Desafíos de la profesión docente y la Pedagogía Critica del Cuidado Mutuo

La docencia en educación básica es una de las profesiones más importantes, complejas,
difíciles, apasionantes y, a veces también, de las más vulnerables que existen.
Ahora que reinician las clases es ineludible voltear la mirada hacia las personas que la
practican y no sólo reconocer su trabajo, sino todos los desafíos que enfrentan para poder
ofrecer una educación a la altura de las exigencias actuales.
Uno de esos desafíos consiste en transitar de la comprensión de su trabajo, reducido a un
empleo burocrático (limitado a seguir instrucciones de programas escolares y libros de
texto, etc.), a la comprensión de una profesión con sentido ético-político, comprometida
con la formación integral de personas.
En el contexto de la Nueva Escuela Mexicana, la tarea docente tiene el encargo de
desarrollar, en niñas, niños y adolescentes la capacidad de lectura crítica de la realidad. Esto
no se limita a provocar el deseo de saber más, sino implica desarrollar la voluntad de
contribuir con la transformación de su entorno, a partir de acciones concretas en sus
microespacios; porque la realidad no es sólo lo que ya está dado, sino algo que los humanos
construimos cotidianamente (Hugo Zemelman).
Para ello se requiere abandonar definitivamente la lógica meritocrática, de competencia y
simulación, que dominó al sistema educativo neoliberal, para practicar, entre otras cosas, lo
que Paulo Freire llamó Pedagogía de la Indignación, que lleva a tomar conciencia de las
condiciones de precariedad, desigualdad, e injusticia en las que viven, no sólo buena parte
de las y los chicos (estudiantes o no), sino las que tiene la escuela misma y el o la propia
docente. Esto significa, reconocer como punto de partida, la vulnerabilidad que todas las
personas sufrimos de algún modo (Francesc Torralba). Esto no consiste sólo
necesariamente en falta de recursos económicos, sino en esa sensación laberíntica del no
saber qué hacer ante ciertas condiciones que nos toca vivir, en esta crisis civilizatoria y
climática global; en un mundo tan complejo, caótico, confuso y violento, en el que buena
cantidad de menores viven casi en el abandono, sin límites, en sobre-estimulación
mercantil, por la tele o los celulares; hipersexualizados, desinteresados por la escuela, con
baja autoestima y a la vez, orillados a fingir superioridad (bravuconería) para sobrevivir a la
violencia intrafamiliar, intraescolar o barrial.
El reconocimiento de la propia vulnerabilidad, de la de estudiantes y familiares vuelve
imprescindible la práctica de la Pedagogía del Cuidado (Mercedes Álvarez), que implica el
reconocimiento de que ninguna persona es superior ni inferior; de que todas nos sentimos
desconcertadas o perdidas a veces; todas tenemos necesidad de reconocimiento, amor,
amabilidad; todas somos a la vez ignorantes de algo y conocedoras de algo que podemos
compartir.
Dicha Pedagogía del Cuidado NO tiene nada que ver con la psicologización de la educación
que ha sufrido la escuela “moderna”, que reduce los procesos educativos a fenómenos
psico-individuales, ignorando factores económicos, sociales, políticos y culturales; justifica
la estandarización y niega la diversidad; “coloca al niño-a en el centro de la educación, para
guiarse según sus intereses”, sin reconocer que tal enfoque genera crasa ignorancia,
mantiene el egocentrismo y confunde la voz infantil con la del mercado que antes la
colonizó; pretende, además, tratar los problemas educativos con terapia psicológica.
La Pedagogía Crítica del Cuidado Mutuo, en cambio, busca más bien despertar la
necesidad, no sólo de conocer más profundamente y con mayor rigor el mundo en que vivimos (a las demás personas, a los demás seres que lo habitan), sino de comprendernos
mejor y de cuidarnos mutuamente, cuidar la naturaleza y las creaciones humanas.
No se trata de un discurso abstracto, sino de una praxis concreta cotidiana urgente, dirigida
a detener la violencia (intrafamiliar, intra-escolar, barrial, societal), las guerras, los
genocidios y todo tipo de ecocidios.
Sin tal pedagogía no podremos sobrevivir ni como familias, ni como comunidades, ni como
especie.



