Opinión

De las minucias urbanas…

Por: Manuel Guzmán Treviño

“Si tienes algo que escribir, escribe; si no tienes algo que escribir, también escribe…” hasta parece un mandamiento, tarea y defensa para la ciudadanía: escribir para leer, principio y meta del bien común.

Las obras en la capital, siguen a todo lo que da la ocurrencia de las autoridades y a todo lo que da la cándida paciencia ciudadana. En días pasados escuché la fantabulosa noticia de que ahora avenida Constituyentes, desde la Universidad Cuauhtémoc hasta Balvanera, una vez más será objeto de remodelación en el supuesto de resolver el espeluznante tráfico vehicular que ya se ha tornado irreversible.

Cuando llegué a Querétaro, la exigua población de entonces que no rebasaba los 120 mil habitantes, se encontraba en convalecencia por la megaobra que el gobernador en turno acababa de inaugurar: la avenida Corregidora, cuya circulación es la que ahora conocemos desde Zaragoza hasta el río, ahora Universidad.

Después, hermosearon las inmediaciones del teatro de la República y haciendo gala de la técnica ingenieril movían piedra por piedra el balcón del siglo XVIII que adornaba la contra esquina del teatro. Hermosearon el andador Libertad con camelinas por doquier, quitando los faroles que raquíticamente alumbraban, sin calcular que sería paradero de los artesanos que hoy la pueblan.

Simultáneamente, 5 de Mayo deja de ser calle para pasar a ser lo que ahora la juventud llama ‘Antro Bar Street’; igualmente las calles de 16 de Septiembre y Vergara dejan de serlo y ahora se conocen como ‘El Mercado Bagdad del Sangremal’; el mercado de la Cruz deja su residencia de la plaza Fundadores para pasar a ocupar su nuevo recinto, mudanza no sin presentar tintes de violencia al haberse desatado “accidentalmente” un gran incendio dentro del mismo mercado y las calles aledañas.

Poco tiempo después alguien volteó a ver a la pueblerina avenida Zaragoza y se dictaminó que tanto camellón y banquetas así como árboles que por ahí habían crecido, ahora estorbaban y de la noche a la mañana dicha avenida parecía un campo minado producto del paso de unos Advengers por nuestra muy noble y leal ciudad.

Ya ni qué mencionar, las excavaciones anuales de las empresas de telefonía, gas entubado, drenaje, agua hacían como de rutina y ordinario. Lo maravilloso fue aquella obra que levantó casi en su totalidad todo el adoquín del primer cuadro: “Puliendo nuestras Joyas” y la consagración de frases que pretendían atenuar la tensión que generan obras que no resuelven lo que se dice que resolverán fue el lema en la ampliación de la banqueta de la calle de Ocampo (desde Zaragoza hasta Madero): “Calle ahora o camine para siempre…”.

La obra que nos prometieron sería la última en el primer cuadro, (el cableado subterráneo) de una a otra administración se tiraban la pelota de las responsabilidades, los dineros y la ejecución que tal empresa exigía, meses, años y molestias que de una y otra forma la ciudadanía apechugó.

Igual habría que mencionar, imposible olvidar la obra de los puentes de “segundo piso” en 5 de Febrero y Constituyentes, súper desquiciante: “Las molestias temporales a cambio de beneficios permanentes”. Cuando el acto rebasa la razón la coronación de lo insulso e insulto podría ser: “Gracias por su Comprensión”.

La obra monumental construida en Universidad y Bernardo Quintana es un puente que va a solucionar la vialidad y los cuellos de botella de esa zona, dijeron, quedarán disueltos, sin embargo, observé la imposición de un nutrido número de semáforos, lo cual promete un augurio negativo para las intenciones de la obra ya que en un crucero de arterias importantes se imponen semáforos para que crucen autos en tres y cuatro direcciones, el resultado predecible es el de quedar atrapados por lo menos un minuto y treinta segundos

En el crucero de Galindas y Tlacote, he llegado a contar sin variación significativa el paso entre 40 y 50 autos en treinta segundos y si se multiplica por las casi tres horas que dura la hora pico matutina, es decir entre las 6:45 y las 9:30 horas, la cantidad de autos embotellada resulta ociosa mencionarla, mejor aún, calculemos la media del tamaño de las dos y tres colas de autos que se juntan para esperar paso por ese crucero, en mi calculo reservado veo, sin pecar de exageración colas de autos de entre 750 y mil metros de extensión (si lo dudan hagan la prueba un día común y corriente de clases)

¿Cómo será el paso vehicular de los autos que van de poniente a oriente en Universidad? ¿Será mejor la circulación por la lateral de Bernardo Quintana a la altura de Álamos hasta los Arcos? ¿Son necesarios los semáforos? ¿Son necesarios los puentes? ¿Para quién son indispensables las obras? ¿Cuál es el verdadero problema por enfrentar y remediar?

Las obras programadas para el 2017 sin duda continúan en la línea indeformable de exacerbar la paciencia de la población ¿Alguien ha considerado que por más de cuarenta años la población de Querétaro ha estado sometida a un estrés constante, intenso y sistemático generado por obras que ofrecen “beneficios permanentes”? ¿Se consideran y calculan las implicaciones que este día a día en obras permanentes representa para la gente? ¿Para este tipo de obras, qué acaso no es el momento justo y necesario para realizar una consulta popular tipo un plebiscito?

Estas, como miles más sólo son minucias urbanas…

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