Opinión

Día cuarenta y ocho

Bitacora de Viaje (de estudios socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

La vertiginosa vida contemporánea nos deja poco tiempo para la reflexión. Mucho menos para la contemplación. Y la tecnología imprime una presión más a la trepidante vida, ya no importa si es urbana o rural, porque ya ha enquistado sus nodos de las redes que todo lo conectan. Todo, que hasta el Papa ni se escapa, ni los jefes de Estado quieren quedar fuera de la jugada. Una jugada de relación mundial que se le ha llamado “globalización”. Término ya natural en nuestro discurso, en nuestro pensamiento, que forma parte de nuestro uso común de las cosas y que no reparamos en su significado ni en su operación.

Por eso es importante definir qué territorio estamos pisando, creando o conformando. El territorio como elemento de nuestra vida debe ser estudiado con detenimiento, con profundidad para poder dimensionar los aspectos primordiales de nuestra vida social contemporánea. La definición socioterritorial de la acción social propone una serie de elementos que exigen sea revisada para saber sus posibilidades de modificar el paradigma del actual espacio social, o de las propiedades del territorio.

Estos planteamientos desde luego que no son nada nuevos, Aldo Ferrer, investigador argentino, propuso en su Historia de la Globalización que “la centralización de la soberanía sobre el territorio y la población bajo una misma autoridad política y religiosa era una cuestión todavía pendiente cuando, hacia 1500, comienza la formación del Primer Orden Económico Mundial. En el tejido social y político de Europa perduraban las instituciones del Medioevo y el reparto del poder entre la corona, los señores feudales y las ciudades y regiones que gozaban de fueros especiales.”

Podemos decir que en este Nuevo Orden Mundial del siglo XXI, haciendo la referencia a Wallerstein, no es del todo del presente siglo, sino que tiene residuos del siglo XX, que es cuando aparece este nuevo orden del futuro, pero que la soberanía se busca por la corona de las transnacionales y los señores del mercado.

El desarrollo del capitalismo virtual –virtual no porque sea figurado ni ficticio, sino todo lo contrario– es concreto, pragmático y fáctico, arma toda la estructura de dominación y de extracción unilateral hacia esa nueva corona y señores feudales. Lo hace por medio de las redes sociales y su instrumento que es la web y la necesidad de contacto personal y comercial de sus usuarios-consumidores.

Una tarea, entre muchas, tienen quienes se proponen hacer Estudios Socioterritoriales: el espacio virtual, como un elemento que transfigura lo físico, lo económico, lo social y lo cultural. La globalización ha desaparecido del área de asombro de la sociedad, y se ha perdido la sensibilidad para su análisis y su crítica. Un trabajo que puede hacerse sin moverse del lugar de origen, o que no importa a cualquier latitud a la que se transporte.

 

La globalización está desplazándose como un fenómeno de neo-globalización, a través de efectos de nuevas colonizaciones de los nuevos espacios y que transforman el territorio con efectos no esperados. La oficina móvil –un nuevo concepto del centro de trabajo– de un capitalismo virtual empieza a desplazarse. Tan fascinante como el fenómeno del esparcimiento y del tiempo libre, que son encapsulados para no dejar escapar las contribuciones económicas que los consumidores y los trabajadores deben hacer, sino se hace otra cosa, a esa nueva corona y a los señores del mercado.

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