Opinión

De bono a pagaré demográfico

Por: Gabriel Morales López

Decía el poeta nayarita Amado Nervo: “cada quien es arquitecto de su propio destino”. Sin embargo, de vez en cuando se presentan oportunidades de una sola vez en la vida. En caso de aprovecharlas, la vida puede dar un vuelco radical.

Esa encrucijada se le presentó a México en la segunda década del siglo XXI: el bono demográfico. Más allá del discurso triunfalista, la verdadera oportunidad de mover a México es el oportuno aprovechamiento del bono demográfico para generar riqueza.

El Consejo Nacional de Población (Conapo) define al bono demográfico como el fenómeno que se da dentro del proceso de transición demográfica en el que la población en edad de trabajar es mayor que la dependiente (niños y adultos mayores), y por tanto, el potencial productivo de la economía es mayor.

El fenómeno, de acuerdo con las estimaciones, se ubicará, principalmente, entre los años 2000 y 2030, cuando por cada 100 personas en edad productiva haya un poco menos de 50 en edad inactiva.

Esta ventana de oportunidad demográfica pueden ser un factor de desarrollo para los países, siempre y cuando se aproveche, es decir, que la población económicamente activa encuentre empleo, genere riqueza y ahorro para que al pasar a la siguiente etapa de la onda —el envejecimiento de la población— el bono poblacional no se transforme en una pesado pagaré.

En México, según el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se está desperdiciando este bono demográfico.

Durante los últimos años la economía ha tenido un crecimiento modesto, lejos de estar a la par del ritmo de crecimiento poblacional. Esto quiere decir que la actividad económica no está generando los suficientes puestos de trabajo para quienes están en edad de trabajar.

Los grupos de edad que integran el “bono” no están encontrando oportunidades de empleo formal en el país, se han volcado están a la economía informal —en la que no hay esquemas de seguridad y ahorro para el retiro— o están migrando hacia el mercado mundial, particularmente Estados Unidos.

En nuestro país, la tasa de informalidad durante el primer trimestre del 2014 ascendió a 58.2% de la Población Económicamente Activa (PEA), mientras que datos del INEGI apuntan que sólo 56.9% de los adolescentes de 15 a 19 años, y 22% de los jóvenes de 20 a 24 años, asisten a la escuela.

Y aunque los migrantes envíen remesas, éstas siempre son una parte marginal de su salario que, de gastarse íntegro en México, podría mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Además, las remesas suelen emplearse para el consumo inmediato, no para crear infraestructura. Compramos peces en lugar de redes para pescar.

Tal vez esa incapacidad estructural de México —y de la cual Querétaro no escapa— explique por qué en nuestro estado se baten récords de “generación de empleos” al tiempo de que la tasa de desempleo se encuentre hoy por hoy en niveles superiores al 6%, por encima del rango del 4% previos a la crisis económica mundial de los años 2008-2009, de acuerdo con datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social para el presente mes de octubre. (Ver http://www.stps.gob.mx/bp/secciones/conoce/areas_atencion/areas_atencion/web/pdf/perfiles/perfil%20queretaro.pdf)

Durante el año 2015 se ha de levantar un conteo de población, una nueva fotografía del país. Será lamentable ver que esa ventana de oportunidad se está cerrando sin que la hayamos aprovechado como nación y veamos como se va suscribiendo una deuda que no estaremos en condiciones de pagar.

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