Opinión

Día cincuenta y cinco

Bitácora de Viaje (de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Bagdad. El solo nombre en el letrero me llamó la atención desde que lo vi a través de la ventanilla del autobús. Cuando descendimos todos los pasajeros en la moderna Central de Autobuses, busqué el letrero para ubicarme a donde tenía que dirigirme para llegar al lugar que tenía ese nombre tan corto, pero tan significativo. En 1996, el cambio de horario en el verano era toda una novedad en el país. Y aún no nos acostumbrábamos a tal modificación, la confusión era una actuación generalizada. Así que tuve que esperar un par de horas para tomar nuevamente un autobús que se dirigía a ese lugar.

La ciudad de Matamoros era (quizá lo sigue siendo) muy bulliciosa y la intensidad del tráfico parecía producto de las altas temperaturas que había, eso provocaba que la gente se acelerara aún más. La ciudad de Matamoros la dejamos por un momento, atrás del camino, y empezamos a acercarnos al litoral. Recorrimos una distancia cercana a los 40 kilómetros, y el ambiente cambió para convertirse en calor húmedo, acompañado de una ligera brisa.

Bagdad es una playa. Yo estaba acostumbrado a las playas con olas altas, la arena blanca y rodeada de palmeras. Pero aquí la playa era extensa, tanto en su longitud como en la distancia mar adentro. Uno podía adentrarse varios metros manteniendo poca profundidad. Pero la sorpresa era encontrarme entre varios autos a la orilla de la playa. Sus propietarios desafiaban las olas con sus autos y trataban de guardar una imagen para una tarjeta postal. Sobre todo porque abundaban los autos Ford del año 1960, repintados y con accesorios acondicionados. Todo un carnaval, sobre todo porque los descapotables dejaban escapar los sonidos del auto estéreo adquirido en el “gabacho”. Los Beach Boys se dejaban escuchar con su emotiva y pegajosa melodía “Podría ser lindo”.

Tamaulipas cuenta con una importante extensión de archipiélago. Esta área es una ramificación de otro que se encuentra en los terrenos de EU. La parte mexicana complementa un nicho ecológico compuesto por deltas, islotes, brazos, montículos con una compleja diversidad de flora y fauna. México cuenta con una amplia área de litorales que puede servir de fuente importante de suministro de alimentos. Pero no hemos llegado a explotar racionalmente esos recursos. Es más, el desconocimiento de la fauna marítima que tenemos la mayoría de los mexicanos muestra también nuestra ignorancia en la cocina. Puede usted preguntarse, como también puede preguntar a sus familiares o amigos cuántos tipos de peces conoce y cuántos pescados conoce para su degustación. Frente a países como Perú o Chile, para no mencionar Estados Unidos o Canadá que también cuentan con una amplia extensión de litoral, los mexicanos nos quedamos muy por abajo del consumo de alimentos del mar. Podremos mencionar el huauchinango, el robalo, la lisa y hasta ahí, cuando tenemos decenas de tipos de peces para alimentarnos, amén de los mariscos y otros bicho alimenticios.

¿Qué tienen que ver esos lugares de mar aparentemente lejanos de Querétaro? Los estudios regionales nos brindan la oportunidad de articular en la esfera productiva y económica a los nodos de redes de producción y consumo. Los estudios socioterritoriales abordan aspectos no tradicionales, o más bien novedosos, que salen de los clichés de las profesiones clásicas, para incorporar procesos de articulación que generen otras áreas de oportunidad.

Además, la ubicación privilegiada de Querétaro nos permite pensar en la proximidad con los litorales mexicanos y explorar otras actividades económicas en donde el consumo de alimentos no propios de tierra adentro pueda integrarse a la cultura culinaria, de alimentación y de distribución en el centro del país.

Bagdad es un puerto con mucha historia que se va integrando a nuestra región con elementos de referencia importantes. Luego hablaremos de las referencias de los piratas en los ríos de San Luis Potosí y esta reconfiguración de la parte norte del país. Por lo pronto, me quedo con la imagen de postal de esa larga y tranquila playa con ciertos toques de cultura norteamericana y esencia mexicana.

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