Desinformación médica en redes sociales: donde un clic puede poner en riesgo la salud

El mundo digital ha cambiado la manera en la que buscamos y obtenemos información. Las redes sociales han acelerado esta transformación, y en el ámbito de la salud no ha sido la excepción. Basta un clic para encontrar explicaciones sobre síntomas, enfermedades y tratamientos. Esta facilidad de acceso puede acercarnos a un conocimiento útil, pero también exponernos a información engañosa, tales como, consejos falsos, exagerados o sin sustento científico.
La Organización Mundial de la Salud llama infodemia a la sobreabundancia de información, verdadera y falsa, que circula en entornos digitales y físicos durante una emergencia sanitaria. Este exceso, puede generar confusión, favorecer decisiones riesgosas y dificultar a quien la consulta, el reconocer si es una fuente confiable o no.
La pregunta que debemos plantearnos es ¿por qué este tipo de contenidos engañosos se difunden tan rápido? Lo anterior se debe a que con frecuencia ofrecen respuestas simples para un problema complejo, ya sea como una cura definitiva o un suplemento “natural”. De igual manera, el discurso que utilizan apela al miedo, esperanza o la indignación. Un testimonio convincente es más atractivo para el espectador que una explicación científica prudente. La ciencia se expresa con matices; en cambio, las redes sociales suelen premiar los mensajes categóricos y emocionalmente impactantes.
Asimismo, las consecuencias que pueden atraer este tipo de contenidos, es difícil medir con exactitud el alcance total de este, no obstante, las personas pueden retrasar una consulta médica, suspender un tratamiento, consumir sustancias dañinas o gastar dinero en productos “milagro” sin un beneficio comprobado. En el entorno digital, la visibilidad se confunde con frecuencia con la credibilidad: el número de seguidores, interacciones, likes, veces que se comparte, puede llegar a pesar más que la información que ha sido estudiada y validada para el beneficio de la población.
Frente a este panorama, los profesionales de la salud y académicos, tenemos la responsabilidad de comunicar con claridad y escuchar las dudas de nuestros pacientes, para poder orientar, y de esta manera, la población tenga las herramientas suficientes para cuestionarse el origen de esta información. Expresiones como “cura todo”, “sin efectos adversos”, “origen 100% natural”, deben de levantar sospecha. Porque la medicina no puede ofrecer certeza absoluta. La información responsable debe explicar los posibles beneficios, riesgos y limitaciones de cada intervención.
Las redes sociales, no deben estar peleadas con el ámbito de la salud, al contrario, la medicina debe de evolucionar con ellas, y en este caso, los profesionales de la salud debemos adaptarnos a esta nueva manera de difusión y participar activamente en ellas. También debemos abandonar la idea de que las redes sociales son únicamente para entretener.
La autoridad de un mensaje no debería depender del número de seguidores de quien lo publica, sino de su formación, transparencia y respaldo científico. Un clic puede difundir un engaño, pero también puede acercar información valiosa. Elegir cuidadosamente lo que creemos y compartimos es otra forma de cuidar nuestra salud y la de los demás.


