Opinión

Día nueve

Por Manuel Basaldúa Hernández

Denise Brown es una antropóloga canadiense. Obtuvo su Doctorado en la Universidad de California en 1993. Vivió 14 años en México investigando y enseñando antropología social, cultural y ecología en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México. Después de ese periodo regresó a su natal Calgary y desde entonces pertenece a la Facultad de Comunicación y Cultura donde es coordinadora del Programa de Estudios Latinoamericanos. Y tiene focalizado el interés por la investigación en el análisis socio-espacial, escenarios culturales y los espacios étnicos, entre otros.

Denise fue mi profesora en la Universidad Iberoamericana en Santa Fe de la ciudad de México. Ella me enseñó etnografía del espacio. Y ahí aprendí el uso social y cultural del espacio y la conformación de los territorios. La distancia, a partir de entonces, como los lugares, fue objeto de curiosidad científica para mí.

Apliqué mis conocimientos teóricos en las constantes travesías metropolitanas cuando acudía a la universidad. El transporte colectivo conocido como “el metro”, era mi laboratorio, además de mi ayuda para trasladarme dentro del entramado urbano de esa mega metrópoli. Viajar en el metro se convierte en un martirio cotidiano, hay que moverse junto con tres millones de habitantes. Pero hay que luchar por un resquicio dentro de los vagones, y resistirse a que te bajen o a que te suban involuntariamente en estaciones que no te corresponden. Por eso hay que saberse ubicar en los pasillos para elegir el vagón del tren que permita acceso. Saber modular la velocidad por los túneles y escaleras y llegar a tiempo para no esperar o que no se te vaya el siguiente tren. Recorrerse dentro de los pasillos para optimizar las distancias y recortar el tiempo de espera y traslado dentro de los túneles. Los micro-viajes en el transporte público o privado, dentro de la ciudad, deben administrarse para que la vida no se consuma en estos traslados. Con las bases de la etnografía del espacio pude lograr la optimización de mi tiempo y de las distancias dentro de un territorio que se vive intensamente y que se experimenta estresante. Con la enseñanza de los conceptos y teorías de la doctora Denise Brown pude interpretar y mirar el espacio urbano. Eso fue lo que me permitió apreciar la vida cultural del tránsito humano en la ciudad. De llegar a constituir una sociología del transeúnte, del viajero efímero y constante. De palpar y disfrutar del arte urbano.

Así, dimensioné el trabajo de unos artistas que realizaron una obra de teatro, incluyendo su presentación, su prólogo, el desarrollo y conclusión de una comedia romántica, mientras el tren se trasladaba de una estación a otra. Colgaron su telón entre los pasamanos, y las marionetas eran movidas cobijadas con la magia del arte. Lo más increíble es que llamaban la atención del público y además de su cooperación voluntaria les expresaba un gran aplauso, convertían cada vagón en un foro. Y otra de las experiencias emotivas fue disfrutar de un micro-concierto de un cuarteto de ciegos que interpretó de manera sublime La lambada. Con órgano de pipeta, percusiones y voces, los cantos mas sentidos hicieron su interpretación y su colecta. La etnografía del espacio no sólo me recuerda a la profesora Brown, sino a sus enseñanzas y reflexiones sobre el espacio social. Entre artistas y vendedores, profetas y limosneros, el metro es la torre de babel de la cultura y del mercado popular, con sus pasajeros cautivos del traslado cotidiano.

manuel.basaldua.h@gmail.com

twiter@manuelbasaldua

 

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