Opinión

Del Estado-nación al cosmopolitismo

Por: Rodrigo Chávez Fierro

@chavezfierro

Querétaro internacional

El Estado-nación, esa forma de organización política de origen europeo e impuesta en muchos casos por la fuerza al resto del mundo, se encuentra agotado. La historia ubica el nacimiento del Estado-nación en la Paz de Westfalia, de 1648, que puso fin a la Guerra de los 30 años entre las principales potencia europeas de la época. A partir de ahí se consagró la victoria de los reyes, tanto sobre los señores feudales al interior de Estado -poniendo fin al Estado feudal- como frente al Imperio y al Papado.

El modelo westfaliano consagraba, entre otros principios, la soberanía nacional, la no intervención en los asuntos internos de los Estados -incluyendo la religión que se profesaba en el mismo (cuestión que dio origen al conflicto referido)- así como el surgimiento de la sociedad y el derecho internacional.

Esta concepción del Estado-nación era de corte absolutista. Tuvimos que esperar la Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, junto a los postulados contractualistas de Hobbes, Locke y Rousseau, para pasar de un sustento del poder consagrado en el monarca a ese imaginario colectivo que es la soberanía popular. Con ello, la forma de Estado burguesa había triunfado imponiendo sus derechos a los monarcas europeos, que poco a poco tuvieron que ir cediendo, no de buen humor, derechos y libertades para la población; la burguesa, sobre todo. La consagración universal de los derechos humanos tuvo que esperar hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, la Revolución Industrial -en una primera etapa- y la revolución tecnológica y de las comunicaciones de la actualidad han hecho que este modelo de organización de base territorial que preservaba el monopolio legítimo de la fuerza pública al interior de sus fronteras se encuentre agotado.

Hoy en día, los Estados no son capaces de mantener el control de los sucesos al interior de sus fronteras en materias tan importantes como la economía o la seguridad. Además de la existencia de los llamados riesgos globales, que no pueden ser atendidos por esfuerzos aislados de los Estados en lo individual, en temas esenciales para la humanidad como el cambio climático, el combate a la pobreza y la lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada.

Hoy en día, la respuesta a estas problemáticas vitales para el hombre se encuentra en la visión cosmopolita. El cosmopolitismo, propuesto desde los estoicos, pasando por la propuesta kantiana, ha cobrado mayor fuerza últimamente, desde ámbitos del conocimiento como la Sociología, la Ética y el Derecho.

En la actualidad, las tesis cosmopolitas son desarrolladas por pensadores como Ulrich Beck, David Held, Anthony Giddens, Manuel Castells, Daniele Archibugi, Anthony Appiah, Norbert Bilbeny y Jurgen Habermas, entre otros.

El cosmopolitismo, que no niega la estructura del Estado-nación, propone un cambio actitud hacia el otro, hacia lo diferente. Un cambio hacia la apertura, pero siempre respetando las diferencia. No busca un afán universalista y homogéneo sino un entendimiento entre culturas y civilizaciones, así como la construcción de instituciones internacionales y regionales que puedan hacer frente a los retos que la sociedad demanda en un mundo interconectado e interdependiente.

El cosmopolita no ve divisiones artificiales creadas en el mundo, como fue el Estado-nación. El cosmopolita, ciudadano del mundo, comprende que este es un mismo mundo para todos y requiere del esfuerza de todos, sin egoísmos nacionalistas, para dar respuesta a las demandas mundiales.

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