Opinión

Día ciento veinte

Bitácora de Viaje  (de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Con afecto, para Marco Antonio Mejía Luna y

a su generación de compañeros.

La Sierra Gorda era una tierra inexpugnable a principios del Siglo XX. Poco a poco fue llenándose de senderos, caminos y carreteras que hicieron accesible el paso hacia esos  lugares para quienes se atrevían a cruzar esos inhóspitos parajes. Desde una perspectiva aérea, ésta zona da la impresión de ser una hoja de papel arrugado, que la naturaleza incrustó en medio de la Sierra Madre Occidental. Ahora, en estas primeras décadas del Siglo XXI, su acceso es más amigable. Gracias a que las obras gubernamentales se han enfocado en atender varias demandas de sus pobladores. Rafael Camacho Guzmán y José Calzada Rovirosa han sido los Gobernadores que han atendido de manera más puntual las condiciones de los serranos. El gusto que les daba a los pobladores que el más mal hablado de los gobernantes, pero el más claro y sincero como Camacho Guzmán, les fuera a tender la mano, con más voluntad que idea de la planeación para su desarrollo.

Las inclementes caravanas que se hacían en las camionetas Suburban, provocaban algo más que sufrimiento a los integrantes del gabinete. El transitar con esas largas camionetas en los angostos caminos y delgadas carreteras, provocaba el vértigo de quienes tenían que viajar junto a ventanilla que daba al desfiladero. Desde ahí, podían verse las estructuras metálicas oxidadas de las unidades que se habían ido a pique en medio de esas curvas y despeñaderos.

Me tocó recorrer esos caminos en la década de los sesenta, a bordo de las cabinas de los “camiones materialistas”. Los amigos de mi papá nos llevaban a conocer las minas de San Joaquín, y las minas de cal en Vizarrón. Esas en donde, para catar la calidad de la cal extraída, los mineros echaban un salivazo contra el suelo ardiente. Yo tenía que ir de pie cerca del conductor, para que cupiéramos más en la cabina, porque en la caja se regresaban con mucho mármol, cal o sillar. Los viajes me parecían interminables, sobre todo porque las piernas se me dormían por venir de pie, y las manos me ardían de venir agarrado en la orilla del tablero. Eso sí, cuando se nos hacía noche por aquellos lugares, la contemplación del cielo más estrellado del mundo, hacía que todo valiera la pena.

Ya en esta época moderna, cuando andaba de candidato a gobernador “Pepe Calzada” ofreció ensanchar las carreteras. Un amigo jalpense me cuenta que le pedían que, en vez de ensancharlas,  el gobernador les hiciera el favor de ‘enderezar’ la carretera.  Parece que estas dos condiciones se han ido logrando poco a poco. De tal forma que, si anteriormente se hacían casi ocho horas de camino para llegar hasta aquellas fronteras del estado con los límites de la huasteca potosina, ahora el tiempo se ha recortado.

Tales condiciones de desarrollo han tenido sus “asegunes”. Por una parte, eso ha provocado que sus comunidades se hayan transformado rápidamente, y el proceso de urbanización les arrebatara lo genuino de su cultura y de la explotación local de sus recursos. Por otro lado, la modernización se ha hecho presente, y más servicios son posibles haciéndoles la vida más llevadera. También  la Universidad Autónoma de Querétaro se ha  atrevido a acercarse, y a que sus programas de intervención tengan una mayor presencia en estos parajes.

Un ejemplo de esto ocurrió hace unas semanas a través de la Unidad de Vinculación Social, en la comunidad de Concá, y en donde los estudiantes de la segunda generación de Estudios Socioterritoriales fueron testigos de una pequeña ceremonia de participación. Ahí se puso en marcha la realización de unos talleres de Huertos Sustentables.

Aunque con tanta intervención, me surge una duda. Los estudios Socioterritoriales son estrategias teóricas y metodológicas novedosas. La sociedad, a través de esta herramienta conceptual y técnica, busca ofrecer alternativas de intervención. Es posible que ya se esté en condiciones de establecer una línea crítica de los estudios Socioterritoriales?

El concepto que nos trae Carmen Viqueira (2001, UIA) respecto al concepto de “área sociocultural” de Julián Stewart en su libro del enfoque regional en antropología, nos ilustra cómo se establecen métodos y procedimientos para el estudio de Puerto Rico y como se fue dando el cambio gradual y sus concomitantes efectos del cambio. El análisis del método y los procedimientos del estudio fue una novedad en términos de abordaje de una región. Aunque estas herramientas teóricas y prácticas, ya las encontramos también con otro antropólogo, en las obras de Gonzalo Aguirre Beltrán (1976 FCE), respecto a los cambios que se provocarían con las comunidades étnicas y las regiones de acuerdo a la aplicación de planes de desarrollo gubernamental en la zona del Papaloapan.

La Sierra Gorda brinda la posibilidad de convertirse en un buen laboratorio, y demanda la intervención de agudas miradas, y miradas frescas con una disciplina activa, pero con una línea crítica distinta. La migración, la pobreza, el deterioro de sus bosques, la explotación de sus recursos son el otro lado del desarrollo ¿Son los estudios Socioterritoriales una alternativa de estudio al respecto? ¿Qué es lo que pueden ofrecer? ¿Qué miradas y efectos de intervención se pueden lograr con sus técnicas? Al tiempo, lo iremos corroborando. Mientras, seguiré recordando esas estampas serranas, cuando en las mañanas despuntaba el alba, y la niebla invadía la mayoría de la superficie baja. Y daba la impresión de que el testigo podía tocar el cielo.

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