Opinión

Día cincuenta y cuatro

Bitácora de Viaje (de estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Saskia Sassen era una profesora de Antropología Social en la Universidad de Barcelona que trataba el tema de investigación de las mujeres y su economía, y también estaba reflexionando sobre las cuestiones ideológicas que tenían una incidencia en la organización social de las mujeres, principalmente en la organización económica de las unidades donde se desempeñaban estas integrantes del género femenino.

Yo la conocí en el año 2004 justo antes de titularme en el Doctorado de Antropología Social de la Ibero. Bueno, la conocí a través de su libro, “Antropología económica”, que me pidieron leer mis asesoras de investigación, para acotar el concepto de productividad, dado que mi estudio se enfocaba a las redes sociales, pero debíamos esclarecer la forma en que la productividad tenía que ver en el desarrollo de las unidades de producción.

En ese tiempo, Sassen argumentaba, citando a Jochim, que “la productividad se define como una relación de inversión/obtención, pero mientras que, por lo general, el producto –medido en energía o en otro parámetro– se considera la unidad producida, la unidad invertida puede ser energía humana o energía total, pero también tiempo, tierra o dinero.”

El espacio o el territorio también son parte de esa relación inversión, ligada estrechamente a los procesos culturales y sociales. “Apartar el lugar” es una forma de apropiarse ese mecanismo que se aplica al espacio, y que de ahí se derivan los demás elementos que le dan sentido a nuestra ubicación, y las rutas a seguir para llevar a cabo las distintas actividades y funciones que tenemos a cargo.

La antropología económica, con sus bases en el planteamiento de Melville Herskovits en 1952, con aquel emblemático libro editado en Fondo de Cultura Económica –cuando era económica–. Este antropólogo nos señalaba que “los medios con los que se persiguen y alcanzan los fines del proceso economizante, como quiera que los definamos, abarcan ciertos elementos universales de la experiencia humana” (1954; 18) que se hallan constituidos en el hábitat y que sirven de pasos intermedios para la producción de los grados de complejidad en los que se basan las sociedades.

La ecología siempre ha sido un concepto muy importante para los antropólogos, porque es ahí donde se incuban las formas de interrelacionarse entre los integrantes de una comunidad y las otras poblaciones que se encuentran en su demarcación. (Carmen Viqueira y J.R. Llobera, “Antropología económica”)

El cambio teórico en la experiencia antropológica se fue perfilando para abordar temas relativos al espacio, la región, el territorio, la ciudad, entre otras formas de movilidad social. La etnografía y etnología del espacio entraron en escena para apuntalar la recopilación de la información de primera mano que se requería para el entramado teórico que se fraguaba en su momento.

 

La Antropología Urbana, incomprendida en su inicio, fue cobrando relevancia, a medida que se intensificaron las acciones y los procesos en esta arena de las discusiones sobre la concentración social, cultural y material de las poblaciones.

Sassen empezó a publicar sus escritos sobre “la ciudad global”, deslizando su preocupación antropológica hacía esta nueva categoría de análisis y estudio. Ella plantea una idea al respecto, en la que señala que “las ciudades son uno de los lugares clave en la construcción de nuevas formas e identidades.”(Sassen, 2013).

Además de estas dos formas de articulación de la sociedad, la ciudad no sólo puede ser estudiada, exige ser abordada con un enfoque multidisciplinario o interdisciplinario, de acuerdo de los intereses de algún estudio. El giro de la visión desde la economía hasta las urbes concretas parece que no ocurrirá próximamente.

Al mismo tiempo de alegrarnos por ese cambio, en la Licenciatura en Estudios Socioterritoriales (LEST) ya estamos encontrando una fuente de trabajo teórico, que impulse el trabajo colectivo y nos permita además hacer del trabajo antropológico un trabajo con un enfoque propio.

A estas alturas, cuando existen apenas dos generaciones de la LEST, el ofrecimiento de llevar a cabo esta tarea es porque se tiene que elaborar nuestro enfoque teórico. No es un hecho, ni tampoco es obligatorio, más bien es una intencionalidad teorética. Debemos considerar con mucho cuidado las categorías con las que tenemos que avanzar a nuevos mercados.

 

Como ven, la LEST en su conjunto pretende fortalecerse y los pilares de esta transformación deben erigirse sobre otras y demostrarlo. Sassen debe ser incluida en la lista de los autores esenciales. Más ahora, que ha sido distinguida con el premio Príncipe de Asturias. Como vemos, la construcción de un eje de acción no es nada fácil.

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