Opinión

Del patriarcado neoliberal a la paternidad amorosa

Para aquellos que luchan por la liberación humana

María del Carmen Vicencio Acevedo

PARA DESTACAR: Se nos vino el futuro encima…, tan distinto al que soñamos. Resurgió el patriarcado más feroz y más cruel y penetró nuestras casas y nuestras instituciones. Hoy, el Dios Mercado dicta las “modernas actitudes” de la ambición, la agresividad, la mutua desconfianza y otras que incitan a eliminar a los más débiles.

Este domingo fue día del padre. Independientemente de las narraciones sobre su origen., el mercado aprovecha toda oportunidad para incitar a la población a comprar cualquier cosa para “demostrar su amor”.  Por eso, varios no lo celebramos.

El problema de no hacerlo, cuando los hijos son menores, es que la publicidad puede llenar el vacío. Por eso vale la pena inventar otras formas de pensar y vivir ese día.

Las mejores invenciones, sin embargo, no surgen de la nada, se apoyan en la historia que permite ver más allá.

Hace unos cuarenta años, los “jóvenes del 68”, experimentamos la efervescencia de los movimientos “de liberación”: antiautoritarios, feministas, pacifistas, ecologistas, comunitarios e incluso, de las “nuevas masculinidades” (no necesariamente homosexuales).

Con canciones de protesta y música latinoamericana buscamos descolonizarnos del capitalismo y andar nuevos caminos. Entusiastas, soñábamos el futuro (allá en el 2000) con esperanza. No nos asustaba la profecía milenarista del “fin del mundo”. Confiábamos y nos sentíamos comprometidos con la construcción de una “nueva sociedad”, en el que reinaría la democracia y la hermandad; no habría capitalismo, ni despotismo, ni machismo, ni desigualdad, ni discriminación, ni guerras (ni PRI).

Varios también fuimos construyendo un amor libre e igualitario, que no se parece a los enlaces rígidos de antaño, pero tampoco al “amor líquido” del que habla Zygmunt Bauman, característico de las relaciones de hoy. Fuimos “mutantes”. En ese encuentro, reconocimos que la liberación femenina sólo sería posible, si también se construía la masculina, y la humana, en general.

Unidos aprendimos (o decidimos) que venimos al mundo a cuidarnos unos a otros, a acompañarnos solidariamente, y fortalecernos en el camino de ser autónomos. En la medida en que los demás pudieran ser libres, lo podríamos ser nosotros.

Nuestros compañeros varones compartían con nosotras todas las labores, que antaño correspondían sólo a las mujeres: cocinar, cambiar pañales, planchar, zurcir calcetines, jugar con los niños, contarles historias antes de dormir…. las mujeres, gracias a ellos, pudimos prepararnos y trabajar profesionalmente, ser independientes, compartir las finanzas y hasta participar en cuestiones sociopolíticas. No es que hubiéramos intercambiado los roles; más bien, los comunicamos. Nuestros niños eran cuidados por ambos.

Hoy, desconcertados, se nos vino el futuro encima…, tan distinto al que soñamos.

Con él, que ahora es presente, resurgió el patriarcado más feroz y más cruel y penetró nuestras casas y nuestras instituciones. Hoy, el Dios Mercado dicta las “modernas actitudes” de la ambición, la agresividad, la mutua desconfianza y otras que incitan a eliminar a los más débiles o a cosificarlos, para volverlos “usables y desechables”, y aumentar sus ganancias.

Hoy, los audaces emporios trasnacionales ostentan su poderío, violando a la Madre Tierra. Los gobernantes, soberbios e incapaces de responder a las necesidades populares; no ven, ni escuchan, ni sienten compasión; sólo abusan de su mano dura y su garrote.    Mis amigas y vecinas, en pleno tercer milenio, no sólo sufren la violencia de sus “machos”; también asumen el egoísmo vengativo; se ven abrumadas por su “doble carga” y son orilladas a descuidar a sus pequeños…

Lo bueno es que ésta no es toda la realidad. Hoy podemos celebrar también el surgimiento de otra perspectiva, que dice NO a la violencia, no a competir; el surgimiento de una nueva visión varonil que ya no requiere “demostrar su hombría”, violentando a los demás.

Lo bueno es que hoy también, muchos humanos aprenden a valorar el principio vital femenino, que nos vuelve confiables; que no nos autoriza huir de los problemas; que nos hace compasivos y nos mueve a mimarnos mutuamente; que nos convence de que no estamos solos y de que podemos aprender a amarnos incondicionalmente.

Lo bueno es que hoy también, frente a ese patriarcado dominante, surgen muchas voces que invitan a cultivar el principio viril-masculino, que da el vigor para enfrentar al dragón neoliberal, para frenar su invasión imperial y defender nuestra soberanía, nuestra dignidad, nuestra capacidad creativa y pensante, nuestra comunidad y nuestro territorio.

Lo bueno es que hoy también muchos aprenden la ternura del padre que protege y el amor del que exige; del padre que brinda estructura y alienta a la vez a emprender el vuelo, en busca de un mundo más humano.

 

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