Opinión

Día Noventa y nueve. Meridiano.

Bitácora de Viaje

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Las plazas públicas, durante muchas décadas, fueron el centro de socialización de las sociedades locales. De la misma forma, fungían el papel de centro neurálgico para las clases y los grupos sociales, así como punto de referencia para las poblaciones de México. El crecimiento de las ciudades transformó varios puntos de encuentro de las personas y los espacios para la convivencia también lo hicieron. Varios factores influyeron en estas transformaciones; primero, el intenso crecimiento industrial y el desarrollo económico de las regiones; segundo, la presencia de la globalización en diversas regiones de las zonas económicas del orbe. El resultado concomitante de la combinación de estos dos factores provocó poner a la mano de amplios sectores de la población diversos productos que, a su vez, provocaban más consumo y adquisición de mercancías, poniendo en marcha una dinámica imparable de consumo.

Rafael Hernández Espinoza, con su tesis doctoral en Antropología Social en el CISAS, titulada «Entre el anonimato y la exposición: interacción, desigualdad y orden social en los centros comerciales de la Ciudad de México» (2012), expone de manera puntual lo que acontece con este nuevo fenómeno, que aunque ya tienen varias décadas los centros comerciales, es hasta esta segunda década del siglo XXI cuando se ha cristalizado la conceptualización sobre el fenómeno de los mismos, los cuales son objeto y sujeto de estudio dentro de las ciencias sociales. Hernández Espinoza, en los términos de los nuevos patrones de consumo, refiere que: “Si bien es cierto que el consumismo ha ampliado su influencia y que el mercado ha abierto posibilidades y ofertas de consumo para casi todos los sectores sociales en gran parte del mundo, no es menos cierto que dicha oferta se ha extendido como un amplio abanico, cada vez más amplio, moldeado por la estratificación social” (Hernández, 2012: p.34). Este antropólogo reflexiona en esas mismas líneas sobre otros dos autores que abordan estas cuestiones peliagudas dentro del capitalismo moderno. Agrega que: “el mercado omnipresente se ve obligado a responder a las demandas de diferenciación de estatus social de ciertos sectores, a una especie de ‘revuelta de las elites’ que genera un consumo ostentoso (Alonso, 2004). Así, el honor social, es decir, la dimensión estamental de la que hablaba Weber, es un aspecto que sigue jugando un papel importante en las nuevas sociedades urbanas. El consumo contemporáneo agudiza las prácticas de diferenciación social mediante las que se reclaman y reproducen las desigualdades sociales” (Idem).

El antropólogo Hernández Espinoza nos permite acercarnos a un marco teórico sobre las nuevas formas de estratificación que van apareciendo en la ciudad, o mejor dicho, en el conjunto de las ciudades en que ahora se han convertido las megalópolis. Las plazas públicas, rodeadas de comercios clásicos y servicios elementales, ahora le han cedido lugar a las plazas públicas de las ciudades, destinadas a intensos flujos de turistas, dando paso a la gentrificación de esos espacios urbanos y generando una nueva tipología de usuarios de los espacios citadinos. En este sentido, señala nuestro autor: “Los espacios públicos han constituido, tradicionalmente, los escenarios en que la sociabilidad urbana se desarrolla cotidianamente. Sin embargo, en la actualidad, éstos se encuentran inmersos en el fenómeno de fragmentación social, vía la división social del espacio”.

En Querétaro, muchas veces llamado “quebrétaro” por algunos comerciantes afectados por la competencia, las crisis coyunturales, la sobreinversión y saturación del terreno comercial, no han sido conscientes de los efectos de esa fragmentación social. Las plazas públicas del centro de la ciudad, han sido tomadas por turistas, nuevos ciudadanos asentados, relegando o desplazando a los oriundos de este lugar. Más bien, deberíamos decir, se han modificado las rutas de uso y de movilidad de los habitantes tradicionales de los lugares clásicos. Dentro de este marco de reflexión, Hernández refiere que: «Los espacios del comercio urbano han estado permanentemente asociados con la vida pública de las ciudades, y la de México no ha sido ajena a este fenómeno. El espacio comercial asociado al espacio público participa de una transformación socioespacial de la ciudad inmersa en el fenómeno de la segregación: el comercio popular en mercados tradicionales y en vías públicas, por un lado, y un comercio más refinado establecido en espacios pulcros y fortificados, por el otro. Específicamente, en años recientes se hicieron presentes un tipo de espacios de comercio, los centros comerciales, que mantienen una relación particular de tensión con la idea de espacio público. Esta transformación trae consigo cambios importantes en las formas de concebir el espacio comercial, así como de las formas de relacionarse unos con los ‘otros0, y con la misma ciudad” (Ibidem).

La aparentemente frágil placita que durante años se ha mantenido, conocida como “Mercado de Madero”, en el Centro Histórico de Querétaro, es apenas un puñado de comerciantes semiambulantes que aparecen solamente en la mañana y hasta mediodía, ofrecen frutas y verduras, así como alimentos tradicionales a consumidores locales. Pero esta tipología de centro de comercio alcanza en su forma a la propia plaza comercial “Las Américas”, que, otrora la plaza comercial más distinguida, se ha convertido en un lugar de consumo popular. En contraste con la plaza “Boulevares” o “Antea”, las demás plazas comerciales son la parte satelital de la fragmentación social que se han convertido en un sistema de comercio. Estas plazas comerciales ofrecen a los estudiosos de las ciencias sociales nuevas oportunidades para el análisis de los “habitus”, como los refiere Bourdieu, pero como formas culturales de intercambio, de socialización y de prácticas no económicas, como refiere Malinowski. Los investigadores o profesionales de los estudios socioterritoriales tienen en esta esfera de prácticas sociales vetas importantes para establecer nuevas formas de acercamiento a los grupos sociales y su manejo del espacio. La relación empírica que se puede crear en esta amplia estructura comercial y espacial brinda tanto oportunidad, como retos que pueden dar nacimiento a un corpus teórico novedoso.

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