Opinión

Día ciento diez y nueve

Bitácora de Viaje

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Dios. Es un vocablo de cuatro letras. Se multiplican hasta el infinito cuando se convierte en una idea que nos remite a la inmensidad, al todo y a la nada. Es un terreno yermo en el que caminamos descalzos bajo el inclemente sol de mediodía para alcanzar la salvación de nuestra alma, sin tener la certeza de que llegaremos al extremo en donde se encuentra la cosa salvadora. Dios es la idea del hombre que atraviesa su existencia. Dios es la idea que ha atravesado la historia de la humanidad. Dios es la referencia palpable de la divinidad y de la estupidez del hombre. Dios es el residuo de la historia del territorio como propiedad y derecho. Como la construcción del espacio social. Idea que surge para estructurar el espacio del mundo. Y donde se divide el mundo. El territorio es la concepción que se antepone a Dios. Dios está en todas partes, pero también el territorio, el espacio donde se desplaza o se ubica esta figura mental. Dios y el territorio están en donde se encuentra el hombre.

Estas dos categorías referidas nos han servido para indagar sobre la construcción de la idea de la “evolución social”. Una idea que ha sido magistralmente expuesta por Gordon Childe para ubicarnos sobre las grandes líneas de desarrollo de la humanidad que han pasado desde el salvajismo a la barbarie y de la barbarie a la civilización. Aunque a estas alturas, que debíamos de estar celebrando el acercarnos en tiempo y en consolidación de las instituciones a un estadio que indica la evolución de la humanidad, nos hace pensar que estamos regresando a esas etapas primigenias. Childe, un destacado y fundamental científico, sistematizó  sus testimonios arqueológicos para esquematizar el desarrollo histórico de la humanidad.

Gordon Childe es parte de nuestra conciencia científica para tratar de demostrar la evolución de lo que somos. Childe lo expone desde el planteamiento del proceso natural de las especies, de la evolución. Dice que “las especies y los géneros no habían sido creados milagrosamente de repente ni eran inmutables, sino a cada especie había evolucionado a partir de otras anteriores e inferiores mediante un proceso natural lo cual significaba un proceso inteligible para la razón humana”.  Su axioma lo establece para argumentar que la idea que hemos propuesto es que la constitución del homo sapiens es el último mamífero superior que ha logrado erigirse no solamente por alcanzar su conciencia de ello, sino por ser la última especie en aparecer.  Este arqueólogo, se basa en el camino que planteo Spencer y E.B. Taylor en su principal enunciado escrito en 1889: “las instituciones humanas, como rocas estratificadas, se suceden las unas a las otras, de un extremo al otro del globo, en series sustancialmente uniformes, con independencia de lo que parecen ser diferenciadas comparativamente superficiales de raza y lengua, pero moldeadas por una naturaleza humana y semejante.”  El avance en la construcción de las culturas significaba el avance y la evolución multilineal  desde que el hombre se hizo gregario y se unió en grupos para su sobrevivencia. La relación del hombre y su entorno físico le exigió formas de vinculación con la naturaleza para su adaptación y sobrevivencia. La cultura fue la manera en encontrar tales  formas de vínculo, estableciendo modos de ver e interpretar el mundo.  La idea del territorio iba cobrando fuerza y forma. Alfred Weber en su Historia de la Cultura, describe la aparición de la idea entre oriente y occidente, resultado de la conformación de los reinos de Rusia, Roma y Arabia. Lo que dio pauta  a la expansión del judaísmo y del cristianismo, erigida en las ideas que se concretaban en el arte y en la filosofía.

La historia de Arabia era y es la constelación fundamental del islam, los lugares que incluyen el territorio de Siria  hasta Egipto, y con una íntima relación con la región mesopotámico-iránica. El hombre, como ese ser evolucionado y con la posesión de la conciencia, fue recabando testimonios de esa evolución. Por eso, lo museos de los países y comunidades del medio oriente,  significan una riqueza invaluable.  La circulación en las redes sociales del video donde unos extremistas yihadistas irrumpen en un Museo de Iraq nos ubica en el pasmoso horror de seguir pensando en nuestra evolución social. Las imágenes nos permiten ver como se destruyen estatuas de una riqueza y antigüedad que podían darnos cuenta del desarrollo de nuestra existencia. La destrucción es llevada con odio.  Su destrucción es continua para no dejar piedra sobre piedra. No es la primera vez que esto sucede. El atentado contra el Templo de Petra, fue con esos mismos motivos, por esas mismas agrupaciones radicales. Bajo la influencia de la idea de Dios.

Hay viajes que he realizado a lugares históricos. Hay otros no puedo realizar debido a sus infaustas condiciones. Pero lo que impide ponerlos en los destinos de nuestra ruta de la bitácora es que evocan la indicación de que ahí está nuestra parte humana de la destrucción de nuestra propia especie. Dios y el territorio son conceptos que nos ubican en el espacio y en la existencia, son estos mismos preceptos que nos unen y nos dividen.

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