Opinión

Desacuerdos que cuestan

Por Omar Árcega E.

Hemos vivido tres semanas turbulentas económicamente hablando. Primero la rebatiña entre republicanos y conservadores por la cuestión del tamaño del presupuesto estadounidense y la forma de obtener esos recursos, causó incertidumbre entre los dueños del capital, lo que hizo bajar las bolsas de valores de la mayoría de los países del mundo; una semana después la calificadora Standard & Poor’s rebajó la confiabilidad la deuda soberana de Estados Unidos a “AA+” desde “AAA”, lo que ocasionó la peor caída bursátil desde el 2008 cuando se dio a conocer la quiebra de Lehman Brothers. La rebaja de la deuda impactó de forma generalizada a las bolsas de todo el mundo, habiendo casos como la Argentina que perdió un 10 por ciento.

Dolores en el bolsillo

Todo esto que nos puede parecer lejano, no lo es pues tiene repercusiones directas en nuestras probabilidades de quedar desempleados, impacta en la cantidad de ingresos que recibimos, en nuestro poder adquisitivo, en la calidad de vida que tendremos, en las oportunidades que como generación o generaciones tendremos. Esto es así, pues se generan varias dinámicas: los grandes capitales ya no quieren invertir en acciones de empresas, esto ocasiona que su “valor” caiga, ocasionando que intenten ser más competitivas (es decir reducir costos y aumentar ganancias) para que los dueños del dinero perciban que es rentable comprar sus acciones, como es sabido reducir costos implica despedir personal, reducir salarios; esto genera que la gente tenga menos dinero para consumir cosas, lo que genera oleadas de despidos creándose un círculo perverso.

A corto y mediano plazo no se percibe una mejora, de hecho desde hace unos tres meses se habla del muy probable terremoto económico que el mundo padecerá en el 2012-2013, se espera aumentos en el desempleo y crecimientos muy bajos.

Las lecciones

Este reciente tsunami financiero tiene múltiples causas, de entre todas ellas quisiera concentrarme en sólo una, pues como país y sociedad nos deja valiosas enseñanzas. La vulnerabilidad económica que arrastra Estados Unidos desde la invasión a Afganistán, se incrementó en el último mes debido a la discusión sobre el nivel de endeudamiento, los demócratas apostaban por subir éste para conseguir más recursos, seguir con programas sociales, gasto corriente e inversión, en una palabra confiaban en su capacidad de vivir de “prestado”.

Por su parte, los republicanos consideraban que el grado de endeudamiento estaba en los niveles correctos, lo que se debía hacer era recortar gastos. Junto con estos argumentos económicos, había la intención de los demócratas por la reelección de Obama y de los republicanos estaba la idea de ahorcar las finanzas del gobierno para que el descontento con el gobernante en turno los llevara a recuperar la Casa Blanca. Esta imbricación de intereses los llevó a posturas rígidas y poco conciliadoras durante las negociaciones que duraran semanas, en las cuales el bienestar del país fue desterrado, y que finalmente terminaron en un mal acuerdo.

Esto nos deja dos lecciones, la primera es que en México llevamos unos 12 años discutiendo una serie de cambios en el marco legal, al que llamamos “reformas estructurales”: impuestos, educación, energía, justicia y trabajo, son estas áreas prioritarias. No se han podido concretar por que los intereses partidistas y de grupo han sido puestos por encima del bienestar de todos los mexicanos. Todos los partidos políticos le han apostado al fracaso de los gobernantes en turno, la mezquindad y ceguera de las élites partidistas nos ha salida cara, gracias a ellos, generaciones de mexicanos tienen hipotecado su futuro, perdidas sus oportunidades y se encaminan hacia una sociedad más injusta y cruel.

La ambición de los pocos se ha impuesto al mínimo bienestar de los muchos. Al igual que en Estados Unidos, la incapacidad de la clase política para dialogar y alcanzar acuerdos nos ha devaluado como país.

Ya estamos en tiempos electorales lo que significa que las posibilidades de alcanzar consensos entre las élites partidistas se reducen a porcentajes infinitesimales y sin embargo la desaceleración económica que en unos meses viviremos, exige que Poder Legislativo y Ejecutivo, cada uno desde su trinchera, construyan las condiciones para que los mexicanos suframos lo menos posible.

Sin ir más lejos, el PRI ya secuestró la agenda legislativa hasta que no se apruebe una desigual reforma a la Ley de Coordinación Fiscal. Como sociedad tenemos la tarea de exigir con nuestra palabra y actos que los partidos construyan los grandes acuerdos nacionales que requerimos.

La segunda lección, es que un país no puede depender de su endeudamiento para sobrevivir, es de sentido común, no se puede gastar más de lo que se tiene. Esto implica que en época de crisis debe haber recorte de presupuesto con visión social, en otras palabras, reducir gasto corriente, mantener el apoyo a desarrollo humano tanto como sea posible.

Hasta el momento hemos tenido un Banco de México y un Gobierno Federal prudentes, han mantenido un déficit fiscal bajo, eso nos ha dado solidez como nación, lamentablemente algunos estados no lo han hecho, y hay que decirlo, en su mayoría son los gobernados por el priísmo. Los seguidores radicales de Keynes siempre están intentando que se sigan políticas que hipotecan el bienestar de las generaciones futuras, no a esos trasnochados de la economía con recetas ochenteras que han fracasado.

El mascar de la iguana

Capacidad para lograr acuerdos y no abusar del déficit fiscal, son las herramientas que nos permitirán sufrir menos el tsunami económico que está por venir, ésta será la prueba de fuego para nuestra clase política, veremos si realmente les interesa el país o son esclavos de sus ambiciones de poder.

 

twitter.com/Luz_azul

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