Opinión

Día Noventa y nueve, am.

Bitácora de Viaje

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Antea obliga a adjetivar las plazas comerciales. Los propios desarrolladores han coincidido en señalar a este “sitio” como un “desarrollo inmobiliario”, o también como un “center lifestyle”; que aunque el anglicismo lo hace muy “shopping place”, esta megaplaza rebasa -hasta el momento- la concepción que tenemos en Querétaro sobre las plazas comerciales. El “sitio” está sorprendiendo a propios y extraños, Antea ha sido inaugurada con una amplia extensión de construcción y aún sigue su proceso de crecimiento. Esta plaza rebasa en mucho el tamaño de la Plaza Antara ubicada en la Ciudad de México, y la Andares, en la perla tapatía de la ciudad de Guadalajara.

El diseño y la concepción arquitectónica tienen la firma de los Sordo Madaleno: creadores de espacios fuertes y abiertos, compactos en términos de diseños de líneas y ángulos, acompañados por áreas verdes sobrias, cristales combinados con aluminios. Los senderos que el visitante se encuentra en este lugar están acompañados por fuentes discretas que dan la percepción acogedora; y para dar pausa y tranquilidad, hay salas abiertas con mobiliario de descanso, utilizado estivalmente para relajar las piernas tras los extensos recorridos. Los rincones y las amplias tiendas ofrecen, a su vez, “sitios” dentro de “sitios”, o “entresitios”, en los que uno es absorbido, al tiempo que uno se apropia de esos escenarios.

Uno de esos “sitios” que me ha cautivado es la parte alta de Liverpool, donde se encuentra la zona de alimentos. Ahí, en ese lugar, el visitante se convierte en comensal, en un catador de sabores y en un enólogo principiante o consumado, tan sólo con modificar pequeños ángulos. Ensaladas, pastas, paninis, postres, tapas, son la parte física de los alimentos que envuelven con sus aromas. En tanto que múltiples marcas de vinos, licores y cervezas, entre otras bebidas, se ofrecen para acompañar la comida que se puede consumir. El lugar cuenta con una fortaleza bien resguardada que contiene finos y delicados destilados, aunque también se pueden encontrar vinos tintos con precios accesibles y caldos excelentes. No es necesario comprar una botella para ingerirlos, también se puede tomar una copa de esos vinos. Un discreto dispensador llena la copa que uno elija para paladear los aromas, taninos y cosechas. La hora tampoco importa; en la noche, en la tarde, o incluso en la mañana se puede adquirir cualquiera de esos productos. El “sitio” arropa, abriga y acoge para que uno pueda sentirse con libertad y seguridad. No se trata de sentirse consumidor, sino ser un ciudadano que tiene la libertad y la posibilidad del acceso a productos globales.

Si me refería a que hay que adjetivar a la plaza comercial bajo el concepto de Antea, lo mismo se requerirá del visitante. O el potencial consumidor. Ha sido breve el lapso de tiempo en que la población se ha fijado -ahora- un nuevo espacio para la distracción: las plazas comerciales. Dada su extensión, se convirtió en el sucesor de la plaza del pueblo, donde la gente se iba a divertirse y exhibirse. El anonimato es frágil y fugaz en estos espacios. Pero con plazas con la característica de Antea, el individuo recobra nuevamente el anonimato y puede refugiarse o recrearse de acuerdo con sus propósitos de visita. Esta concepción no es nueva dentro de la literatura de las ciencias sociales; Rafael Hernández Espinoza elaboró una tesis doctoral abordando los centros comerciales de la ciudad de México para hablar del anonimato y de la exposición como una nueva forma de interactuar. En las disciplinas de las ciencias sociales, en particular la Antropología, muestra la vigencia de esta rama científica para mostrar su consolidación y vigencia. Pero en lo que compete a los estudios socioterritoriales, esta incorporación de las diversas escuelas de pensamiento y formas de estudiar a las sociedades modernas dentro de su espacio urbano, se está encontrando una veta de estudio muy rica y amplia para explorar sus alcances y potencialidades metodológicas. Desde luego que la creación teórica y los sesudos esfuerzos por conceptualizar el espacio urbano y de las ciudades brindan escenarios interesantes a quienes se dedican a los estudios socioterritoriales.

Los integrantes de la Licenciatura de Estudios Socioterritoriales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ han tenido la oportunidad de empezar a documentar la aparición, inicio y desarrollo del crecimiento de la plaza Antea. El seguimiento cronológico de esta plaza y la documentación de las etapas que está ofreciendo este “sitio” permitirán establecer retos disciplinarios a los científicos sociales sobre el comportamiento, formas de consumo, experiencias de convivencias y otras prácticas sociales que aparecen en estos ambientes y sitios.

Hernández Espinoza dice que “los espacios urbanos han constituido tradicionalmente los escenarios en los que la sociabilidad urbana se desarrolla cotidianamente. Sin embargo, en la actualidad, estos se encuentran inmersos en el fenómeno de la fragmentación social”, (2013; tesis doctoral). En este sentido, una de las críticas que puede saltar a la vista es que Antea represente la esencia de esta fragmentación social. Pero este es el reto que dichos espacios que han sido creados en esta sociedad contemporánea. En Querétaro, podemos ubicar a este lugar como un buen laboratorio de investigación y estudio, sobre todo contrastando esas mismas pautas de comportamiento en las otras plazas queretanas. Recorrer los pasillos de Antea, por lo pronto, nos convierte en “Shoppingnauta”. ¿O cómo construiremos la definición del visitante?

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