Opinión

Día noventa y uno

Bitácora de Viaje

(de Estudios Socioterritoriales)

Por; Manuel Basaldúa Hernández

Twitter @manuelbasaldua

El Movimiento Chicano tiene décadas de haberse creado. Quizá desde los orígenes de la migración de los mexicanos a inicios del siglo XX, cuando se establecieron en California, precisamente en la región de Los Ángeles. Los chicanos son entes desterritorializados, o quizá viéndolo en perspectiva, no son eso, sino -más bien- supraterritorializados. El difícil dilema de anhelar lo mexicano teniendo el corazón puesto en el “gabacho” es lo que tiene por dentro cada uno de estos mexico-estadounidenses. Ellos tienen el conflicto de que ni son de aquí, ni son de allá. La vergüenza de los chicanos de reconocerse gabachos se ha ido convirtiendo en orgullo y en una sangre particular. Quizá han dejado de añorar regresar a Aztlán, y ven que la refundación de lo mexicano puede estar en otra parte.

La vida del chicano ha sido tan dura como la propia formación de su historia. Con el sudor de su trabajo se ha ido forjando su trayectoria. La vida dura y despiadada en los campos agrícolas representaba, para muchos de ellos, andar en la ilegalidad, casi trabajar como esclavos para ganarse el sustento. Luego, el rechazo de los “güeros”, jóvenes de su misma edad que los relegaban por ser de una raza cósmica que los invadía, que les ofrecía la alternativa de tener entre sus venas algo sagrado. Y luego, a defender de los jóvenes norteamericanos a las morritas.

El trabajo agrícola no sólo era pasar largas jornadas recogiendo frutas o legumbres, era enfrentarse a condiciones duras, sentir mermado el cuerpo por la inhalación de sustancias peligrosas, estar inundados hasta medio cuerpo en los arroyos que transportaban también fertilizantes y pesticidas para proteger los cultivos. Morir poco a poco de un cáncer que no era reconocido profesionalmente como enfermedad; de las largas jornadas, inclementes, pagadas miserablemente en algunos dólares, aunque para muchos eso significaba el cielo en comparación con los salarios en el campo mexicano.

Con Tin Tan conocimos al “pachuco”, y ese fue el modelo que algunos chicanos adoptaron, quizá para tratar de imitar lo urbano mexicano. Pero fue en su concreción en la obra teatral, que a la postre fue película con Zoot Suit, interpretada por James Olmos magistralmente, presentando a “Henry Reyna”. El chicano poco a poco fue convirtiéndose en un icono. Un referente importante de algo que se estaba gestando entre dos culturas. El chicano era la sangre y el dolor, el sufrimiento que era utilizado para dar vida al gozo, al descontento por lo que sucedía en esa nueva capa social.

César Chávez, el mito. César Chávez, el hombre. César Chávez, el líder campesino que se atrevió a surgir entre los grupos de trabajadores agrícolas. Y un férreo defensor de los derechos civiles y laborales. Con la también mítica Dolores Huerta, fundó la National Farm Workers Association. Nació en Arizona en 1927, en Yuma, y en ese mismo estado, pero en San Luis, murió en 1993.

Ya les he comentado mi estancia en California. Un intercambio académico me permitió estar por varios meses en Santa Bárbara, un lindo pueblo estudiantil a la orilla del mar, a unos cuantos kilómetros de San Francisco. En 1991, César Chávez dio un discurso en el teatro de la Universidad de California, Campus Santa Bárbara. Emotivo como ninguno, el speech de Chávez llamó la atención de muchos estudiantes. El teatro se atestó y las reflexiones sobre la defensa de los derechos civiles y el movimiento chicano fueron tema de conversación durante mucho tiempo. A mí me tocó verlo desde lejos, su guardia de seguridad era amplia y los grupos de trabajadores que acudieron a escucharlo atiborraron las primeras filas.

El movimiento chicano no ha desaparecido del mapa, ni de las agendas geopolíticas. Sigue vivo, pero ahora con otras estrategias. Gracias al Dr. Manuel Carlos, decano de la Universidad de California, tuve la oportunidad de estar en las casas de algunos chicanos. En una ocasión llegamos al poblado de Salinas y estuvimos en una pequeña recepción. Escuchamos a un grupo que amenizó la tarde con música chicana y varias anécdotas. Como todo buen antropólogo, impertinente y curioso, estuve mirando los retratos y souvenirs de nuestros huéspedes. Ahí me di cuenta de que estábamos en casa de uno de los familiares de Los Lobos, aquella mítica banda de rockeros migrantes que llevaron «La Bamba» a Estados Unidos, o al menos contribuyeron con su polémica de la autoría.

Ahora, traigo a cuenta todo esto porque Diego Luna ha producido una película sobre César Chávez. Y no la he visto aún, pero por los comentarios de Obama -con todo y su error de ver la película en un CD- merece la atención; ya de por sí, la sola referencia a Chávez es importante. Pues bien, Luna me ha llamado la atención sobre este movimiento. Es, además, un buen elemento para poder revisar lo que ha sucedido durante el siglo XXI con el movimiento chicano. Sobre todo ahora que la reforma migratoria en EU sigue con varios claroscuros. ¿Cómo se conforman los territorios por la cuestión cultural? ¿Es por el trabajo de la acción colectiva y sus simbolizaciones, o por la demarcación política de acuerdo con tratados internacionales? ¿Qué significa el territorio chicano para alguien que está en tierras mexicanas, que ahora ya no son de México, pero que tienen todo el ambiente mexicano?

Los estudios socioterritoriales no se limitan a la cuestión de regiones o de temas sobre lo urbano y metropolitano. También tienen qué ver con estas configuraciones culturales, en donde aparece la operación simbólica de grupos sociales específicos y donde la trayectoria histórica guarda un peso importante en la delimitación de las fronteras. Los estudios chicanos ya tienen su larga trayectoria, y el año pasado cobraron relevancia porque Eva Longoria se graduó en la Maestría en Estudios Chicanos y Ciencias Políticas. Debería de hablar de algunos de mis compañeros mexico-estadounidenses con sangre chicana, pero eso lo dejare para otra ocasión. Espero que despierte, por ahora, algo de interés para estas nuevas y jóvenes generaciones el personaje de César Chávez.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba