Opinión

Democracia y rendición de cuentas: comprensiones distintas

Ser diputado y acudir a reuniones como ésta requeriría de un espíritu fuerte, dispuesto a responder y a asumir señalamientos o críticas; un precio que todos debieran pagar por la altísima dieta que reciben

 Recientemente el INE y la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) realizaron la segunda sesión de rendición de cuentas de los diputados federales queretanos. ¿Hace eso el INE en todos los estados de la República, o en el nuestro lo hizo más bien por iniciativa de la UAQ?

Sea lo que fuere, la decisión de organizar tales reuniones es fundamental. Lo que no queda claro es por qué ni el INE ni los legisladores consideran obligatoria una rendición de cuentas sistemática y pública, en la que los ciudadanos puedan interpelar directamente a sus mandatarios.

Son farsa esos “informes” que los legisladores suelen hacer en espacios cerrados, anunciados con bombo y platillo a través de caros espectaculares o medios masivos y sin recibir el cuestionamiento ciudadano. Pero, ¿qué más queda, cuando en México hay sólo 500 diputados para 119 millones de personas y son multitudes las que cada uno debe representar? Esta pregunta da cuenta de la inoperatividad de la llamada ‘democracia representativa moderna’ y de la necesidad de reestructurar nuestro sistema de gobierno, para hacer posible una democracia realmente participativa.

Este ejercicio que emprendió la UAQ en dos ocasiones, vale como pequeño paso hacia esa otra forma más radical de entender la democracia. ‘Radical’ significa algo que se hace a fondo, de raíz, a profundidad. Si la democracia se concibe, como lo hizo Abraham Lincoln, como ‘gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo’, entonces los ciudadanos tendríamos que estar mucho más atentos a lo que hacen quienes dicen representarnos. Sin embargo, el sistema dominante está estratégicamente diseñado para que el tema no interese a la mayoría. Porque resulta “aburrido” (a los menos formados), frente a los divertimentos que ofrece el mundo comercial; porque se considera “pérdida de tiempo” (por los más críticos), ante el repudio y la desconfianza que los interpelados han generado, o porque la vida cotidiana exige priorizar las acciones de supervivencia. 

En la segunda sesión de rendición de cuentas mencionada, no asistieron todos los invitados y, como señalaron los conductores universitarios, Luis Alberto Fernández y Marcela Ávila: los legisladores pueden quedar mal, tanto por aceptar la invitación, como por no acudir al llamado. En ambos casos serán seriamente cuestionados por conductores-jueces, expertos y duros (como corresponde).

Ser diputado y acudir a reuniones como ésta requeriría de un espíritu fuerte, dispuesto a responder y a asumir señalamientos o críticas; un precio que todos debieran pagar por la altísima dieta que reciben, pero como la ley no los obliga a enfrentar a la ciudadanía, ésta “debe” conformarse con lo que le den.

Para los diputados la experiencia es inocua; el riesgo no va más allá de tragar camote (si tienen conciencia; si no, ni sienten nada). Lo que los universitarios o el público señalen no implica que lo comprendan, les interese ni que deban atenderlo; mucho menos que reciban sanción alguna por su falta de respuesta o sus malas decisiones. Es más pueden darse el lujo de hacer oídos sordos y descalificar como “una mera opinión” lo que diga la gente.

En la reunión mencionada, en general, fue evidente la diferencia entre ‘ellos’, los diputados y ‘nosotros, los ‘ciudadanos comunes’, así como los ‘intermediarios universitarios’, que interpelaban a los primeros por nosotros.

En el intercambio no hubo tiempo para abordar problemas de fondo. Por ejemplo: cómo frenar la grave devastación que causan las trasnacionales; garantizar la soberanía alimentaria; fortalecer la economía local; equilibrar el caótico crecimiento urbano, entre otros. Se privilegiaron más bien, los ‘meta-problemas’ de moda, es decir, cómo arreglar los desmanes que ocasiona la clase política a la población: ¿debe eliminarse el financiamiento público de los partidos?, ¿deben eliminarse los plurinominales?, ¿debe disminuir la “obesidad” del gobierno?, ¿deben o no hacer carrera política quienes nos representan, saltando alegremente de cargo en cargo?; ¿cómo evitar que lleguen a puestos públicos, “aviadores fantasmas” o personajes que brillan por sus escándalos, sus borracheras, o por pasarse las sesiones parlamentarias, hojeando catálogos de yates o pornografía?…

Un diputado reconoció que el Congreso requiere de una ‘reingeniería’, para volverlo más operativo y eficiente. Ésta podría ser una buena oportunidad para exigir, diseñar e impulsar otra democracia mucho más participativa, a nivel municipal, delegacional e incluso, barrial. Así, los alcaldes, regidores, diputados, delegados y demás, podrían ser mejor supervisados por los ciudadanos, antes, durante y después de su gestión.

Sin embargo, frente a la lógica neoliberal imperante, habrá que estar alertas, para evitar que dicha ‘reingeniería’ debilite aún más las buenas estructuras que nuestros antecesores ya habían conseguido, tras arduas luchas, en favor del pueblo.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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