Opinión

Día noventa y seis

Bitácora de Viaje

(De estudios socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Existe una metáfora que nos refiere sobre la costumbre y la sorpresa. Se dice que si uno mete una rana en un balde con agua caliente, la rana saltará por el cambio brusco de la temperatura y porque sentirá que se hace daño. Pero si se mete a la rana a un balde de agua y se empieza a calentarla poco a poco, la rana se ira acostumbrando al cambio de temperatura hasta quedarse quieta, sin tratar de salir del balde, hasta su muerte.

La experiencia sobre la megametropolización en Querétaro a la que estamos siendo expuestos de manera imperceptible, pero constante e intensiva, está provocando que nos acostumbremos a la vida trepidante de la experiencia urbana. Los queretanos de abolengo recordarán que las principales avenidas no eran transitadas por tantos autos. En Avenida Zaragoza uno podía caminar tranquilamente, encontrándose ocasionalmente con uno o dos autos, en la época de 1960. Los límites de la ciudad llegaban: al poniente, hasta lo que ahora conocemos como Avenida Tecnológico, que era lo que llamaban un camino real. Al norte, limitaba con el Río Querétaro, donde se llegaba a la otra banda. Al oriente se llegaba hasta la calle Sangremal, por el lado de La Cruz. En tanto que para el sur, el límite era la calle de Arteaga, quizá los más intrépidos refieran el Carrizal.

La ciudad se fue expandiendo poco a poco, y nos fuimos acostumbrando -en esta primera etapa- a la aparición de un grupo mayor de queretanos. De aquella fecha para acá, durante el transcurso del día, ya sea muy tempranito o muy noche, casi de madrugada, escuchamos el ruido producido por las turbinas de los aviones de media y gran envergadura que atraviesan nuestro apacible cielo. Estos aviones no son muchos, pero poco a poco van llenando el espacio queretano. Ya nadie sale a ver el avión, pero tampoco nos asombramos del tráfico de autos que hacen más tardada la llegada a nuestro destino. Es decir, estamos experimentando el nacimiento de la metrópolis y los cambios se están generando de manera imperceptible.

Cuando llega de visita un familiar o una persona que hace mucho no venía a Querétaro, se queda sorprendido por el crecimiento urbano que tenemos. Y será más perceptivo de los problemas que acarrea un fenómeno de crecimiento. Y no sólo eso, también advierte la articulación del crecimiento con los municipios vecinos, de tal forma que ya hay una conurbación que da lugar a una metropolización. Estas formas de crecimiento nos han traído muchos cambios, que benefician el desarrollo de la sociedad, pero a la vez nos han presentado muchos problemas. La existencia de una profesión que se dedique al estudio sistemático de estos problemas urbanos, y que se base en una teoría especializada sobre las ciudades, además de contar con una metodología y una serie de técnicas para el análisis de estos problemas de espacio, permite que se piense en la existencia de aspectos socioterritoriales.

Esta licenciatura permitió la creación y apertura de un Seminario Permanente de Estudios Socioterritoriales, conocido como SEPEST, y que desde hace unos cuatro años ha empezado a funcionar. De aquí también surgió un Cuerpo Académico con el mismo título, y abocado a esos problemas teóricos y prácticos.

Con estos espacios académicos e intelectuales se ha dado lugar a una serie de conferencias con destacados investigadores y autores respecto a estos acuciantes temas sobre la urbanización, la ciudad y el territorio.

Es en este espacio donde ahora se ha dado la oportunidad de conocer al Dr. Armando Silva, un destacado autor sobre cuestiones urbanas, en especial con el tema de los imaginarios. Hace poco tiempo, María Constanza Mujica realizó una entrevista al Dr. Silva; de ésta les comparto un extracto, para conocer el perfil de Silva y los temas de los que se trata en esta novel licenciatura de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ.

Al preguntarle Constanza sobre la posibilidad de la identidad urbana, responde Silva: «Hoy, el concepto de identidad lo entendemos más como un proceso que como un estado. O sea, vamos siendo; no somos algo definitivo y estático. El espejo, como lógica refleja y mecanicista, ya no devuelve nuestra figura única y nítida. La identidad pasa a entenderse como construcción desde el otro y entonces lo poroso y difuso entra en escena. Frente al espejo uno es otro, una imagen de uno mismo, pero sin cuerpo real de carne y hueso, y así el espejo gana otra metáfora: lugar donde no me veo si no representado. Las identidades urbanas pasan por el mismo proceso desmaterializador, desterritorializador, y los ciudadanos se identifican no sólo con sus vecinos de lugar (de tierra), sino con quienes están conectados (más en el aire). Así, nacen las telepresencias, que forman redes de identidad grupal. Hoy, por primera vez en la historia de las organizaciones urbanas, no se identifica la ciudad con lo urbano, como lo expliqué en el libro Urban imaginaries (Silva, 2003). Se puede ser urbano sin vivir en un casco citadino. El mundo se urbaniza sin pasar por los cascos físicos debido a los efectos de los medios, de las tecnologías, en fin… El concepto de “red simbólica en expansión permanente” adquiere pleno acople cuando hablamos de ciudadanos conectados en red, pero no sólo al computador, también en las redes de comunicación y en redes sociales».

Bueno, el espacio se me termina, pero en la siguiente entrega les hare la crónica de la conferencia y de la referencia de otros conceptos sobre ciudadanía que realice el Dr. Silva. De estos temas son los que trata nuestra Licenciatura en Estudios Socioterritoriales.

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