Opinión

Día cuarenta y nueve

Bitácora de Viaje (de estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Al estirar mi mano y alcanzar mi lapicera busco con que anotar unos datos que requiero. Saco un bolígrafo y hago la anotación respectiva. Después, al tratar de pensar cual será el siguiente paso en la agenda, me pongo a contemplar el bolígrafo y hago un descubrimiento que me asombra. Puedo hacer un viaje de manera inmediata de tan sólo cinco centímetros en un tiempo de 15 segundos. ¿Cómo lo hice? Bueno, mi bolígrafo tiene en la mitad de él, en la parte superior, un efecto visual construido por un tubo plástico que contiene un líquido con una sustancia desconocida para mí, pero que permite desplazar la imagen de una camioneta Ford modelo 1956. Es de color verde con una caseta blanca. Al fondo se ven unos sembradíos, dan una imagen como de uvas, unos viñedos californianos seguramente. También se observa un bosque a la derecha en el fondo, y al frente unos arbustos verdesones y unos árboles pequeños con hojas blanquecinas. El efecto del recorrido hace la evocación al transporte del escritor norteamericano John Steinbeck. Uno puede mover la “pluma” hacia arriba y hacia abajo para que la camioneta haga su efímero recorrido, como homenaje a un recorrido de 16 mil kilómetros que hizo Steinbeck en un tiempo de tres meses.


, ese bolígrafo lo compré en el museo dedicado a John Steinbeck justo el día de su inauguración. El día 27 de Junio de 1998, un día soleado, con un sol enceguecedor cuando la luz del medio día pegaba de lleno en la tierra blanca de la pequeña ciudad de Salinas, en el estado de California de Estados Unidos.

John Steinbeck nació en 1902, escribió muchos libros que son imprescindibles de leer. Sobre todo para los latinos, y en especial para los mexicanos. “Las uvas de la ira”, “De ratoncitos y de hombres” son quizá sus obras más importantes, aunque “Zapata” es un libro interesante, y “La perla”, que hicieron una versión para la película que se filmara con Pedro Infante y ganara algunos premios internacionales con ella.

Steinbeck fue premio Nobel de Literatura, producto de su vasta producción. Y lo que me llamó la atención fue el singular viaje que realizó en su camioneta Ford a la que nombró “Rocinante” y le mando poner su nombre a un costado con letras de caligrafía española del Siglo XVI. Su camioneta Ford de color verde fue su transporte fiel. Y también estuvo acompañado con un perrito poodle, un enorme perro color café que se llevó a su épico recorrido, de nombre Charly.

Steinbeck tenía 58 años cuando decidió hacer ese viaje. Un viaje nada ortodoxo en el año de 1962. Luego, escribió un libro donde imprime sus anécdotas y sus reflexiones, sin nada de objetividad, aunque como lo advierte, se vuelve objetivo. Steinbeck dice que el viaje lo hizo para conocer otros lugares, pero sobre todo, para conocerse a sí mismo. Quizá por eso quiso encontrarse en las descripciones que le hicieron los camioneros, los campesinos, los granjeros, los mecánicos, la gente de las gasolineras y a todo aquel que se encontraba en su camino. Por cierto, dice, nadie le reconoció durante todo el trayecto.

Le debo la asistencia a la inauguración de este museo literario a mi amigo Juanjo Gutiérrez, un profesor jovial de la California State University, Monterey Bay de EU. Los antecedentes del interés por las cuestiones de los estudios socioterritoriales creo que aparecieron aquí, justo al recorrer esos extensos campos agrícolas donde cientos de trabajadores mexicanos, muchos de ellos migrantes ilegales ayudan a hacerlos productivos y generar parte de la riqueza de California, y que nos evocan los escritos de Steinbeck.

Los escritos académicos que nos señalan las profusas reflexiones teóricas o metodológicas erigidas con el método científico nos ilustran los fenómenos sociales, y refieren las dimensiones territoriales o espaciales donde los grupos humanos se desenvuelven, creando o recreando regiones. Pero la literatura, como ésta de Steinbeck, nos ayuda a encontrar mucho del sentido que también contienen las regiones, y que el socioterritorialista puede descubrir en cada área o extensión, para dar una interpretación más de la construcción social del espacio.

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