Opinión

De revoluciones a revoluciones

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

La “revolución” se define como un cambio violento, rápido y profundo en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación. Se relaciona con otros vocablos como: rebelión, revuelta, sublevación, motín, insurrección, alzamiento y otros, que suelen aplicarse a movimientos de grupos que padecen condiciones insufribles de opresión o injusticia.

Son muchas las causas de las revoluciones y muy distintas las narrativas que las sostienen. En general, se relacionan con el derramamiento de sangre. Éste se justifica cuando parece no haber otro camino para el cambio. Es muy difícil, por ejemplo, que un tirano acceda a dejar el poder sólo porque otros se lo exijan.

Algunas revoluciones no tienen carácter sanguinario o su violencia no es tan evidente; tal es el caso de la revolución industrial o la científica-tecnológica, que han provocado cambios radicales en nuestra forma de comprender el mundo entero.

¿Qué clase de revolución buscan los yihadistas con su “guerra santa”? ¿de dónde les nace tanto odio, qué los lleva a inmolarse y masacrar a cientos de civiles inocentes, vulnerables, con tal de destruir al enemigo? Una respuesta simple es: “porque son crueles terroristas y enemigos de la democracia”.
Para quienes no sabemos del tema, es muy difícil desmenuzar las distintas historias, enredadas en ese conflicto además de la Yihada: los viejos pleitos entre parientes de Mahoma, los conflictos de la primavera árabe; las reacciones del Islam radical contra Occidente imperial, por irrumpir, violar y corromper a sus países y culturas; la guerra talibán de Afganistán, las pugnas-contubernios entre EEUU, Europa y Medio Oriente por el control del petróleo y otros tesoros territoriales, etc.  

Es más cómodo tragarse la versión comercial, que separa a “musulmanes malos” de “occidentales civilizados”.

Los relatos morbosos comerciales convienen a quienes dirigen nuestras vidas. Así es más fácil distraernos de nuestros dramas nacionales o compararlos con los “peores” de fuera.  

Así se facilita poner de moda versiones que desprestigian los movimientos populares, como el de la Revolución Mexicana, “impulsada, por un montón de bandoleros y otro montón de ilusos, contra un individuo que, en realidad no fue tan malo, pues impulsó el desarrollo nacional”. (P. e.: el best seller-chatarra “Los mitos que nos dieron patria” de Zinzunegui).

Así es más fácil inocular en el populacho, terror y repudio frente a cualquier manifestación de inconformidad contra el injusto “orden” mundial imperante.

Así es más fácil que la gente repita, con Peña Nieto, “¡Ay, ya chole con tus quejas!”, “mejor aprovecha el Buen Fin” (curiosamente cercano al 20 de noviembre).

Así es más fácil que la gente “entienda”, por qué la ley es tan  dura, y trata como “criminales” a los maestros normalistas, que defienden la escuela pública,

No cambio de tema. Hablo de los distintos fines de las revoluciones. La revolución comercial de Occidente, en su versión neoliberal, nos aliena y confunde.  

Poner el acento en la masacre de París o en “El Buen Fin”, facilita ocultar que la Revolución Mexicana del 1910-17, no fue sólo contra el bigote de Díaz, sino, sobre todo, contra los grandes monopolios extranjeros, industriales, comerciales, acaparadores o acumuladores de riqueza, que esclavizaban, (y siguen esclavizando) a campesinos y mineros; pues fueron protegidos por la ley del 30 de mayo de 1893, y recibieron toda clase concesiones y exenciones fiscales.

En contra de dichos privilegios, la Constitución del 17 estableció, que: la ley “castigará severamente y con eficacia, toda concentración y acaparamiento, en una o pocas manos y todo lo que constituya una ventaja indebida en favor de una o varias personas determinadas y con prejuicio del público en general,…”

Así se impide que la gente relacione la ley de 1893, con el Pacto por México.  

La forma como los dueños de los medios comerciales focalizan ciertos acontecimientos y minimizan otros (como el grave sufrimiento que causa a la población el sistema neoliberal), no es inocua y debiéramos estar más atentos a la forma como sus negros y egoístas intereses manipulan nuestros afectos.

 

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