Opinión

Día dieciséis

Por Manuel Basaldúa Hernández

La modernidad fragmenta los territorios, aunque en compensación provoca uniones de espacios antes impensadas. Así, la región se convierte en un actor dinámico, que cobra facetas interdisciplinarias, delimitando influencias de los grupos sociales. El Bajío es una muestra clara de este tipo de procesos de cambio. Esta región del Bajío algunos la llegaron a pensar con su nacimiento territorial en la parte oriente, con las tierras agrícolas de San Juan del Río, bajando suavemente hasta llegar a tierras guanajuatenses y llegar a su otro límite al noroccidente por las rojizas bolas de tezontle rojo de Los Altos de Jalisco.

El Bajío, como granero de México, era toda una estampa rural. El orgullo de la meseta central. Una fiesta de productos del campo, donde la gran variedad de verduras y legumbres enmarcaban los miles de toneladas de maíz y de frijol, que eran distribuidos en la capital y en las ciudades de la comarca. Las tierras agrícolas y el agua, se compartían con un espíritu colaborativo entre quienes conformaban el Bajío. Este punto de producción repartía riqueza y alimentos a un importante número de poblaciones mexicanas, que se sentían orgullosas de su trabajo, y de haber transformado esa región en un espacio productivo.

Al paso de los años, el crecimiento de las poblaciones empezó a provocar una presión sobre esta región, que rápidamente tuvo que ser replanteada como espacio productivo. La inercia desarrollista de los gobiernos de la segunda mitad del Siglo XX aplicó una presión artificial sobre el Bajío. Y por si no fuera poco, por las redes tendidas por sus migrantes, llamó la atención de inversionistas norteamericanos, que pronto vinieron a ocupar parte de las tierras agrícolas para sus sembradíos intensivos. El gran hombre del maíz fue desplazado por el Green Giant, y las primeras inversiones extranjeras empezaron a extraer una riqueza de la tierra con una intensidad que antes no se había visto. Esto ocasionó un desarrollo mayor, que no alcanzamos a saber si ha traído consecuencias saludables o prejuiciosas. La inversión extranjera creció después de la segunda mitad del siglo XX y se acentúo con transnacionales en la primera década del XXI. La región se intensificó, pero destruyó sus nexos, nodos y enlaces entre sus unidades productivas y culturales. Cada ciudad creció y se creyó autosuficiente, y quiso imponer un prototipo de desarrollo en cada zona, y se desvinculó una con otra. El Bajío se resquebrajó. Cada unidad productiva y su zona urbana tienen múltiples problemas, y no se alcanza a dimensionar la solución en conjunto. Dice Carlos Martínez Assad, en su libro Los sentimientos de la región, que “el problema regional puede ser planteado desde la óptica metodológica para avanzar en el conocimiento de casos más recientes. Para un estudio de sociología regional hay que considerar aquellos elementos que lleven a una conceptualización de la región. Punto de partida para acceder de lo particular a lo general, es decir, para poder trascender el fenómeno geográfico exclusivamente y entender las relaciones sociales.”(M. Assad, 2001).

¿Esto nos hará falta para entender lo que está sucediendo en esta parte central de México? ¿Con esto podremos dar explicación a algunos fenómenos que ocurren en nuestra región? ¿Es un buen reto para los socioterritorialistas, no creen?

@manuelbasaldua

 

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