Opinión

Día sesenta y cinco

Bitácora de Viaje (de estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa

El Territorio del Banff  es la Barbie del paisaje natural canadiense.  Las formas de las montañas  son perfectas, impecables. Incluso la nieve que cubre la superficie es homogénea en su grosor.  Los cielos, por lo general azules, limpios, sin nubes, pero que permiten buena visibilidad al espectador, le dan más nitidez al entorno. Ni se diga de los bosques que le rodean, son grandes pinos de diversas tonalidades verdes, pero en una combinación cromática, casi todos de la misma altura, no hay grandes contrastes de tamaño, se ve armónico el follaje. Por si no fuera suficiente toda esa belleza, esta se duplica, se hace doble para mayor deleite.  Los lagos que rodean estas montañas son tranquilos, por lo congelado de su condición no tienen movimiento, aunque algunas corrientes se desplazan por abajo.  Entonces tenemos una belleza impresionante. Así es Canadá.

 

Los pueblos canadienses, son iguales de bellos, no me refiero a las ciudades o las villas, sino a los grupos sociales que habitan ese amplio territorio del norte. Las grandes migraciones han sabido co-habitar con los nativos.  Pero si se distinguen por ejemplo, las personas altas, no rubias, pero si blancas, incluso las mujeres son de facciones finas y refinadas y su piel es blanquecina, como si tuvieran una lámpara dentro de su cuerpo, y sus ojos azules o color miel encendidos.  Esas poblaciones llegaron a las zonas limítrofes para colonizar esas tierras, esos bosques. Fueron traídos aquí para ayudar a pelear contra la fauna. Los rusos, experimentados cazadores de osos, mostraron sus habilidades y destrezas para tales fines con los osos canadienses. Después, creció el grupo inmigrante, los osos escasearon, y los cazadores se hicieron canadienses.

Al regresar del Territorio del Banff, nos establecimos en la ciudad de Vancouver. Mis compañeros y yo nos fuimos a comer a un restaurant cercano al Puente Capilano.  El hipnotizante olor  del salmón a las brasas nos indicó el camino.

Nos fuimos a refrescar, nos acomodamos en la confortable mesa junto a una ventana que daba a una estupenda vista de los bosques. Ahí fuimos atendidos por el personal del restaurante. Y quien nos atendió fue un hombrecito de baja estatura, robusto, de manos gruesas y sus ojos rasgados. De pelo oscuro y su piel casi quemada por el sol.

Después de dar cuenta del platillo del salmón, con un buen vino tinto cabernet, nos dedicamos al postre. Mientras esto hacíamos, uno de mis amigos aprovecho para leer su correspondencia.  En la parte de la puerta había quedado nuestro mesero. Atento a cualquier pedido. Uno de mis amigos saco su correspondencia y empezó a leer una carta enviada por su hijo.  El mesero, quizá un pescador de Alaska, o del territorio del Yukón, migrante hacia Canadá, incluso podía ser un pescador esquimal, estaba a la espalda de mi amigo. Nos habíamos percatado de su casi impertinente curiosidad. Pero no hicimos mucho caso porque no pensamos que leyera español.

Al pedido de unas tazas de café, se ausentó unos momentos mientras iba a la cocina por nuestro encargo. Hicimos el comentario de la mirada hacia la carta de nuestro amigo. Y no resistimos preguntarle cuál era su lugar de origen. Y su respuesta, en español, nos refirió que de San Andrés Huaxpaltepec. Oaxaca.

Nos echamos a reír, y le comentamos que pensábamos que era esquimal. Él se rio junto con nosotros. Nos comentó que no quería importunarnos, y que le daba gusto leer algunas cosas en español, y la carta de nuestro amigo le pareció interesante. No porque le importara lo que decía, sino solo algunas palabras que alcanzaba a leer. Disfrutar de leer algo en español.

Ya tenía cerca de diez y seis años en Vancouver, y no había podido regresar a su tierra. Así que cualquier cosa en español, y mucho más si era mexicana le llamaba la atención.

En ocasiones, perdemos de vista que las migraciones irrumpen culturas. Pero que también trasladan a los migrantes a tierras ignotas, y transforman los espacios. La geografía nos ha ayudado a entender el complicado entramado de la conformación de los pueblos, y a veces nos damos cuenta que no miramos a nuestro alrededor para descubrir cómo es que hemos habitado el planeta. La manera en que hemos transformado el escenario demográfico. La importancia de la ecología humana o la geografía humana es grande, y estas disciplinas tienen mucho que enseñarnos.

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