Opinión

Del cajón de los recuerdos

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

Está próximo el 1° de diciembre, fecha en que se realiza el cambio de banda presidencial y con ello al ascenso al poder del nuevo Presidente de la República. Lejos han quedado los días en que esta ceremonia era todo un ritual, en la memoria está el día en que Felipe de Jesús Calderón Hinojosa asumió su mandato, entre empellones e improperios rindió protesta, entró por la puerta de atrás y por ahí saldrá.

Y a la mente viene el cambio de gobierno de la mitad del siglo pasado, Ávila Camacho (1940-1946) y su relevo, Miguel Alemán Valdés (1946-1952). Quien tuvo como adversarios a la Presidencia a Ezequiel Padilla, Enrique Calderón y Agustín Castro. Alemán obtuvo el 77.90 por ciento de los votos.

El gobierno de Miguel Alemán fue el sexenio de la posguerra, de la construcción de presas para irrigar el campo y una de ellas se llama “Miguel Alemán”, de los fraccionamientos lujosos Las High Lomas, que devino en Lomas de Chapultepec, de los viajes de los políticos los fines de semana a Cuernavaca, por lo que se construyó la primera autopista México-Cuernavaca, la construcción del primer multifamilar para burócratas: el Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA) en la colonia Del Valle, en la ciudad de México, la aparición de la aristocracia pulquera, hombres que de la noche a la mañana se hicieron ricos con negocios propiciados en las altas esferas del gobierno.

La novela de Luis Spota, Casi el paraíso, retrata fielmente la época alemanista, y José Emilio Pacheco, en Las batallas en el desierto, refleja la moral de los políticos, hombres con amantes, pero en las fiestas públicas con la esposa, la titular, la de las fotos de sociales.

Miguel Alemán llegó a la Presidencia de la República, postulado por el PRI, que recién se estrenaba con ese nombre, ya que en enero de 1946 “cambió de piel” el Partido de la Revolución Mexicana, tal vez porque se agotó la “Revolución” y se institucionalizó.

Alemán rindió protesta el domingo 1° de diciembre de 1946 a las 11:30 horas, en el Palacio de Bellas Artes, asistieron 135 diputados y 157 senadores, hubo 30 representantes de países.

Hubo desfile militar donde desfilaron contingentes extranjeros, potentes aviones bombarderos surcaron el espacio aéreo mexicano… pero del Ejército y la Armada de Estados Unidos.

Alemán en su discurso fue enfático al expresar “un gobierno de libertades individuales” y la consabida mención a la revolución: “De la Revolución venimos, y vamos con sus principios a abrir un nuevo capítulo en la historia de nuestro país”. Como diría años más tarde Fidel Velázquez, a balazos llegamos y a balazos nos sacarán.

Otro punto relevante fue: “Sustentamos el principio de gobernar para todos…” y por las dudas aclaró: “No nos consideramos superiores ni inferiores a otros pueblos…”, es decir, todos somos, iguales pero hay unos más iguales que otros.

Y entre otras promesas: “Ofrezco que con la ayuda de todos haré un México grande y progresista”. La carga del avance se las dejo a ustedes, pueblo.

Y el 19 de diciembre de 1947, en conferencia de prensa, comentaba los problemas de México y entre otros señalaba la necesidad de la electrificación nacional y la moralización del gobierno. Lo bueno es que fue una de sus preocupaciones la moralización… sino cómo nos hubiera ido.

Y analizando las promesas de cada Presidente no cambian mucho, es la misma letanía, seremos mejores con la ayuda del pueblo, combatiremos la corrupción, escogeremos a los mejores hombres para el gabinete, gobernaremos para todos sin distingos de colores, no seré el Presidente de un partido, sino el Presidente de todos los mexicanos, se aplicará la ley sin distingos.

Pero en la realidad es lo mismo, a la salida de cada Presidente el balance tiene dos caras, una negativa para la mayoría de la ciudadanía y una positiva para quienes estuvieron al frente de responsabilidades que no cumplieron y que nadie, pero nadie, será llamado a cuentas y mucho menos pisará la cárcel por corruptelas.

Y los nostálgicos ven como los discursos son parecidos, nada más cambia quien lo dice, pero, como la novela El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, vamos a cambiar para que todo siga igual.

rangel_salvador@hotmail.com

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