Opinión

De la subordinación a la coacción, libertad de expresión y elecciones.

Por: Gabriel A. Corral Velázquez

Estamos a poco menos de tres semanas para la jornada electoral. Durante este proceso hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que sin duda nos darán material para el análisis y en ello dar cuenta del avance o retroceso del proceso de democratización por el cual transita el país. En un primer corte puedo adelantar que, a reserva de sostenerlo empíricamente, los procesos electorales en el país en general y en Querétaro en lo particular se encuentran en una mediocridad que hasta al más optimista decepcionarían. Las plataformas electorales son prácticamente inexistentes, los posicionamientos ideológicos (ser de derecha o de izquierda) son desechables y las discusiones se sostienen a partir de infumables frases de mercadotecnia barata. En fin, que el ímpetu democratizador de hace quince o veinte años se reduce a un lejano pensamiento plagado de nostalgia.

En ello también se encuentra la prensa. En 1997 (año que sirve en mi análisis como punto de partida por la alternancia electoral en el estado y por ser la primera elección con un Instituto Federal Electoral ciudadanizado y no solo ciudadanizado, también legitimado en la opinión pública) la prensa en Querétaro se reducía a dos periódicos diarios (Noticias y Diario de Querétaro) En ese tiempo, la “agenda” y la línea editorial se definía a partir de acuerdos de subordinación política y de mecanismos de control perfectamente establecidos por el gobierno de estado en acuerdo con los directores de los diarios. Nada que sorprendiera a nadie puesto que las “reglas de juego” estaban claras y simplemente se replicaba lo que sucedía a nivel nacional. El control del papel periódico lo manejaba la empresa nacional (de gobierno) PIPSA y con ella podía manejar a placer a los dueños de los medios de comunicación impresa. Al mismo tiempo en estos mecanismos de control gubernamental del régimen “priista” hay que agregar el “premio nacional de periodismo” y el día de la libertad de expresión que año con año encabezaba el presidente de la república y en las entidades federativas el gobernador del estado. Para el año 2003 la oferta de diarios se duplicó y para 2015 contamos ya con seis diarios de circulación local.

Como parte del ímpetu democratizador, una de las esperanzas era que la oferta diaria en la entidad creciera. Imaginábamos que con más publicaciones las líneas editoriales se diversificarían y tendríamos mejores contrapesos políticos. Nada de eso ha sucedido. En este proceso electoral hemos dado cuenta que pese a haber triplicado la oferta diaria en un lapso de veinte años, las rutinas de producción informativa y las carencias que señalamos en 1997, no solo se han reproducido sino que además se han convertido en mecanismos de coacción económica que han trasformado a las publicaciones diarias en negocios y monedas de cambio con las cuales se comercia la libertad de expresión. En las últimas semanas, el candidato del partido en el gobierno ha pagado “encartes publicitarios” que lo único que demuestran es que la profunda colusión de intereses económicos entre medios y gobierno en turno (esto mismo ha pasado en 2003 y 2009) lastimando los valores de la profesión periodística y la libertad de expresión.

Señalar esto como una falta grave y un retroceso en el proceso de democratización en la entidad no es suficiente. Me parece que hace falta una plena organización de periodistas comprometidos con su profesión y con defender la integridad del gremio. Por otro lado hacen falta mecanismos que permitan al ciudadano involucrarse de manera clara en los proceso de deliberación pública. Los medios parecen alejados del ciudadano común, están al servicio del gobierno pero han dejado de ser espacios de debate incluyente. En estas campañas y en las anteriores, quien habla es el político, quien promete es el candidato, pero en ningún momento aparecen las demandas ciudadanas.

Este proceso electoral, a juicio de quien escribe, ha sacado la peor parte de los medios locales. Urge rediseñar la estrategia de medios y redefinir el papel de la prensa diaria. Encartes como los de las semanas pasadas, enjuiciamientos públicos impunes, filtraciones y señalamientos sin pruebas apelando a la “libertad de expresión” lastiman el lento proceso de democratización que vivimos en el país.

Los medios de comunicación deben estar de parte de la ciudadanía y de quienes aspiramos a construir un debate público incluyente. Lamentablemente en este proceso electoral, la prensa diaria en Querétaro ha mostrado, junto con quien promueve sus intereses económicos, una profunda lejanía de la opinión pública.

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