Opinión

Curso urgente de política para la gente decente

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

Metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

El título de este escrito corresponde a un libro de Juan Carlos Monedero, que es especialista en Ciencias Políticas y Sociales, profesor invitado en muchas universidades de Latinoamérica y Europa, ponente central en las Naciones Unidas en el Día Internacional de la Democracia (2010); también es uno de los más importantes impulsores del movimiento español, “Podemos”, a cuya dirección dimitió en 2015, tras un fuerte debate, por considerar que su última estrategia abandonó el espíritu inicial del mismo.

¿Quiénes son los “decentes”? Monedero sugiere que todos aquellos que trabajan para vivir, sin aprovecharse de los demás; los que no hacen trampa para conseguir privilegios ni ventajas; los que ven y tratan a los demás con respeto; los que se niegan a participar en actos de corrupción. Los indecentes son, en cambio, ese 1% de mega millonarios a los que se refieren los estudios de Raymundo Campos: “The Rise and Fall of Income Inequality in México, 1989-2010”; los de Ricardo Raphael: “Reporte sobre la discriminación en México” y “El Mirreynato”, o los de Oxfam: “Gobernar para las élites; secuestro democrático y desigualdad económica”; “Desigualdad extrema en México: Concentración del poder económico y político”; “Una economía al servicio del 1%”,  entre otros.

La tremenda desigualdad se expresa, por ejemplo en el hecho de que, en México, el 6% de la población gana más de 85 mil pesos mensuales, hasta llegar, en algunos casos, a 2 millones 500 mil pesos mensuales (¡!), como el director general del banco BBV Bancomer, según informó el economista Miguel del Castillo en la revista Este País, en enero de 2012; mientras que el 35% sobrevive con menos de 2,700 pesos mensuales.

Esos millonarios no sólo se han adueñando de la riqueza mundial, impunemente, diseñando sofisticadas leyes que autorizan a sus grandes consorcios la acumulación por despojo, sino que están poniendo en peligro la vida misma en el planeta. Para colmo, se dan el lujo de “estar bien con Dios”, en su fuero interno e impulsar la moral de la población, mediante la “educación en valores Televisa” o “Coca Cola”.

Creo, sin embargo que no sólo “esos” ricos son indecentes.

Aunque necesario, no basta señalar a esa casta mítica de “malvados”, insensibles, que actúan como titiriteros del mundo, y luego dormir el sueño de los justos. También tenemos algo de indecencia el resto de los ciudadanos, con diferentes grados de responsabilidad, cuando permitimos que ellos actúen sin oponer (casi) ningún freno.

Sean Penn admitió su indecencia, al ser interpelado por su osadía de entrevistar al El Chapo: “…Me siento cómplice en el sufrimiento que está ocurriendo, porque ni estoy pensando en eso todos los días, ni estoy viendo estas leyes que no muestran avances… Entonces estoy volteando a otro lado…”

Es fácil presumir inocencia, y dividir al mundo en “buenos” y “malos”, como hacen los políticos que nos gobiernan, cuando acusan: “ellos son los corruptos y nosotros somos la opción”. Es fácil cerrar los ojos o ver hacia otro lado, sin pensar de dónde viene lo que sostiene nuestro estilo de vida. Dormimos en paz, en parte, por nuestra crasa ignorancia, que nos impide ver, que buena parte de nuestras comodidades, de los alimentos que ingerimos, de las casas que ocupamos, de los lugares que habitamos, la ropa que vestimos, los vehículos que usamos, los supermercados donde compramos, y de muchas cosas más, están sostenidos por una cadena productiva, cuyos eslabones sangran corrupción, esclavitud y muerte. O sí sabemos, pero como sucede con la campaña contra el tabaquismo, seguimos fumando sin que nos toque lo que sabemos.

“Nada podemos hacer” es la forma fácil de evitar el remordimiento que esta situación generaría, si tuviésemos mayor conciencia.

Según Bertolt Brecht, “el peor analfabeto es el analfabeto político, que no oye, no habla ni participa de los acontecimientos políticos…” ni se entera de nada de esto.

Al menos podríamos reunirnos con los amigos y charlar sobre lo que está pasando. Al menos podríamos organizar tertulias (como lo hace Monedero en “La Tuerka”), para disfrutar del arte, la convivencia, y discutir libros como el “Curso urgente de política para gente decente”.

 

 

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