Opinión

De la Poesía y la Pedagogía de la indignación a la Pedagogía de la esperanza

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

Terminó la incertidumbre para algunos y se confirmó lo esperado, para otros. No bastaron, para convencer al pueblo de México, todos los esfuerzos, todos los foros, todas las visitas casa por casa, todas las lecciones de El Chamuco, todos los artículos de opinión de destacados analistas, todas las mesas redondas televisadas; ni bastaron las múltiples visitas de “El Peje” a todos los municipios del país, ni los trabajos y el compromiso de su gabinete, ni las entusiastas y aguerridas manifestaciones antipeñistas del #YoSoy132, ni las discusiones en las redes sociales, ni las acciones de Morena, ni de la OPT, ni las conferencias, ni las conversaciones entre amigos, ni los millones de pesos gastados en propaganda electoral, ni las multitudinarias manifestaciones populares, ni la labor hormiga de los entusiastas convencidos de que México necesita un gobierno de izquierda, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Al común de la gente no la mueve la inteligencia, ni las ideas abstractas como la del Proyecto Alternativo de Nación o la del Cambio Verdadero. Lo que mueve a la gente son cosas mucho más prosaicas: las telenovelas, una foto con dedicatoria del “guapote” (sic), las tarjetas de plástico cargadas con mil pesos, las despensas, las mochilas escolares donadas por el PRI, los créditos bancarios sin aval, los billetes. También la mueven las mentiras, las amenazas y el miedo: “Si gana AMLO, como es comunista, vas a tener que compartir tu casa con gente de la calle” (sic); “votar por la izquierda es pecado porque la izquierda está contra la vida y la familia” (sic); “si gana AMLO habrá más sangre” (sic); “si gana AMLO, se vendrá una represión religiosa como la que hubo con los cristeros” (sic); “si gana AMLO, la chusma, los homosexuales y las abortistas pervertirán la moral y los valores familiares” (sic); “¿qué prefieres, joder o que te jodan?” (sic). Ideas como éstas iban y venían entre mis vecinos, en una de las más antiguas comunidades queretanas.

También ganan la desmemoria, la inercia y la ignorancia: “Si siempre he votado por el PRI, ¿por que ahora habría de votar diferente?”

Lo que resulta extraño es que no hayan hecho mella en todos los votantes “persignados”, las múltiples denuncias que ha tenido Peña Nieto por la extraña muerte de su primera esposa; por sus múltiples infidelidades (incluidas con varones); por sus hijos fuera del matrimonio; por los feminicidios en el Estado de México, mientras fue gobernante; por las gravísimas agresiones al pueblo de Atenco; por sus abusos y derroches; por sus contubernios con poderosos delincuentes, tipo Carlos Salinas, Arturo Montiel, los Hank, Elba Esther Gordillo, etcétera.

Carita mata a razones. Su imagen, construida por Televisa o el reporte de su visita al Papa pudieron más que el pensamiento crítico.

Tampoco ganaron la férrea vigilancia en la mayoría de las casillas electorales, ni las múltiples denuncias de los ciudadanos ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) por todas las irregularidades observadas; ni las delaciones del operativo Ágora, con el que la cúpula del SNTE se propuso conseguir al menos cinco millones de votantes para el PRI (Laura Poy, La Jornada, 27 de junio de 2012). A las personas a quienes toca ejercer el papel de “autoridades” no siempre las mueven los principios democráticos, ni las protestas ciudadanas. Como seres humanos comunes y corrientes, también las mueve la ambición o las paraliza el miedo.

Hace unos meses, Eduardo Galeano exponía en Madrid su último libro, en un acto llamado Poesía de la indignación. Varios años antes, Paulo Freire había publicado otro libro en una lógica similar, su Pedagogía de la indignación. Para muchos, la indignación es todo lo que nos queda, al conocer los resultados electorales del proceso que está por concluir. Pero la Poesía y la Pedagogía de la indignación de Galeano y Freire, al contrario de ser sólo movimientos de enojo y catarsis, constituyen el motor de una nueva esperanza.

Galeano dice, en su poesía indignada, lo siguiente: “Ojalá podamos ser dignos de la desesperada esperanza (…) Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados. Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas, las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego…”

metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

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