Opinión

Día Ciento diez

Bitácora de Viaje

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Moody Blues grabó en 1967 un disco estupendo, clave del rock progresivo: “Días de un futuro pasado”. Quizá la canción más conocida y más escuchada hasta la fecha es la de “Noches de satín blanco”. Pero la que creo conveniente citar ahora es la de “Esplendor de la mañana”, la traducción de la letra dice así: “ El orbe cruel que gobierna la noche / Aleja los colores de nuestra vista,/ El rojo es gris y el amarillo blanco / Pero nosotros decidimos cuál es el correcto / Y cuál una ilusión./ Agujeros molestos en un cielo sin color / Permiten que siluetas insípidas de luz pasen de largo./ La poderosa luz de diez mil soles / Desafía a la infinidad, y pronto se va./ La noche: para algunos, un breve intervalo, / Para otros, el temor de la soledad./ Valiente Helios, ¡despierta a tus corceles! / Trae la calidez que necesita el campo”.

La clave de los estudios territoriales, que desde la perspectiva de lo social, es decir, desde la sociología y la antropología, pero delimitada por la geografía crítica y humana nos permite una creación epistemológica. Y con ello poder analizar y hacer una crítica de las acciones de los grupos sociales en las áreas urbanas y rurales, desde la ciudad a la villa, al asentamiento humano más extraño o complejo. A ese todo es lo que hemos de llamarle Estudios Socioterritoriales.

La letra de la canción de Moody Blues de “Días de un futuro pasado” nos remite a la propuesta de Henri Lefebvre, que es a la vez descriptiva de la naturaleza como metafórica de la acción social. Rob Shields (2009) se refiere al uso del espacio como derivado de la propuesta de Lefebvre, como un manto ideológico, traído y arrastrado, así en el más literal de los conceptos, de la preocupación teórica sobre las categorías y conceptos de espacio.

Si Hegel nos llevaba hacia lo absoluto en la búsqueda de la verdad y del espíritu, el espacio era donde se acogían esos preceptos; Kant, por su parte, lo llevaba a la competencia mental, donde la racionalidad pura establecía el conocimiento y dominio del espacio, esfera donde la razón ejercía su dominio.

El orbe que gobierna la noche y el día, el control de los colores y la ilusión de lo que uno decida. Desafiar la infinidad, con intervalos, nos lleva a la soledad o a la multitud. Toda esta alegoría del espacio mediante las metáforas de Moody Blues nos lleva a establecer la carga teorética del espacio. Un espacio que se concreta y se materializa en el territorio.

El territorio tiene aún residuos abstractos, etéreos, del espacio. Los tiene porque son simbolizaciones del hombre en donde teje sus relaciones y sistemas de relaciones. El espacio se diluye en la acción, y se concreta en el área de influencia de las acciones. La dificultad radica en esa delimitación. Si consideramos la concepción “lefebvraiana” (esa connotación es mía) de que la naturaleza es el origen del espacio, la concreción de sus bordes está en la acción social.

La simpleza de señalar que el espacio es socialmente producido nos lleva a la complejidad de argumentarlo y describirlo mediante procesos lógicos y con datos que permitan una explicación concreta. De tal forma que no podemos atrevernos a señalar que existe un solo modo de producción social del espacio. Es decir, solamente a través de la reproducción social de un grupo determinado en un momento histórico particular podemos encontrar el señalamiento de su espacio.

Las hipótesis de Henri Lefebvre se basan en este binomio: espacio y modos de producción. Así que nuestro vocablo se multiplica al referir una práctica espacial, las simbolizaciones del espacio, así como las mismas representaciones del espacio. O bien espacios de representación. Al considerar lo que gravita en el eje del hombre y sus acciones, vemos la posibilidad de plantear ya esas acciones delimitadas como el objeto de estudio, en tanto que es una producción social.

Nosotros lo trataríamos de concretar, como lo hemos dicho, en el territorio. Así, encontraremos subdivisiones de éste en tanto que nos podemos referir como espacio absoluto, o bien como espacio histórico, también el espacio imaginado. Es decir, un espacio abstracto. Mi interés está en limitar este acercamiento teórico del espacio para ligarlo a lo terrenal. Y la delimitación obedece a que no es momento de discutir los planteamientos marxistas de la producción, y su concomitante interés de referir la producción del espacio. Me limito a un campo que me interesa, que es el de la epistemología.

La metáfora de Moody Blues, de pasar en “Días de un futuro pasado” un tiempo y un lugar determinado, nos abre la posibilidad de acercarnos al análisis de lo virtual, de lo cibernético al que nos está exponiendo la tecnología de estos días del siglo XXI. La creación de los avatares y su sistema de relaciones, incluso de la relación de nuestro avatar con nosotros mismos, nos arrastra a un mundo, es decir, a un territorio poco explorado, y que los socioterritorialistas deben de elucubrar o ensayar en sus redes.

El planteamiento teórico del espacio nos debe transportar a dimensiones teoréticas poco ensayadas hasta ahora. La necesidad de revisar el espacio virtual, o el territorio cibernético, nos lleva a senderos metodológicos novedosos. El punto de partida a un determinado viaje, desde esta perspectiva, se reviste de otra lógica.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba