse bien dónde guardan su dinero”. Así, el Estado capitalista evade toda responsabilidad, alegando que no le toca intervenir en “pleitos entre particulares” (el FOBAPROA, para rescatar la Gran Banca corrupta, fue otro asunto).

¿Qué Estado de derecho es éste que permite a una caja de ahorro, con cerca de 12 mil usuarios, operar durante cuarenta años de manera “irregular”? ¿Por qué ni la CONDUCEF, ni la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (“órgano que tiene como papel principal supervisar y regular a las entidades que conforman el sistema financiero mexicano, a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, así como mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo del sistema financiero en su conjunto, en protección de los intereses del público”) advirtieron de dicha irregularidad a los ahora defraudados?

Se ha señalado que son constantes los quiebres de las cajas populares, por diversos motivos, pero ¿qué alternativas tiene la población?

Las Afores perfectamente reguladas son otra fuente de desfalco. Muchos trabajadores fueron obligados a afiliarse a alguna, y cuando protestan porque su última cuenta refleja pérdidas por varias decenas de miles de pesos, les responden que eso es “normal, por la volatilidad de la bolsa”. Cuando logran pensionarse, reciben la tercera parte de lo que registraba su cuenta, porque “así es”. Ya la Auditoría Superior de la Federación advirtió que ese sistema no sólo “representa un riesgo para las finanzas públicas”, sino que “la mayoría de los trabajadores sólo tiene garantizada una pensión del 35% de su salario”. ¿Y?

¿A dónde va a parar el dinero que pierde la gente por los movimientos de la bolsa, los quiebres, desfalcos, boquetes financieros y demás? ¿Nadie lo sabe realmente?

La escandalosa biografía de J. Volpi “Memorial del engaño” (Ed. Alfaguara) revela el cinismo propio de los “amos del universo”, aquellos brillantes hombres de negocios, inversionistas, reguladores, políticos y demás, que lucraron sin límites durante la famosa “burbuja inmobiliaria”. Truhanes similares están detrás de muchos de los desfalcos a la ciudadanía.

Con frecuencia, los medios publican noticias sobre las cuantiosísimas ganancias que logra sistemáticamente la Gran Banca, en especial en tiempos de crisis. ¿De dónde las obtiene?

La respuesta no es otra más que del agio “legal”, propio de nuestro flamante Estado de derecho neoliberal.

Por eso y a pesar de todo, las cajas populares de ahorro y préstamo deben seguir existiendo y deseo que la nueva y valiente administración de la “30 de Agosto” logre su cometido.

¿Cómo evitar que las instituciones financieras se vuelquen contra sus usuarios? es un desafío que habremos de enfrentar todos, en el proceso de construcción de una economía alternativa al capitalismo.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba