Opinión

Día cincuenta y dos

Bitácora de Viaje (De estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Leo que para muchos teóricos urbanos, la ciudad ha sido el espacio donde se han expresado las más importantes manifestaciones de cambio social. Hemos visto que en la medida que pasa el tiempo el hombre acentúa su acción en un lugar, y de ahí multiplica sus funciones, que lo llevan a esas transformaciones en todos los niveles de la vida social.

Alejandro Méndez refiere en “Tendencias del pensamiento social urbano” (2006) que “algunos autores centraron su interés en comprender los cambios sociales en las urbes.”

Esta aseveración es retomada de la idea de Simmel, de su obra Las grandes urbes y la vida del espíritu. Aquí Simmel indica que la cultura objetiva y subjetiva son conceptos que se pueden utilizar correctamente para analizar lo que ocurre en este nicho urbano, de una súper-concentración, en relación a la vida más abierta de los pobladores en el mundo. Es la urbe la que permite en su seno la interacción y acción de las personas, multiplicando las fuerzas creadoras de experiencias, conocimiento y vivencias.

En la villa, el pequeño poblado, o la aldea donde el asentamiento de las personas es disperso, la percepción del hombre en relación con la naturaleza, da pauta a reflexiones de largo aliento, donde la existencia de las cosas parece contener una especie de inmovilidad dinámica. En contraste, la ciudad provoca que ocurra algo distinto, como la convivencia entre sus habitantes. Parecería que el cambio social es directamente proporcional a la velocidad de las relaciones sociales y a su número que se realizan.

Por el contrario, como lo planteaba líneas arriba, en los centros urbanos la concentración de las personas desaparece, la idea de la comunidad, y la naturaleza se estrecha, de tal manera que el espacio se convierte en actor. La vida se lleva con más intensidad debido a las redes construidas, a su vez requeridas por la demanda de acción que se genera en ese lugar, y que se requieren para dar satisfactores a esa dinámica. Una de las transformaciones que se identifican en ese cambio social, es la erosión de la persona, la destrucción de la individualidad. A decir de Simmel en los datos que recoge Méndez, en los centros urbanos, “la individualidad se produce a costa de la desindividualización más atroz”. La evidencia empírica la podemos concretar cuando vemos la concentración de individuos demandando un servicio, solicitando una mercancía o incluso reunidas para el ocio.

El “gentío” es la desaparición momentánea del individuo y su categoría difiere de ser masa, en la medida que adopta esa forma de desindividualización. ¿Por qué puede ocurrir esto? Porque la inclusión del mercado como un recipiente superpuesto a esas redes de relación, le otorga otra capa más al individuo que lo despoja de sus propiedades, no obstante que ese hombre detenta su posesión y propiedad privada. Este despojo ocurre como lo hace la propia tecnología digital, al permitir la creación, conservación e interacción del avatar de las personas, elevándolas a su categoría de logo o símbolo digital.

En este sentido, la ciudad de Nueva York permite descubrir algunos de esos tipos de aspectos, tal como lo permite cualquier ciudad densamente poblada. La ciudad de México lleva esta misma tendencia, y es probable que en próximos años podamos advertir esos aspectos como en aquella entidad neoyorquina. La Quinta Avenida y Broadway son el punto nodal de la expresión de la desindividualidad en una urbe de hierro, tanto como lo puede ser el tren subterráneo de la ciudad de México en la estación Hidalgo, o la estación Balderas, lugares con contenido de “gentío”. Pero esos puntos geográficos son sólo una representación mínima del modelo que se reproduce en cualquier ciudad que tenga un carácter consolidado en su nivel urbano. Incluso puede aparecer en ciudades medias, aunque su carácter es momentáneo y exclusivo de sus centros de ciudad, centros históricos o lugares modernos a donde se ha destinado la infraestructura urbana.

Como vemos, aquí se plantea un problema que debe de seguirse estudiando. Pero la propuesta es dual, el problema urbano y la ciudad. Los múltiples escenarios en que se puede configurar y la clarificación de los aspectos sólo pueden ser abordados mediante una metodología con diversos enfoques incluidos. Tal parece que el espacio de discusión es en el campo teórico en primera instancia, y en el trabajo empírico en segunda instancia. Éste es tan sólo uno de los abundantes ejemplos de cómo la Licenciatura en Estudios Socioterritoriales puede aportar áreas de intensidad social. El espacio, la dimensión y la acción son términos poco comunes, sobre todo si estaban en el lago o en la orilla, sin embargo se usan para referirse a los problemas de acentuada utilización. Basta mirar atentamente la ciudad en crecimiento para acercar la metodología de tratamiento.

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