Opinión

Día ocho

Por Manuel Basaldúa Hernández

Los polacos Bohdan Jalowiecki, y Grzegorz Gorzelak definieron a la región como efecto de la construcción social del espacio y al desarrollo regional como proceso de desarrollo de un conjunto de regiones que pueden formar un espacio mayor subnacional, y todavía más, de una extensión nacional y supranacional. Diferenciando el proceso de desarrollo de una región singular como región en desarrollo.

Estas reflexiones nos llevan a discutir cómo opera en términos reales y empíricos el desarrollo local. En la vida cotidiana desaparecen las preocupaciones teóricas y entonces todo parece tener una función y una articulación natural. Pero a los ojos de los que usan constantemente el espacio y a los agudos teóricos, las cosas deben tener una explicación mayor.

El Bajío es una región en extinción. Como tal ya no existe. El desarrollo ha borrado los límites de ese territorio, y ha dado lugar a otros que esperamos a rebautizarlos hasta que encontremos los elementos que nos permitan ver esa construcción social. Celaya y Querétaro eran dos ciudades pequeñas que servían como la puerta principal de esta región conocida como Bajío. En los años de 1970 del pasado siglo XX, mi papá, Manuel Basaldúa Zárate, nos llevaba a recorrer esas tierras agrícolas de Querétaro y Guanajuato, yo tenía 10 años. El pretexto era ir de viaje hasta Celaya. Nos íbamos en el tren de pasajeros, que puntualmente pasaba por la estación del ferrocarril a las 10 en la mañana, la que está a un costado del Barrio del Tepetate. Se detenía solamente unos minutos en lo que bajaban algunos pasajeros y se alcanzaban a encaramar otros. Así que yo corría para asegurarme mi lugar y el de mis hermanos y mis padres, yo elegía como siempre la ventanilla. El largo recorrido hasta aquella ciudad guanajuatense permitía contemplar los grandes sembradíos de aquello que se llamaba “el granero de México”. Mi familia y yo íbamos casi cada ocho días de compras a aquella ciudad, que era un mercado barato y alegre, en la que nos tardábamos entre hora y medio o dos para llegar a la otra estacioncita, muy a las orillas de la ciudad de Celaya. Veíamos que también los celayenses tenían un flujo de tránsito muy intenso con Querétaro. El tren era un amigo fiel para el traslado, barato y efectivo.

El tren dejó de funcionar como alternativa de pasajeros. Ambas ciudades se desarrollaron en el transcurso del tiempo y el crecimiento económico encontró nuevas formas de expresión y comunicación. Ahora en este siglo XXI las carreteras son tan modernas como eficientes y en cuestión de unos 20 ó 25 minutos uno ya está de Querétaro a Celaya. El comercio se transformó y cada entidad tiene ya sus fuentes de abasto. Da tranquilidad saber que el desarrollo sigue su proceso en México. Pero las formas de convivencia y de traslado entre estas ciudades se han despojado de su calidez. Entonces es necesario plantearse la pregunta, ¿sigue existiendo el Bajío o no? Hay que ver como puede ser el proceso de extinción de una región y la aparición de otras. El territorio es dinámico por el alcance de las prácticas de sus habitantes. Las otras regiones existen solamente en los recuerdos, y en la memoria colectiva y en la histórica.

 

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