Opinión

De lo Infraordinario

Por: Manuel Guzmán Treviño

 

PARA DESTACAR: ‘Lo Infraordinario’; decía Nettel, es “dar cuenta de aquello que miramos y que nos avergüenza, aquello de cada quien que no nos gusta…”. Yo lo reinterpreté como aquello que subyace y sostiene a lo que está oculto de lo que se ve, pero se desprecia.

 

En el pasado “Hay Festival” tuve la oportunidad de escuchar a Guadalupe Nettel, de México, y a Juan Cárdenas, de Colombia, en la misma mesa. Como era de esperar, hablaron de sus últimos libros y dentro de esa temática mencionaron un concepto que llamó mi atención; es en sí el nombre, tal y como titulo este artículo:

‘Lo Infraordinario’; ella decía es “dar cuenta de aquello que miramos y que nos avergüenza, aquello de cada quien que no nos gusta…”. Y yo reinterpreté como aquello que subyace, aquello que sostiene a lo que está oculto de lo que se ve, pero se desprecia. Sugiere un universo paralelo, algo así como la “dimensión desconocida” pero que en realidad es tangible.

 

‘Lo infraordinario’ escuchado en boca de dos personas que dedican su vida a escribir, leer y escribir pasó a ser en mis oídos algo extraordinario, ya que en mi cotidianidad docente hago énfasis en la recomendación a estudiantes de mis seminarios que presenten especial atención en la minucias, en las cosas y hechos que aparentemente “no tienen la menor importancia” y resultan ser vértice de los grandes acontecimientos.

Por ejemplo, me gusta pensar y sugerir la presencia de estas minucias e insignificancias en la historia de la ciencia a los microbios de Luis Pasteur; los átomos, los electrones y protones que dan forma y explicación a la tabla periódica de los elementos; los lapsus y equívocos de Freud; la radioactividad de Marie Curie, y muchos más científicos que tuvieron la curiosidad de ver “más allá de lo evidente” y ofrecer a la humanidad un sesgo de vida diferente.

Regresando con la mancuerna de ponentes del Hay Festival, y en el concepto que me atrapó, ‘Lo Infraordinario’, citaron a otro escritor, francés, fallecido en 1982 y cuyo nombre es Georges Perec; este autor es a quien se le atribuye el término, dejándolo explicitado en su pequeño texto del mismo nombre: ‘Lo Infraordinario’ (Eterna Cadencia, Editora 2013).

Hay que leer el pequeño libro que este autor da a sus lectores y así dimensionar y apropiarse de la importancia que tiene la vida existente en el inframundo del mundo que caminamos y vivimos día a día y al compás de la postmodernidad del celular, el iPod, la corrupción y la impunidad.

No hace mucho escuché en la radio una aseveración que dice, a propósito del desquiciamiento citadino provocado por las múltiples obras de vialidad, que en el primer cuadro de la ciudad se están realizando, palabras más, palabras menos: “el desarrollo y crecimiento de los pueblos se mide en el número de las calles asfaltadas…” y efectivamente, los últimos meses hemos visto y padecido esta fiebre de “asfaltación” de diferentes avenidas de la ciudad. Por cierto, una cosa es desarrollo y otra cosa es crecimiento en expansión pintado de ‘desarrollo social’.

Mencionaría una avenida en particular, una que circulo diariamente y por lo menos un par de veces al día de ida y vuelta y de sur a norte principalmente: La lateral de 5 de Febrero, entre Epigmenio González y Bernardo Quintana; esta arteria asfáltica es un arroyo vehicular que tiene en su trazo una serie de ondulaciones generadas, según dice la voz autorizada, principalmente por fallas geológicas, mismas que le da un cierto aire nostálgico, entre vacacional y emocionante que nos invita a recordar el recorrido turístico que se hace en lanchones entre el muelle de Pátzcuaro, inundado de lirios y la emblemática isla de Janitzio donde la efigie del Generalísimo José María Morelos levanta su mano como diciendo “¿Qué tal, qué les pareció el oleaje?”.

En fin, esta peculiar ingeniería de mecánica de suelos en movimiento, se suma a lo otro ‘infraordinario’ de la lateral de la mencionada avenida: las alcantarillas, en dicho trayecto existen 16 de ellas, mismas que se encuentran, todas ellas, a diferentes desniveles de profundidades y que oscilan entre 5 y 15 centímetros.

La profundidad de los desniveles en que se encuentran las alcantarillas se ve doblemente riesgosa porque no están alineadas de manera uniforme, tomando como referencia la banqueta, los hoyos alcantarilladas simulan una serpiente movilizándose por las dunas de cualquier área del desierto de Sonora, no bien se trata de esquivar una cuando ya se está encima de la otra y luego de otra y otra dos y la otra más y algún hoyo sin que sea alcantarilla.

 

Lo cierto es que la ciudadanía en automóvil tienen dos opciones, bueno, tres: Zigzaguean para evitar caer en la trampa y ahí se muestran habilidades al volante que no se tienen. Dejan que su auto, sus llantas y suspensión muestren la resistencia y fortaleza con la que están hechos y pagar de su propia cartera los daños causados o se denuncia como un detalle ‘infraordinario’ la ineficacia asfáltica de esta ciudad en crecimiento ¿decadente?

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