Opinión

De transformaciones profundas; de mayorías y minorías

Por: María del Carmen Vicencio

 

“Muy buenos días a todos y a todas ustedes (…) A nueve meses de inicio de este gobierno rindo cuentas a la nación…”, (y a Obama que me espía).

 

(Telón de fondo en la memoria colectiva: miles de tarjetas Monex/Soriana. El día anterior, con la entrega del informe al Congreso, un enorme dispositivo de seguridad: “6 mil policías capitalinos, 2 mil federales, 3 mil bancarios, 2 mil del Estado de México, un cuerpo antimotines, un batallón de granaderos, un regimiento de la policía montada, un helicóptero, 2 tanquetas de agua, cercos de seguridad con vallas de 3 metros de altura y una unidad del ejército mexicano…” Magú, La Jornada, 02/09/2013).

“Desde el primero de diciembre me comprometí a impulsar los cambios de fondo que necesita el país. Expresé que no sólo veníamos a administrar, sino a transformar a México…”.

¡Qué rollazo de Peña Nieto! Sólo que entender lo que ocultan sus bellas palabras implica un esfuerzo cognitivo especial, para ese sector poblacional que, o goza del paraíso o no logra vincular los mensajes oficiales con la realidad y cree todo lo que le cuentan.

Los críticos de la auténtica izquierda, opositores al régimen vigente, suelen insistir en que lo que México necesita son transformaciones radicales y no sólo reformas “por encimita”, que engañan y mantienen igual la problemática nuclear.

Pero cuando los lacayos del poder se apropian del discurso revolucionario, hay que temblar. Necesitamos afinar nuestro entendimiento para escuchar finamente todo lo que esconden esas palabras.

“Ser audaces en el cambio”, “transformar de raíz”, en la interpretación y las acciones de los truhanes gobernantes, no es más que arrancar de cepa y dejar sin cimiento a nuestros árboles más productivos, a nuestras principales fuentes de riqueza; no es más que destruir toda institución pública y ahogar con cemento a la madre Tierra.

“Quitar de una vez por todas los frenos que han limitado el crecimiento económico”, es simplemente abrir nuestro erario, nuestras fuentes de energía, de educación y cultura a las trasnacionales más voraces, saqueadoras y depredadoras del mundo.

Insistir en que esa apertura será “controlada” es no dimensionar la enorme corpulencia del lobo feroz, que busca acucioso una minúscula rendija para hacer palanca y abrir las puertas de par en par.

Claro que ese “cambio profundo” será “altamente efectivo”, pero no para servir al pueblo, sino para entregar todo lo nuestro a los inversores “más competitivos”; para colmo, “conforme a derecho”; (como con Raúl Salinas, quien según los jueces, no delinquió sino fue un “extraordinario, talentoso, inusual y audaz emprendedor”).

En toda la charlatanería peñanietista llaman la atención, especialmente, sus referencias a las “mayorías/minorías” (aludiendo  claramente a sus opositores): “En el México de hoy, la democracia respeta a las minorías, pero en todo momento las minorías deben respetar la democracia”. ¿Quiénes son unas y otras?

Chuayffet ya aclaró: los maestros de la CNTE son una “minúscula minoría», frente a la mayoría “conforme”. Las decenas de miles que protestan contra la reforma energética son “minoría”, frente a los 113 millones de mexicanos que somos.

No se entiende por “minoría” al pequeñísimo puñado de bribones que deciden contra el pueblo, porque dizque fueron electos “por mayoría”.

Ya en la Cámara fueron mayoría (borrega) esos 375 diputados/ 102 senadores, que el 1º de septiembre (a escondidas, de madrugada) votaron a favor de la Ley del Servicio Profesional Docente (sin haberla leído y mucho menos discutido), con respecto a la minoría, de los 73/22 disidentes.

Pero esta forma de hacer cuentas es altamente tramposa y contraria a la aritmética elemental. Analicemos tres problemas:

1)      En las democracias modernas quienes ganan, son generalmente, minoría. Cuando los votos se distribuyen entre varias fuerzas políticas, nadie alcanza siquiera el 50%; menos si se considera al padrón (incluyendo a quienes anulan o se abstienen), y menos contando a quienes, en edad de votar, no se empadronan.

(Peña Nieto obtuvo sólo el 38.21% de los votos; el 61.79%  votó en contra, pero con las cuentas correctas son muchos más sus opositores).

2)      No todos los disidentes protestan en las calles. ¿Cómo saber qué piensa la verdadera mayoría sin amplias y serias consultas ciudadanas?

3)      La verdad, o lo que más le conviene a México, NO está en la opinión de las mayorías. Éstas son con frecuencia ignorantes, veleidosas y están alienadas mediáticamente por la oligarquía plutócrata (minoría poderosa).

¿Cómo saber qué es lo más conviene para México sin discutir, con todas las posturas (no digo partidistas) filosófico-políticas, científicas y populares?

Considero indispensable distinguir entre la supuesta “voluntad mayoritaria” y lo que Rousseau llama “voluntad general” (El contrato social, 1762): Una auténtica democracia existe sólo cuando la voluntad general busca el bien común.

Esto significa que cada individuo contiene intereses egoístas en favor del bienestar colectivo.

Muchas veces las “minorías” que protestan representan esa voluntad general. No así la masa “mayoritaria”, integrada por individuos egoístas, moldeados por los intereses minoritarios de las trasnacionales depredadoras.

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